Uno de los actos inolvidables de la visita a París de León XIV fue su discurso en la sede de la UNESCO ante 1.400 personas. Un discurso riquísimo en conceptos y enjundia moral: fragilidad del hombre, historia común, don y mercancía, cultivo de la tierra y destrucción, la guerra y la paz, progreso e ideología, educación y verdad, la inteligencia y las máquinas, la dignidad de las personas…
Miquel Iceta, embajador español en la UNESCO, no creyente, secretario de laicidad del PSOE, elogia sin reservas la presenta y el discurso del papa: Más allá de ser el Papa, lo que dice conecta con el mundo, con las preocupaciones de hoy y con las labores que entre todos tenemos que emprender. En estos momentos en los que el mundo está tan revuelto, tan desconcertado y buscando sentido, no hay otra figura como la del Papa para marcar un mensaje, una orientación y también traer esperanza.
Desde el punto de vista social, cree Iceta que el mensaje del papa, el mensaje evangélico, tiene total actualidad y nos pone a todos frente a un espejo: ¿Somos capaces de ser esas personas buenas que buscan construir una sociedad mejor, es decir, más justa. en la que tengan igual libertad, igual dignidad, Esa es la pregunta. (…) Lo que espero es que la polarización política, social o económica nunca nos haga perder de vista esa radical igualdad, esa radical dignidad de todos los seres humanos, que es precisamente el eje del mensaje del Papa.
Al hablar de los grandes debates sobre la laicidad que se tienen en Francia en estos momentos, el embajador español piensa que la respuesta está también en el mensaje papal: Si nos consideramos todos iguales, si nos respetamos, si consideramos que todos tenemos igual dignidad, las diferencias de color, raza, religión o las diferencias políticas no deberían ser insalvables. En España hemos avanzado bastante en laicidad, ero laicidad, pero laicidad no significa borrar las religiones. La laicidad es respeto.