Vengo de la misa mayor de doce de mi parroquia. Como ya apunte hace meses en estas mismas páginas, no he entendido nada, ni como me acontece hace tiempo, con audífonos o sin audífonos. Nada de las lecturas, ni de la homilía, ni de los últimos avisos. Al saber de memoria todo el ordinario de la misa, eso es más fácil de entender.
Ni el presbítero ni los los lectores, siempre seglares, parecen ser conscientes de que tienen un micrófono delante, porque hablan por encima de él, por debajo de él, o al lado de él, pero no sobre él y junto a él. Pareciera un estorbo que se pone delante del orador. Alguna vez, por excepción, habla alguien correctamente ante el micrófono y vocaliza correctamente, y oigo y entiendo perfectamente.
Sumemos que la gramofonía no debe de sr de las mejores del mundo.
Me viene a menudo a la mente si no fuera mejor elegir la misa de la radio de la tele. ¿Qué es más moral y más cristiano la presencia en una celebración, que no se entiende, o la misa desde casa, que se ve, se oye y se entiende?