Vuelvo a mis clásicos. Siempre vuelvo a mis clásicos. Estoy siempre con ellos. Esta tarde he estado releyendo las primeras cartas de Séneca a Lucilio. Cuando, en la epístola 6, éste le pide que le comunique esa amistad que al maestro le ha transformado, le responde el escritor hispano-romano algo que debiera ser uno de los lemas primordiales de todos los que nos dedicamos a la investigación, al estudio, a la lectura y escritura: «Deseo comunicarte todo. Me complazco precisamente en aprender algo a fin de enseñártelo. Ni doctrina alguna me deleitaría, por más excelente y saludable que fuese, si tuviera que conocerla solamente yo. Si la sabiduría se me otorgase bajo esta condición, de mantenerla oculta y no divulgarla, la rechazaría: sin compañía no es grata la posesión de bien alguno«.
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Roto el maleficio.
Lo digo con cierta pena, porque Italia es mi segunda patria: que me acogió, me educó, me abrió al mundo, me entusiasmó, y, además, me premió. Pero, ya lo he dicho aquí, las competiciones deportivas de hoy día son como las competiciones bélicas (es decir, guerras o escaramuzas armadas) de antaño. Y, nos guste o no, porque todos somos humanos y nada de lo que es humano puede sernos ajeno, las victorias deportivas, sobre todo en los campeonatos europeos e internacionales de fútbol, no sólo animan, confirman y exaltan a los deportistas vencedores (muchos de los cuales cobran muchísimo más que los generales antiguos), sino igualmente a toda la inmensa afición, y, lo que es más importante, aunque parezca estrafalario decirlo hoy, conforman, integran, potencian y consolidan la conciencia nacional. Que es un muy noble valor, que nos hace mucha falta.
El «españicidio» de Rajoy
Al otro extremo del vampirismo nacional, leo en un periódico digital calificar de traición a España lo llevado a cabo por el presidente del PP en el congreso de Valencia, de destrución del Partido Popular, de vuelta a la vieja Alianza Popular y a los reinos de taifas de la mano de los separatistas y, en fin, de españicidio voluntario (asesinato de España) a manos de los nuevos dirigentes del PP. Rajoy sería el nuevo Héctor subido al caballo de los griegos para acabar con el palacio de su padre Príamo (Aznar). Lo que prueba bien a las claras que el viejo integrismo político nunca muere del todo, que los extremos se tocan, que las dos Españas siguen existiendo. Pero, por fortuna, somos muchos más los que componemos los 46 millones de Españas -tantas como españoles-, que hacemos la España real, la de aquí y la de hoy.
«…enfrentada a la Iglesia»
Como era de temer, o de esperar a tenor de mis reflexión de ayer, el periódico más leido en España abría sus columnas con la noticia de que la secretaria propuesta por el presidente del PP era una mujer enfrentada a la Iglesia: por aquello de su divorcio y de ser madre soltera por fecundación in vitro. Ahora, a esperar que algún obispo diga algo sobre el particular y así tenemos tira para otro buen rato. Y es que el EP hace tiempo que no para de sacar en su edición digital y en la de papel, casi cada día, alguna noticia anticlerical, antieclesial o anticristiana: las declaraciones ateas de un premio nobel, un libro que en Italia habla sobre los engaños de la Biblia, las deserciones de la Iglesia en no sé qué país, la disminución de las vocaciones religiosas en otros, los excesos verbales de un obispo, el castigo de un teólogo progresista… Qué sé yo: todo menos una información sobre mil hechos positivos que en la Iglesia o Iglesias pueden noticiarse todos los días. Y a lo que vamos: nos quedamos, por unos y por otros, sin saber qué valores, qué principios, qué ideas y proyectos tiene y defiende la nueva secretaria del PP, salvo su actitud ante la familia tradicional o ante la moral de la Iglesia, que parece ser lo único que importa a la gran prensa, a la prensa, progresista o no, que parece marcar las pautas de buena parte de España. Ah, también dicen algunos comentaristas que María Dolores de Cospedal es guapa. Lo que es fácil, esto sí, de constatar.
La familia tradicional
Uno sigue pensando, tal vez gracias a una educación también tradicional, que el centro, la derecha y la izquierda, el liberalismo, el socialismo, etc., se definen y se describen por sus posiciones, teóricas y prácticas, ante los grandes principios y valores, ante los grandes temas públicos: el servicio, la generosidad, la disponibilidad, la austeridad, la capacidad de trabajo, la firmeza de las ideas a la par que la tolerancia con el disidente, la producción y el reparto de la riqueza, las formas de convivencia social, los sistemas de defensa y seguridad, las claves sobre la reforma tributaria, agraria o educativa, la inmigración, la cultura, relaciones exteriores, etc., etc. Y todo esto aplicado al PP, al PSOE o al lucero del alba. Pues, no, todo esto para muchos debe de ser filfa. Hoy, en una de las agencias de noticias más importantes, una importante periodista resume la nueva dirección del PP sólo por su relación a la familia tradicional: una de esas dirigentes es divorciada; el otro es padre del primer niño de un segundo matrimonio; la tercera es madre soltera. Tal vez olvida una cuarta, casada por lo civil, pero quizás esto ya es demasiado tradicional y no entra en la nueva definición del centro liberal. Pues, nada, mucha suerte, y espero que en la nueva dirección, bien vista por casi todos, haya algo más que esa descripción minimalista -no digo que no sea significativa-, que nos hace hoy esa periodista avispada.
Al volver por la Ciudadela
Media vida se me viene al encuentro,
esta tarde perfecta de junio.Esta luz que me enciende
tantas felicidades olvidadas.
Estos niños que juegan
y me traen mi infancia embellecida.
Esa misma señora, acaso aquélla,
podrían ser mi madre, ya tan muerta.
Y estos plátanos altos,
y esta hierba cortada, oliendo a vida,
y esta paz risueña y regalada
me resultan tan íntimos,
que parecen salidos de mi misma memoria.
esta tarde perfecta de junio.Esta luz que me enciende
tantas felicidades olvidadas.
Estos niños que juegan
y me traen mi infancia embellecida.
Esa misma señora, acaso aquélla,
podrían ser mi madre, ya tan muerta.
Y estos plátanos altos,
y esta hierba cortada, oliendo a vida,
y esta paz risueña y regalada
me resultan tan íntimos,
que parecen salidos de mi misma memoria.
Corrupciones locales
Causa estupor en el caso de la corrupción municipal, comarcal o regional, como en la recién descubierta en Estepona -cohecho, prevaricación, blanqueo de capitales, tráfico de influencias-, igual que antes en Marbella, Totana, Irún, Egüés, Orcoyen, Baleares, Navarra, Cantabria, Andalucía, Aragón, Cataluña, etc., etc., la falta, al menos, de olfato de los partidos responsables de sus alcaldes, concejales y gobiernos autonómicos, es decir, la falta de vigilancia, de control, de autocrítica, hasta la misma hora en que estalla el escándalo, y a veces mucho después. Por otra parte llama, y mucho, la atención la pronta, si no expeditiva, reacción de esos mismos partidos en ocasiones: si están cerca los congresos o las elecciones, o los acusados son de medio pelo o es muy impopular el caso, como éste de Estepona, frente a la tardía, renqueante, resistente en otros, hasta que no sea confirnada la sentencia por el tribunal supremo, y ni aun entonces. Hemos visto de todo en la España de los últimos años. Si al alcalde de Estepona no se le hubiera permitido aliarse con el partido del GIL en la anterior legislatura, no tendría que ser ahora expulsado fulminantemente del partido, saltándose todos los habituales procedimientos, y con visos de heroica y tardía ejemplaridad. Lo mismo que ha ocurrido con los candidatos de ANV, aunque en otra situación política, mucho más grave. Pero la ocupación del poder, en todos sus grados, les obceca a menudo a los partidos, y por una mayoría segura se juegan todas las reglas de juego y todas las virtudes públicas y privadas habidas y por haber. Y ahí está ese reguero incesante de resultados.
Patriotismo futbolero
Algunos lo llaman así, despectivos. Otros miran, torvos, la popular alegría contagiosa de cientos de miles, de millones de españoles entusiasmados con su selección, a la hora del partido, antes y después, en aldeas y ciudades, en calles y plazas, bares y casas particulares. Qué error de perspectiva. Hace no demasiados años, y desde hace siglos hasta hace bien poco, millones de españoles se entusiasmaban con los colores nacionales o con los los colores partidistas durante guerras sin fin, en cada una de las batallas, en cada uno de los avances, en cada una de las victorias de los amigos contra los enemigos, de fuera o de dentro. Qué bien que hayamos cambiado tanto. Qué bien que nadie se entusiasme -excepto una banda de bandidos, ignominia de Europa- con la muerte y la destrucción de nada ni de nadie.
El Dios filosófico de García Bacca
Editado por el Banco Central de Venezuela, llega a mis manos el elegante libro dedicado al filósofo nacido en Pamplona, Juan David García Bacca: «Vivir dos veces despierto» (1901-1992). Es un conjunto de trabajos biográficos, bibliográficos y filosóficos en torno al ilustre filósofo, científico, crítico literario, traductor, músico, escritor y profesor en la universidad central de Venezuela, con una rica profusión de fotografías, autógrafos y citas personales. García Bacca, que pasó de filósofo y teólogo claretiano, hasta sus 37 años, a defender, al final de su vida, una especie de panteismo antropológico, luchó con Dios, entendido a su manera, como Jacob (Israel: fuerte contra Dios) toda la noche, quedando cojo y herido de Dios, por intentar verle y alcanzarle, sin conseguirlo, en el lugar sagrado que se llamó Fanuel: «cual si dijera: vi a Dios cara a cara y se salvó mi alma» (Gn 32, 31). Es la finitud transfinita frente a la infinitud, a la que nunca vencerá, de la que quedará herido en su cojera, cojera que no es un castigo, sino el mejor de los premios, la mejor de las bendiciones. Escribe a este respecto el filósofo: «Hay señales y señales de Dios, y las de Dios son más generosas y significativas que las establecidas por los hombres».
El «no» de Irlanda
Sea cual sea la reacción de Irlanda y de los restantes Estados de la Unión Europea al resultado negativo del referéndum irlandés, lo que ha quedado claro es que el plan b (Tratado de Lisboa) al rechazado texto de la nonata Constitución Europea tampoco ha tenido mucha suerte. Y, además, ha quedado claro que, cuando los ciudadanos europeos votan en un referéndum (ahora Irlanda, antes Holanda y Francia) un texto institucional europeo, corremos el riesgo de perder la votación. Mala cosa. Incluso en el caso, como es el irlandés, del país que más se ha beneficiado de los fondos, de la ayuda en general, de la seguridad y de las instituciones de la Unión. No es, pues, cosa sólo de dineros. ¿Tendremos que pensar que ahora que Irlanda es rica (la más alta renta proporcional per cápita) no quiere saber mucho de otros países mucho más pobres que acaban de entrar en la Europa unida? Lo que nos lleva a concluir, contra nuestra voluntad optimista, que en el abigarrado seno de los 27, que pronto serán treintaitantos, las varias velocidades son más que necesarias. Lo que hoy sucede en el ámbito de la moneda o en el de la seguridad (Schengen) tendrá que extenderse a otros ámbitos. Estamos lejos de aquella Europa federal que soñamos, irrealistas, muchos de nosotros. La Europa del siglo XXI no son los Estados Unidos de América del siglo XVIII. ¡Nos tenía que recordar, tiene bemoles la cosa, Irlanda, un país que parecía acérrimamente europeo, cuando, en 1973, entró en la CEE (Comunidad Económica Europea), todavía pobre y siempre antiinglés! Y no caigamos en el tópico facilón de hablar del nacionalismo de los Estados. ¿Quién no lo es a la hora de la verdad?