El cisma de nuestro tiempo

 

                    No tenemos datos precisos.  Ellos nos dicen, exagerando seguramente la cifra, que son cerca de 600.000 en más de 70 países, con 700 sacerdotes  y 250 seminaristas, siendo Francia su principal caladero, donde dicen contar con 100.00 files, pero fuentes distintas no les dan más de 35.000. En España podrían rozar los 3.000. Su sede principal está en la localidad madrileña de El Álamo. En total cuentan aquí con 6 capillas: Madrid, Barcelona, Granada, Vitoria, Salamanca y Estepona-Marbella. El único culto diario es el templo madrileño, cerca del Retiro, donde imparten catecismo. A lo que ha que añadir el convento de las Siervas de Jesús Sacerdote y del Corazón de María, en Casarrubios del Monte (Toledo) y la Tercera Orden de la Hermandad de San Pío X, que admite sacerdotes y laicos.

El 2 de julio pasado, León XIV decretaba la excomunión de la cúpula de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, cuatro décadas después de que Marcel Lefebvre, ex arzobispo católico de Dakar, desafiara a Juan Pablo II ordenando a cuatro obispos por su cuenta y riesgo, Sus seguidores repetían la jugada y consumaban un cisma que el papa agustino ha ampliado a todos aquellos que secunden este desafío. 

Ha sido en Écône (Suiza),donde se ubica su casa madre, donde han sido ordenados los nuevos cuatro obispo cismáticos, dos franceses,  uno suizo y otro norteamericano. Y eso que todo han sido, desde la excomunión de Juan Pablo II, buenas palabras y concesiones por parte de la Iglesia. Benedicto XVI, el año 2009,l legó a levantar la excomunión a los  cuatro obispos cismáticos, y hasta el papa Francisco, al que tachaban los lefebvrianos continuamente de modernista, convalidó el sacramento de la reconciliación y los matrimonios celebrados por esos sacerdotes. Ahora toda esa inútil indulgencia se acabó.

No solo se oponen al Concilio Vaticano II al nuevo misal. Rompen con la tradición, con el magisterio de la Iglesia y con la autoridad de Roma. Se oponen a la libertad religiosa, al diálogo interreligioso. No reconocen el holocausto judío. Y rechazan de plano la colegialidad y la sinodalidad de la Iglesia. 

El nuevo decreto pontificio deja claro que los sacerdotes condenados administran los sacramentos de forma ilícita, y las confesiones y bodas que lleven a cabo son inválidas. Los obispos de Francia, consternados, llaman  a sus fieles descarriados para que recapaciten y opten con valentía por la unidad y la fidelidad al Santo Padre.