Al periodista cántabro Luis Araquistain, ex diputado por Bilbao y ex embajador, candidato entonces a diputado por Madrid-capital, y asesor privilegiado del presidente del PSOE, Francisco Largo Caballero, le dio por hablar sobre este tema, del que pocos socialistas solían hablar, con excepción de Indalecio Prieto. Fue en un mitin electoral en el Monumental cinema, el sábado, 17 de noviembre de 1933, con seis compañeros más como oradores, entre ellos, Caballero. Quienes niegan la compatibilidad de socialismo y nación -comienza diciendo- son los que pertenecen a los más siniestros organismos internacionales: la Compañía de Jesús y la Iglesia de Roma, los mismos que quieren entregar a la usura extranjera los terrenos conquistados por la Reforma Agraria. Uno de los motivos que le impulsaron a entrar en el partido socialista fue ver en sus viajes por el exttraanjero el menosprecio (…) hacia la cultura y la economía españolas. El internacionalista que es este ya ex embajador de la República en Berlín menciona las razas (negra y amarilla) sometidas por el imperialismo blanco, y también las naciones proletarias dominadas por las potencias de primer orden. Esto lo rechaza el socialismo. Pero el socialismo no qiere suprimir las naciones, en tanto son resultado de la Naturaleza. Ya lo dijo Jaurès: Todas las patrias son cuerdas vibrantes de la Humanidad. El socialismo no pretende destruir la nación con la lucha de clases. Al contrario, nosotros somos quizás más españoles que los demás españoles porque por nuestra sensibilidad y nuestro destino, vinculado a la clase trabajadora, sentimos como nadie sus miserias. Los socialistas quieren crear una nación y acabar con las clases en la misma, y que la cooperación internacional acabe con la división entre las naciones burguesas y las naciones proletarias. Pero al final de su breve perorata se rompe el fino hilo, posible conductor de su pensamiento jauresiano y se impone la política del mitin electoral socialista: Dos Españas están frente a frente: la España monárquica de las derechas y de los republicanos traidores a la República frente a la Esña a la que él pertenece. Votad –termina diciendo- por la España socialista.- Y yo me pregunto desde hoy y desde aqui: ¿Es que sólo la España socialista era la cuerda vibrante, de la que hablaba el socilalista francés? ¿Sólo ella era el resultado de la Naturaleza? ¿No había nada ni nadie, español, que unía desde siglos a esas dos Españas?
