¿Se enseña y se anima a los alumnos catalanes a conocer y amar a Cataluña? ¿Es decir, a cultivar su identidad catalana? ¿Es eso acaso un adoctrinamiento, una actividad neofranquista? ¿Se enseña y se anima a los alumnos catalanes a conocer y amar a España y a Europa? ¿Es decir, a cultivar su identidad española y europea? ¿Querer y pedir esto es una recentralización, una barbaridad, algo preconstitucional incluso? ¿No es precisamente algo profundamente constitucional? ¿Algo moralmente obligatorio para toda escuela catalana? ¿Es acaso España -nación, si se quiere, de naciones- indigna de que la conozcan y amen los alumnos catalanes? Que el ministro, en estas circunstancias, y sabiendo, como buen sociólogo que es, lo que las palabras dicen o parecen decir, podría haber empleado otra expresión más política, más convincente, es cierto. Pero, oida la explicación parlamentaria consecuente, reafirmada poco después fuera del Parlamento, ¿no habrá puesto el dedo de la dialéctica en la llaga de las llagas de nuestro sistema político autonómico? ¿Alguien puede pensar que a todos los alumnos en cualquier punto de España no se les debe enseñar y animar a conocer y amar a todas las Comunidades españolas, Cataluña entre ellas? – Hace muchos años que Francesc Cambó y un buen grupo de catalanistas quisieron catalanizar España, no sólo a los alumnos españoles. Y lo explicaban. Nadie lo juzgó disparatado, ni injusto, ni mucho menos preconstitucional.
