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«así de frágil la amistad»

Solíamos alargar las sobremesas.
Teníamos todo el mundo por hablar.

Me cogías y dejabas en tu coche
o íbamos
a cogerte y dejarte
al pie
de la breve escalerilla de tu casa.
Hoy hemos tenido que dejarte
en un nicho oscuro y sin fin
del camposanto.
Así de triste y cruel es esta vida,
así de frágil la amistad,
ese cálido dios en quien creímos.

Al fin nos queda Dios
-ese Dios en quien todos queríamos creer-,
a quien volvíamos,
dando vueltas y vueltas,
al final de todas nuestras charlas.
Y a nosotros,
los mortales aún,
aún nos queda
esta tarde madura y ofrecida
del último octubre,
rayada por la lluvia, las lágrimas y el luto.

Una sociedad enferma (VII)

La Sanidad pública ha sido un legítimo orgullo nacional, gigantesco sistema público al servicio de todos los españoles y residentes en España. La Seguridad Social es otra de las grandes e irrenunciables conquistas, que reconoce el derecho del hombre a una vida digna en la vejez y en las diversas situaciones de desamparo, enfermedad y desempleo. La ley de Dependencia, ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia, tiene muchos menos años y fue promulgada en 2006, durante el Gobierno del denostado José Luis Rodríguez Zapatero, ley que hicieron necesaria y a la vez posible el envejecimieno demográfico, el aumento de la vejez débil, la reducción del tamaño de las familias, antes cuidadoras de por vida, y la incorporación de la mujer a la actividad laboral. Pero en estos tres sectores la realidad de nuestro tiempo está siendo mucho más dura de lo que proclaman los principios teóricos y de lo que desean todos los ciudadanos cabales de nuestra nación. Por ejemplo, el gasto sanitario, debido a las causas de todos conocidas, pasó de 38.563 millones en 2002 a los 70.274 en 2009. El gasto farmacéutico sigue siendo uno de los más elevados de la Unión Europea, por encima de los países escandinavos. Las pensiones por jubilación y viudedad no dejan de aumentar, llegando casi al millón, igual que las más discutidas de incapacitación permanente. Mayor todavía, como es de suponer, es el número de los beneficiarios del seguro de desempleo, rondando los tres millones entre el nivel contributivo y el nivel asistencial. Y, aunque los discapacitados son muchos más, los dependientes se acercan al millón y medio, de los que sólo algo más de la mitad reciben ayuda. La crisis golpea a este sector tan sensible mucho más que a cualquier otro: expulsión del sistema a los inmigrantes sin papeles, aunque las Comunidades Autónomas la han dejado en muchos casos sin efecto; copagos de medicinas y ciertas prestaciones, explicables y saludables en ciertos casos, pero en otros no; reducción de  personal sanitario y de servicios; paralización de ciertas obras hospitalarias; reducción de estancias de enfermos;  «despidos» de médicos veteranos, sustituidos por más jóvenes y peor pagados…, como acabo de ver en la siempre elogioda Sanidad de Navarra. El desbordante número de parados y de pensionistas, tarde o temprano va a exigir cambios drásticos en su administración, y los Presupuestos del Estado corren el riesgo de ser pronto papel mojado. En el ámbito de la ley de Dependencia, que ya nació con un déficit financiero y demasiada propaganda política, el recorte ha sido, en palabras de G. Anleo, despiadado: se ha suprimido la partida del 15% que el Estado iba a repartir entre las Comunidades Autónomas y se ha paralizado la aplicación de las ayudas a los dependientes de grado III, dependencia moderada, de ayuda una vez al día. Es el sector más desprotegido, por ser el más nuevo y con menos tradición. Mientras tanto, en el sector de la Administración y de los  altos cargos, ¡se pavonean de haber reducido, cuando lo han hecho, en un cinco o diez por ciento los grandes honorarios y los grandes sueldos!
 

La carta del ex-arzobispo de Foggia

Monseñor G. Casale, arzobispo emérito de Foggia, envió hace unas semanas una carta abierta a la actual XIII Asamblea general odinaria del Sínodo  de Obispos, reunida en el Vaticano, en la que cree poco: por su falta de representatividad, por su carácter consultivo, por su enorme duración, por su muy deficiente trasparencia, por su lejanía de la  gente… Y Monseñor Casale le pide  a esa Asamblea nada menos que: a) una colegialidad efectiva en la Iglesia, por encima de la omnipotente Curia Romana; b) la búsqueda de la verdad real, histórica, no sólo abstracta-metafísica; c) la alegría de  la pobreza evangélica, renunciando al lujo exteror y a los títulos honoríficos, comenzando por los cardenales: no le gusta una Iglesia vestida de Armani; d) una nueva reordenación de las parroquias y de la vida parroquial; e) la reapertura del diálogo con las diversas comunidades de base, no sólo con los cismáticos lefevrianos; f) la ordenación sacerdotal de los viri probati, que no van a acabar precisamente con el libre celibato eclesiàstico de quienes lo prefieran… Mons. Casale recuerda con mucho afecto y gratitud al recientemente fallecido arzobispo de Milán, G. Martini, sabio biblista, pastor ejemplar, que criticó honradamente, con muy ponderadas razones y sugerencias, a la Iglesia actual y sufrió tanto por ella. Y el arzobispo emérito italiano añade: Nosotros, los obispos, frecuentemente denunciamos los asaltos que proceden de fuera de la Iglesia, del laicismo y de la secularización. Sin embargo, los asaltos peligrosos proceden del interior de nuestra Iglesia, que sigue perdiendo la luminosidad y la autenticidad del mensaje evangélico.

Frente al independentismo: serenamente España

Tiene razón que le sobra la vizcaína Edurne Uriarte, cuando  propone como única alternativa al independentismo el patriotismo alegre, positivo, constructivo  y esperanzador. Como el de esos cuatro jugadores españoles -un andaluz, un valencian, un catalán y un asturiano- del club inglés Swansea, unidos los cuatro, alegres y combativos,  con su bandera española en las manos. ¿Tanto costaría, me pregunto, que los jugadores catalanes de la Selección española (¡no sólo la Roja!) hicieran algo parecido? ¿Tanto costaria que, junto al canario Pedro, el manchego Iniesta, el asturiano Villa, algún catalán o  todos ellos, tan mimados por los españoles en todos los órdenes, dieran una muestra de realismo?  ¿Fueran tan sólo un poco agradecidos? No habría discurso, ni artículo, ni mitin, ni manifestación antiindependentista más eficaz que eso. ¿No habrá nadie que ayude a hacerlo posible? ¡Sería más eficaz incluso que la noble actitud del editor Lara o del presidente de la Wolkswagen¡

«Mi hjo era de ETA»

El segundo libro del ingeniero y ex-político José Ramón Goñi Tirapu se estructura en torno a la columna vertebral de una larga carta -letra cursiva-  paterna y paternal, no partenalista, escrita a su hijo, pasado, un día,  a uno de los comandos legales de ETA. El padre va describiendo en esa carta, que muscula todo el volumen, la historia de los dos, pade e hijo, desde las primeras vivencias familiares hasta su último encuentro, antes de que el joven entrara en el infierno  terrorista, donde le habían precedido varios tíos carnales, y de donde no se sale sin mucha dificultad. Y, como comentario más extenso y circunstancial, fluye la historia exterior del propio autor -sus ancestros carlistas navarros, su familia numerosa, el seminario de Pamplona, el traslado a Guipúzcoa, su militancia socialista y sus cargos políticos, su experiencia como gobernador civil en San Sebastián, sus muertos y sus funerales, su dimisión, su vida en Madrid…-. Todo va escrito directamente, a la pata la llana,  con emotiva vivacidad, que nunca deja al sentimiento descarrilarse en sentimentalismo, sino, como es propio de toda persona cabal, lo lleva uncido siempre a la inteligencia y  a la voluntad, de las que nunca se separa demasiado. Ni sentimentalismo, pues, ni frío estoicismo «racional», del que algunos se enorgullecen, como si la  razón pudiera desuncirse del todo de la volición (querencia) y el sentimiento. Aqui no hay, como podría temer el lector, ni síndrome de Estocolmo, ni cosa que se le parezca. Uno de los españoles que mejor ha conocido el independentismo terrorista vasco, y de más cerca lo ha sufrido, hasta jugarse hartas veces la vida, no disimula una pizca su aborrecmiento al terror,  su condena constante del sistema que lo cultiva, ni el desprecio que le merece el entorno cobarde e inhumano que lo con-tiene y sos-tiene. En pocos libros encontrará el lector más viva la tragedia de un padre ya de por vida vulnerado; de una familia tradicional desgarrada por las diversas opciones entre la decencia y el crimen; la tragedia de la degradación de buena parte de la sociedad, como la vasca (y navarra), y hasta  la de esa parte de la humanidad que vive en Euskadi  (y Navarra) y ha perdido (¿a la vez que los religiosos?) sus valores humanos fundamentales. Pero ¿desde cuándo, podemos preguntarnos, y debido a qué causas principales, se perdió en esa tierra, que se preciaba de haber sido elegida por Túbal y dió a Ignacio de Loyola,  Larramendi o Cardaveraz, la humanidad, la clemencia, la compasión, la tolerancia, la reconciliación… tan antiguas? Una sola cosa se me ocurre subrayar aqui con la sangre de tantas víctimas habidas en Guipúzcoa: si hubiera habido muchos padres como José Ramón Goñi Tirapu, y se hubieran conocido sus palabras y sus hechos, se hubiera ahorrado mucho dolor y mucho luto, y, además, estaríamos hoy más cerca de  ver alguna salida a esa degradación colectiva. – Uno de los fragmentos primeros de esa carta vertebral reza así: Imagino que puede ser duro para ti  leer estas páginas. Si fuera así, estaríamos en el inicio de un camino que puede conducirte a algo nuevo, algo que te ayudaría a evolucionar. Necesito creer que no te han lavado el cerebro y arrancado las glándulas en las que se generan los sentimientos. Pero ignoro cuál es tu realidad. El adoctrinamiento es el peor enemigo de la evolución. La libertad es la mejor garantía del progreso del hombre. Me gustaría que miraras de reojo a alguna de estas víctimas y reconocieras en ella a un ser humano. Sólo por eso habría tenido sentido escribir este libro.

Guerracivilismo

Algunas de las declaraciones del neoindependentista Artur Mas y sus adlláteres, incluido Jordi Pujol, y algunas de quienes les contestan tienen todo el tono de una guerra civil.  Los propagandistas de Bildu no han abandonado la permanente justificación de su guerra civil declarada a España. Los dicterios de Tomás Gómez, cada día más arrabiato, en la Asamblea de Madrid contra los parlamentarios del PP y sus progenitores son sucia y pretérita verborrea guerracivilista. El incalificable simulacro jocoso-degradante de la TV3 catalana de matar al rey y herir a un periodista en las piernas (¿evocando el tiro a las piernas de Federico Losantos por un terrrorista?) es ya un juego nefando  digno de un descansillo de una guera civil: el despido del director de esa macabara broma me parece demasiado leve, y espero que entre pronto en la órbita penal. Las diatribas electorales del seudomesiánico Beiras, llamando pirañas a sus enemigos y acusándoles de limpieza étnica, si no son propias de una guerra civil, la preparan. Y para qué hablar de esos aprendices de energúmenos, que asaltan o invaden el colegio de los Salesianos en Mérida al grito de ¿Dónde están los curas, que los vamos a quemar? (Para empezar, los salesianos no son curas ni frailes, sino religiosos). Salvador Sostres, periodista polémico y buen escritor, entra al trapo de esos miserables y, con la ocasión de que entre los jóvenes bárbaros hay algunos comunistas, compone él mismo, con retazos muy verdaderos, una pieza típica guerracivilista: ¿Cómo que dónde están los curas? ¿No sabes dónde están los curas, comunista?. No me extraña. Y no me extraña porque están donde tú no estás ni nunca has estado. Mientras tú haces el ridículo con tu ideología de fracaso y de muerte, ellos están predicando el amor y la vida. (…) Siempre habéis querido quemar igesias y a los curas, eso no es ninguna novedad. (…) Pero, por suerte,  al final habéis perdido siempre. Todo lo vuestro se ha derrumbdo de miseria y muerte.


Una sociedad enferma (VI)

El recorte de 10.000 millones en sanidad y educación ha hecho reaccionar máximamente a la sociedad española, que cree le desmantelan el llamado Estado de bienestar. Ignacio Sootelo nos ha recordado que una cosa es el Estado de bienestar y otra el Estado social. Éste último nació con el canciller alemán Bismarck, en el siglo XIX, ligado a las grandes empresas, para domeñar al movimiento obrero,  y cuyo objetivo era la paz social: sanidad, pensiones, educación y seguro de desempleo. El Estado de bienestar completa las prestaciones del anterior, al distribuir la renta nacional desde una perspectiva más igualitaria, haciendo hincapié en una educación compensatoria, bajo el principio sublime de la solidaridad. En España la escolarización primaria plena empezó con la ley general de Educación, del ministro Villar Palasí, en 1970. Desde entonces hemos llegado a escolarizar hasta los 16-17 años un 70% de chicos y adolescentes, y un 25% en el grupo de los 18-25 años. Con  más de millón y medio de universitarios, España es uno de los países europeos con mayor población juvenil en las aulas. En la última década el gasto en educación ha crecido a un ritmo constante: de 29.327 millones de euros, en 2001, a 53. 306 en 2010. Las becas y ayudas superiores supusieron en 2011 unos 1.600 millones de euros,  un 3´5% más que el curso anterior, y los beneficiarios fueron 1.730. 874 alumnos. El decreto del Gobierno actual, que implica tanto a la enseñanza pública  como a la concertada, con templa reducir el gasto del 4´9% del PIB actual al 3´9% en cinco años, lo que suma unos 7.000 millones. Y, además, afecta: a la jornada de profesores, a la ratio de alumnos por aula, a las tasas universitarias  y a las becas en el mismo sector. El más difícil acceso a la universidad  de quienes no puedan pagar las tasas; la reducción de becas; la reducción de profesores, y ahora con una mayor carga lectiva, así como la mayor ratio de alumnos por aula son los aspectos más criticados y protestados. Pero todo ello deberá contrastarse con los primeros resultados sobre el desdichado fracaso escolar, una de las notas de nuestro sistema educativo, que sitúa a España, con un 30% de abandonos, por debajo de la media europea y da resultados negativos en lectura, matemáticas y ciencias, según todos los informes PISA de la OCDE. Pero el informe PISA sigue criterios muy abstraídos de la realidad cotidiana, y no valora, por ejemplo, el valor primordial de la integración en España de  numerosos alumnos excluidos hasta hace bien poco de la escuela, además de muchos inmigrantes, que, naturalmente condicionan el resultado final de la encuesta,  sin jerarquizar  valores, como si de un país todo de ricos y de familias de profesionales se tratara. Mucho está, pues,  por ver, por vista que sea la protesta general de profesores y alumnos, a menudo distinta en muchas de sus expresiones concretas.

Jil Van Eyle y el «teaming»

Entre tanta indiferencia, discriminación, injusticia y crueldad, dentro y fuera de la crisis, hay gente, mucha gente, dedicada a hacernos la vida tolerable y hasta feliz, que no escatima ni tiempo ni medio alguno para conseguirlo. Como  ese holandés,  de difícil nombre, que fue un empresario rico y triunfante, quien, al nacer su hija con hidrocefalia, pasó del preguntarse vulgar «¿Por qué me pasa esto a mí?» a escribir el libro superventas Cómo dejé de ser un idiota. E inventó el célebre «teaming» (haciendo equipo), idea que comparten miles de empresas en cuarenta paises del mundo,  mediante la cual se recaudan 200.000 euros al año para pequeños proyectos sociales. Basta un euro al día. Genial y estimulante. Otra señal viva de esperanza. De abajo hacia arriba. Y en un clima de entendimiento y consenso  en cada lugar, que hace posible este pequeño milagro al alcance de todos.

Desaparece mi biblioteca digital

A finales del mes de junio, miré un buen día mi Biblioteca digital, situada en en el ángulo superior derecho de este Cuaderno, y me encontré con uuna ventana ininteligible para mí, que ahí sigue. Llamé a quien tenía que llamar. Pasó un cierto tiempo veraniego, tiempo del bel far niente. Después, todos mis llamamientos y requerimientos  a quien podía y debía han sido inútiles. Tal vez he aguantado demasiado tiempo. Mis cinco series, que iba ampliando poco a poco, con varios libros completos, han desaparecido. Es una pérdida muy dolorosa y costosa para mí. Ojalá pudiera ayudarme alguien. No tengo más remedio, pues, que abrirme la vía judicial. Y Dios con todos.