Nunca en la España democrática, un presidente de Gobierno había convocado unas elecciones con un discurso partidista, victimista, reivindicativo y demagógico de fin de campaña. Pero este autócrata manifiesto ha sido la excepción. Ha muerto matando, como vulgarmente se dice. Polarizando confrontando, dividiendo, insultando… Ha sido, es y quiere seguir siendo no el presidente de todos los españoles. sino solo de los suyos, que cada día son menos; de los partidos de progreso, y qué partidos, y qué progreso…
Pues que el pueblo español le dé lo que se merece.