Ha ce dos semanas, los católicos alemanes celebraron su104 Katholikentag o 104 Congreso católico anual en la ciudad de Würzburg durante cinco días, en el que partiiparon 60.000 personas, bajo el lema Ánimo, levántate!, en un momento delicado de la política mundial y europea, y delicado también dentro de los mismos católicos alemanes ante las reforma impulsadas por el Camino Sinodal, del que tantas veces he hablado en esta bitácora. El presidente de la República, luterano, que abrió el encuentro habló de ese momento especialmente delicado y pidió atreverse a abrazar un mayor ecumenismo, mientras el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, Heiner Wilmer, reclamó más optimismo y confianza y pidió por su parte combatir los eslóganes sin sentido de la extrema derecha y la extrema izquierda, tendiendo puentes y ofreciendo espacios para el encuentro: No puede permitirse que declaraciones que recuerdan los capítulos más oscuros de la historia alemana vuelvan a normalizarse socialmente. No debemos permanecer en silencio.
La presidente del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), Irme Stetter-Karp, fue aún más allá: No les ofrecemos espacio para su demagogia, dijo al justificar el veto del ZdK al partido ultraderechista. También el obispo de Würzburg pidió valentía para las reformas, citando expresamente el papel de la mujer en los cargos eclesiásticos, donde el Sínodo Alemán ha llegado muy lejos. En cuanto al matrimonio de los homosexuales, que parte de los clérigos alemanes han llegado a bendecir, más de 200 fieles participaron en un servicio religioso queer, celebrado en la iglesia agustina, bajo el lema La vida es colorida y reclamaron reconocimiento pleno.
El cardenal maltés Mario Grech, secretario general del Sínodo, recordó que la sinodalidad no es una lucha de poder ni una mera toma de decisiones por mayoría, y que no existe una Iglesia universal sin iglesias locales ni una iglesia local sin la Iglesia universal. (…) El Espíritu Santo no crea una suma de opiniones, sino armonía.