Después de haber escuchado casi todos los parlamentos y leementos de esta mañana, saco la conclusión de que este Congreso de los diputados y diputadas está agotado y es incapaz de tomar la mínima decisión consensuada sobre el primer problema que afecta a los españoles, como es la vivienda. Entonces, ¿para qué sirve? No faltan, la verdad, los buenos oradores, y muchas de las cosas dichas y leídas son perfectamente saludables. Pero hay tal exceso de prevenciones, sospechas, reservas, aversiones, enconos y odios, que son incapaces de superar ni siquiera durante un cuarto de hora la teórica división, al parecer infranqueable, lingüística e ideológica, territorial, de género… Es mucho mayor el espacio dedicado a agredir a los adversarios-enemigos que a razonar sobre los temas del decreto en cuestión.
Dan la impresión de que los distintos grupos procedieran de países muy diversos, o de tiempos muy distintos. O que, siendo del mismo lugar y tiempo, no tuvieran apenas valores medios compartidos. ¿Qué les une a nuestros políticos hoy en el Congreso de los Diputados? ¿Qué común (con) gressus (de gradior: paso, camino, recorrido) hay en él? ¿Qué caminar juntos hacia un mismo punto?
La conclusión más inmediata, después de oírles y escucharles, es desear que se vayan a sus casas. Y que unas nuevas elecciones llenen el Congreso de otros congresistas, algo más comunes y sensatos, aunque no sean tan buenos oradores o lectores como algunos de los de hoy.