Reconoce nuestro sociólogo el impacto de la crisis en la identidad de España, como nación una y soberana, configurada en Comunidades Autónomas (que no Autonomías!) y que el embate que ha sufrido y sigue sufriendo ha sido motivado esta vez por la deuda de las Comunidades Autónomas. Pero no basta con recordar que Cataluña haya reaccionado con indignación y haya vuelto a denunciar la confusión entre las llamdas Comunidades históricas (un gran bulo, fuera de los Estatutos de los años treinta) y las Comunidades artificiales (¿artificial es Navarra, Asturias, Aragón o Castilla?), responsabilizando a éstas del fracaso común, o que haya crecido la opción de la independencia de Cataluña, como todos estos días nos lo van repitiendo con pocas muestras de rigor científico. Habría que hacer ver al mismo tiempo la inmensa deuda de esa misma Cataluña (que acaba de recibir la primera entrega del Fondo de Liquidez del Estado) y las causas de la misma. Ayer mismo un programa televisivo nos ponía delante de los ojos las cinco delegaciones de la Generalidad fuera de España y las muchas más oficinas comerciales, los cinco canales de televisión y tres cadenas de radio, los mil consejeros comarcales… Bueno será también recordar el fracaso político y económico del actual Gobierno catalán, endosado siempe al anterior, que lo quiere ocultar con los fuegos patrióticos de la reivindicación identitaria, y que el sistema de fnanciación autonómica con los Gobiernos de González, Aznar o Zapatero, ha tenido siempre el visto bueno de la Generalidad, a veces en contra de otras Comunidades Autónomas, antes de llegar a la deriva independentista actual. Pero mucho más extendida en toda España está la convicción (¡no sólo el sentimiento!) contraria: la del despilfarro autonómico, comenzando por Cataluña, de recursos mil, con un número de asesores, funcionarios y servicios siempre en aumento, muy por encima, proporcionalmente, de cantones, provincias, länder o regiones de Estados federales europeos, en un país como España, con niveles salariales de todo tipo inferiores a la media europea e inferiores porcentajes del PIB dedicados a educación, cultura e investigación científica. Por eso, ya en julio de este año, según la encuesta del CIS, los partidarios del Estado actual autonómico (¡que no de las autonomías!) eran un 30´8% y los que pedían más autonmía, un 12´3, mientras que los que querían menos autonomía (es decir, competencias autonómicas) llegaban al 17´1% y los que no querían ninguna autonomía, al 21´9. Según la útima encuesta de septiembre, éstos útimos no hacen más que crecer.
