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Cumpleaños

Llegaste al mundo, Belén,
en el tiempo de las uvas,
de la vendimia y las cubas.
Tiempo de bravas palomas
repasando nuestras lomas,
también.

Yo te doy mi parabién,
porque, aunque tú no lo veas,
y a veces ni te lo creas,
la vida es máximo don
y la única ocasión.
Amén.

El ideal común de un catalanista

El día 10 de septiembre de 1931, en el debate parlamentario sobre el proyecto de Constitución, tomó la palabra el diputado de la Lliga Regionalista -el partido antecedente de la actual CIU- por Barcelona,Ramón de Abadal, uno de los pocos representantes de su partido, muy minoritario en ese momento frente a una magna representación de Esquerra Republicana. El mejor historiador catalán de la Edad Media prometía defender, juntamente con la fuerza mayoritaria catalana, el Estatuto catalán, ya elaborado en Cataluña. Para  la LLiga, presidida por el ex ministro de la Corona, Francisco Cambó, la autonomía catalana sólo tenía sentido, según don Ramón, dentro del Estado español y en ella veían, siempre y sobre todo, el reflejo dentro de la Constitución, o, mejor, de las leyes cosntitucionales, considerando como un todo conjunto la Constitución y el Estatuto de autonomía de las regiones; el reflejo, digo, de la verdadera constitución de España, en que, dentro de la unidad superior hay una variedad de las distintas regiones que pueden enlazarse y engranarse perfectamente, para que entre ellas, buscando cada una su ideal propio, pero con la vista puesta en el ideal común, puedan trabajar por la grandeza de España y puedan, entre ellas, ser un estímulo recíproco para que la prosperidad del Estado pueda ir siempre en continuo progreso.

La Teoría de los Conflictos

La Teoría de los Conflictos está representada en su máximo nivel por las propagandas elaboradas por el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), a partir de las necesidades de las personas, no de los mandatos de los Gobiernos, de los dictados de un partido único, ni siquiera de los programas de los partidos democráticos. Se llama Teoría de los conflictos, porque el verdadero desarrollo se genera habitualmente dentro de distintos grupos sociales que tienen intereses diversos, a menudo contrarios. Para los defensores de la misma, los seres humanos son mucho más importantes que los solos indicadores económicos. Tampoco el progreso tecnológico es el valor supremo, siendo un gran valor, y la austeridad, por ejemplo, junto a otras actitudes humanistas, especialmente en tiempos de escasez, lo es igualmente. Los bienes del mundo deben ser compartidos, en la mayor medida posible, por todos los que los necesitan. Y no es éste, precisamente, el paradigma del modelo que tiene al Mercado como guía supremo.  La justicia sí que es el valor supremo, y en todos los niveles: desde el local hasta el mundial. La resistencia a toda dominación del hombre sobre el hombre desemboca a veces en una revalorización excesiva de la propia identidad política, cultural o religiosa; en una idolatría de lo individual, grupal, regional, nacional…, que genera de nuevo exclusiones e injusticias. Por otra parte, la educación en este modelo es una educación popular y participativa, que ha de respetar toda diversidad equilibrada, sin estar nunca subordinada en todo y para todo a la jerarquía tecnológica. – Siendo en nuestro tiempo coexistentes varios modelos de sociedad, de escuela y de participación, y sus fronteras a veces muy permeables, habrá que tener sumo cuidado en no confundirlas teóricamente para no acabar confundiéndolas en la práctica. O, lo que sería peor, confundirlas en la práctica para acabar confundiéndolas en la teoría.

La Teoría de la Competencia

Antes de recordar -algo tan necesario en estos momentos- la Teoría de los conflictos, del sociólogo de Lovaina, Guy Bajoit, apuntemos las otras tres Teorías precedentes que él también estudió y que hacen  aquélla posible e inteligible. Tras la Teoría del Desarrollo que rige el modelo tecnológico o desarrollista del Estado-nación, en el que el pueblo actúa siguiendo el mandato de las estructuras de los Gobiernos,  y de la Teoría de la Revolución, guía del modelo comunista, superado ya en casi todo el mundo, llegó la Teoría de la Competencia, que completa o sustituye en casi todos los países el modelo desarrollista anterior. Estructuralmente tecnológico como aquél, reduce fuertemente el poder del Estado, según las reglas del liberalismo posmodermo, y confía casi todos sus resultados  a los mercanismos reguladores del Mercado. Es el que defiende a capa y espada de sus informes anuales el Banco Mundial. Su poder no depende ya de las instituciones de los Estados, sino  de la máxima libertad de los patronos y patrones financieros, de los dueños de las grandes empresas y de los grandes medios de comunicación, los poderes más fuertes del mundo de hoy. La educación propia de este modelo es la tecnocrática selectiva, carente en general de ideales sociales. Estamos, pues, ante el llamado darwinismo social -perdón a Darwin, que nunca imaginó tal cosa-, que excluye a los no aptos y discrimina a los menos aptos, siendo los aptos los consagrados con todas sus veras al culto del Mercado y de la mercadotecnia.

Los alumnos catalanes

¿Se enseña y se anima a los alumnos catalanes a conocer y amar a Cataluña? ¿Es decir, a cultivar su identidad catalana? ¿Es eso acaso un adoctrinamiento, una actividad neofranquista? ¿Se enseña y se anima a los alumnos catalanes a conocer y amar a España y a Europa? ¿Es decir, a cultivar su identidad española y europea? ¿Querer y pedir esto es  una recentralización, una barbaridad, algo preconstitucional incluso? ¿No es precisamente algo profundamente constitucional? ¿Algo moralmente obligatorio para toda escuela catalana? ¿Es acaso España -nación, si se quiere, de naciones- indigna de que la conozcan y amen los alumnos catalanes? Que el ministro, en estas circunstancias, y sabiendo, como buen sociólogo que es, lo que las palabras dicen o parecen decir, podría haber empleado otra expresión más política, más convincente, es cierto. Pero, oida la explicación parlamentaria consecuente, reafirmada poco después fuera del Parlamento, ¿no habrá puesto el dedo de la dialéctica en la llaga de las llagas de nuestro sistema político autonómico? ¿Alguien puede pensar que a todos los alumnos en cualquier punto de España no se les debe enseñar y animar a conocer y amar a todas las Comunidades españolas, Cataluña entre ellas? – Hace muchos años que Francesc Cambó y un buen grupo de catalanistas quisieron catalanizar España, no  sólo a los alumnos españoles. Y lo explicaban. Nadie lo juzgó disparatado, ni injusto, ni mucho menos preconstitucional.

Una sociedad enferma (V)

Reconoce nuestro sociólogo el impacto de la crisis en la identidad de España, como nación una y soberana, configurada en Comunidades Autónomas (que no Autonomías!) y que el embate que ha sufrido y sigue sufriendo ha sido motivado esta vez por la deuda de las Comunidades Autónomas. Pero no basta con recordar que Cataluña haya reaccionado con indignación y haya vuelto a denunciar la confusión entre las llamdas Comunidades históricas (un gran bulo, fuera de los Estatutos de los años treinta) y las Comunidades artificiales (¿artificial es Navarra, Asturias, Aragón o Castilla?), responsabilizando a éstas del fracaso común, o que haya crecido la opción de la independencia de Cataluña, como todos estos días nos lo van repitiendo con pocas muestras de rigor científico. Habría que hacer ver al mismo tiempo la  inmensa deuda de esa misma Cataluña (que acaba de recibir la primera entrega del Fondo de Liquidez del Estado) y las causas de la misma. Ayer mismo un programa televisivo nos ponía delante de los ojos las cinco delegaciones de la Generalidad fuera de España y las muchas más oficinas comerciales, los cinco canales de televisión y tres cadenas de radio, los mil consejeros comarcales… Bueno será también recordar el fracaso político y económico del actual Gobierno catalán, endosado siempe al anterior, que lo quiere ocultar con los fuegos patrióticos de la reivindicación identitaria,  y que  el sistema de fnanciación autonómica con los Gobiernos de González, Aznar o Zapatero, ha tenido siempre el visto bueno de la Generalidad, a veces en contra de otras Comunidades Autónomas, antes de llegar a la deriva independentista actual. Pero mucho más extendida en toda España está la convicción (¡no sólo el sentimiento!) contraria:  la del despilfarro autonómico, comenzando por Cataluña, de recursos mil, con un número de asesores, funcionarios y servicios siempre en aumento, muy por encima, proporcionalmente, de cantones, provincias, länder o regiones de Estados federales europeos, en un país como España, con  niveles salariales de todo tipo inferiores a la media europea e inferiores porcentajes del PIB dedicados a educación, cultura e investigación científica. Por eso, ya en julio de este año, según la encuesta del CIS, los partidarios del Estado actual autonómico (¡que no de las autonomías!) eran un 30´8% y los que pedían más autonmía, un 12´3, mientras que los que querían menos autonomía (es decir, competencias autonómicas) llegaban al 17´1% y los que no querían ninguna autonomía, al 21´9. Según la útima encuesta de septiembre, éstos útimos no hacen más que crecer.


Socialismo y Nación

Al periodista cántabro Luis Araquistain, ex diputado por Bilbao y ex embajador, candidato entonces a diputado por Madrid-capital, y asesor privilegiado del presidente del PSOE, Francisco Largo Caballero, le dio por hablar sobre este tema, del que pocos socialistas solían hablar, con excepción de Indalecio Prieto. Fue en un mitin electoral en el Monumental cinema, el sábado, 17 de noviembre de 1933, con seis compañeros más como oradores, entre ellos, Caballero. Quienes niegan la compatibilidad de socialismo y nación -comienza diciendo- son los que pertenecen a los más siniestros organismos internacionales: la Compañía de Jesús y la Iglesia de Roma, los mismos que quieren entregar a la usura extranjera los terrenos conquistados por la Reforma Agraria. Uno de los motivos que le impulsaron a entrar en el partido socialista fue ver en sus viajes  por el exttraanjero el menosprecio (…) hacia la cultura y la economía españolas. El internacionalista que es este ya ex embajador de la República en Berlín menciona las razas (negra y amarilla) sometidas por el imperialismo blanco, y también  las naciones proletarias dominadas por las potencias de primer orden. Esto lo rechaza el socialismo. Pero el socialismo no qiere suprimir las naciones, en tanto son resultado de la Naturaleza. Ya lo dijo Jaurès: Todas las patrias son cuerdas vibrantes de la Humanidad. El socialismo no pretende destruir la nación con la lucha de clases. Al contrario, nosotros somos quizás más españoles que los demás españoles porque por nuestra sensibilidad y nuestro destino, vinculado a la clase trabajadora, sentimos como nadie sus miserias. Los socialistas quieren crear una nación y acabar con las clases en la misma, y que la cooperación internacional acabe con la división entre las naciones burguesas y las naciones proletarias. Pero al final de su breve perorata se rompe el fino hilo, posible conductor de su pensamiento jauresiano y se impone la política del mitin electoral socialista: Dos Españas están frente a frente: la España monárquica de las derechas y de los republicanos traidores a la República frente a la Esña a la que él pertenece. Votad termina diciendo- por la España socialista.- Y yo me pregunto desde hoy y desde aqui: ¿Es que sólo la España socialista era la cuerda vibrante, de la que hablaba el socilalista francés? ¿Sólo ella era el resultado de la Naturaleza? ¿No había nada ni nadie, español, que unía desde siglos a esas dos Españas?

Los obispos defienden la unidad de España

Ya están los diarios anticlericales poniendo el grito en el infierno porque dicen que los obispos (es decir, la comisión permanente de la Conferencia Episcopal) han actuado como un partido político porque, en una nota pastoral, tras mostrar la gran inquietud que les causan las políticas encaminadas a la desintegración unilateral de la unidad del pueblo español, han escrito una frase en la que dicen, sin mencionar directamente a nadie, que se debe preservar el bien de la unidad, al mismo tiempo que el de la rica diversidad de los pueblos de España. Qué horror ¿verdad? Cuando  tantos políticos, empresarios, periodistas, intelectuales … españoles en Cataluña no han dicho ni mú sobre el asunto, vienen los obispos y sueltan esa herejía política, después de reconocer, además, en principio, como ya lo hicieron el año 2006,  la legitimidad de las posturas nacionalistas verdaderamente cuidadosas del bien común. Añaden una consideración de sano realismo social: Ninguno de los pueblos o regiones que forman parte del Estado español podría entenderse, tal y como es hoy, si no hubiera formado parte de la la larga historia de unidad cultural y política de esta antigua nación que es España. Ya en septiembre de  2002 los diarios anticlericales dijeron algo parecido cuando los obispos españoles escribieron que Poner en peligro la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de España, sin valorar las graves  consecuencias que esta negación podría acarrear, no sería prudente ni moralmente aceptable. Nada nuevo en la historia de la Iglesia. Todos los obispos del mundo, estén donde estén, y mientras la voluntad muy mayoritaria del país no decida otra cosa, se sienten unidos a sus pueblos, defienden su unidad y su convivencia, aunque, en su caso, deban ser respetuosos con posteriores decisiones sobre un status diverso. Eso mismo hicieron los obispos italianos en mayo de 1996 al criticar los propósitos xenófobos y separatistas de la Liga Norte. Y el mismo papa Juan Pablo II -al que algunos clérigos catalanes atribuyen  la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos, como la atribuyen a los documentos de la ONU- elogió, unos días después, ante 300 obispos italianos, la gran herencia de fe, cultura y unidad que constituye el patrimonio más precioso del pueblo italiano (…) y de la amada Nación italiana. Yo me pregunto si el día hipotético en que, por ejemplo, la provincia de Tarragona o el cinturón industrial de Barcelona anunciara su voluntad de separarse de la Comunidad Autónoma de Cataluña, con las graves consecuencias que eso tendría, los obispos catalanes no podrían decir sobre Cataluña, sin que nadie pusiera su grito en el infierno, lo que acaban de decir los obispos españoles refiriéndose a toda España. Qué patriotas serían entonces, ¿verdad? O, si no pudiera decir algo parecido el cardenal de Barcelona, si el barrio de Pedralbes, por ejemplo, anunciara unilaterlmente, con las graves consecuencias que eso tendría, su separación del municipio de la capital. ¡Un poco de sentido común, por favor!