Causa estupor en el caso de la corrupción municipal, comarcal o regional, como en la recién descubierta en Estepona -cohecho, prevaricación, blanqueo de capitales, tráfico de influencias-, igual que antes en Marbella, Totana, Irún, Egüés, Orcoyen, Baleares, Navarra, Cantabria, Andalucía, Aragón, Cataluña, etc., etc., la falta, al menos, de olfato de los partidos responsables de sus alcaldes, concejales y gobiernos autonómicos, es decir, la falta de vigilancia, de control, de autocrítica, hasta la misma hora en que estalla el escándalo, y a veces mucho después. Por otra parte llama, y mucho, la atención la pronta, si no expeditiva, reacción de esos mismos partidos en ocasiones: si están cerca los congresos o las elecciones, o los acusados son de medio pelo o es muy impopular el caso, como éste de Estepona, frente a la tardía, renqueante, resistente en otros, hasta que no sea confirnada la sentencia por el tribunal supremo, y ni aun entonces. Hemos visto de todo en la España de los últimos años. Si al alcalde de Estepona no se le hubiera permitido aliarse con el partido del GIL en la anterior legislatura, no tendría que ser ahora expulsado fulminantemente del partido, saltándose todos los habituales procedimientos, y con visos de heroica y tardía ejemplaridad. Lo mismo que ha ocurrido con los candidatos de ANV, aunque en otra situación política, mucho más grave. Pero la ocupación del poder, en todos sus grados, les obceca a menudo a los partidos, y por una mayoría segura se juegan todas las reglas de juego y todas las virtudes públicas y privadas habidas y por haber. Y ahí está ese reguero incesante de resultados.