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La Expo de Zaragoza

Acabo de ver durante un buen rato el fantástico espectáculo de agua y fuego, con la torre del agua y el nuevo puente sobre el Ebro como soportes y símbolos principales, en apertura de la Exposición Internacional de Zaragoza, dedicada al agua y al desarrollo sostenible. Conmemora la Hispano-Francesa de 1908 y coincide con el bicentenario de los Sitios, en 1808, durante la guerra contra los ejércitos de Napoléon. He seguido también del principio a fin la anterior ceremonia institucional, que me ha parecido digna, solemne, realista y hermosa. Todos han hablado bien, desde el comisario hasta el rey de España. Pero excelentes me han parecido las intervenciones del alcalde de Zaragoza, que se ha acordado de todos los coautores, de cualquier color o signo que fueran, y el del presidente del Gobierno de España, que seguramente es obra colectiva. Me han dado un buen impulso de futuro, que falta nos hace. He vivido la alegría de una España viva y creciente. He contemplado, puesta en pie, una unidad eficaz y solidaria, no esa de los latiguillos que sólo sirven para confundir. Y, como pocas veces nos ocurre, he visto juntos en Zaragoza -una ciudad cercana, querida y admirada- el trabajo común, la utilidad, la belleza, el progreso, el pasado, el presente, el futuro y… la esperanza colectiva.

La ministra, partícipa, parta y miembra del Gobierno

¿Cosas de ministras jóvenas? Cosas, más bien, de gente que no sabe latín. Membrum, miembro en nuestra lengua madre, es palabra neutra, de la segunda declinación, y vale tanto para el género masculino como para el femenino, y para lo que no es ni lo uno ni lo otro. Membra es el nominativo plural del mismo vocablo. La hermosa palabra bimembre es un adjetivo derivado de ese plural. No hay, pues, miembra que valga. No puede ser miembra de un Gobierno, como no puede ser parta, sino parte (de pars-tis, de la tercera declinación, sin distinción de género), ni tampoco partícipa, sino partícipe (de particeps-icis, también de la tercera y válido para los dos géneros). Es el mismo caso de templum. Aunque el templo esté dedicado a la diosa, no se puede decir templa. Por cierto, ¿tan frívola, o tan ligera al menos, es la situación política española, como para que una ministra del Gobierno español se entretenga por estas hierbas con estos dislates y nos haga reír con su ignorancia y su descoco filológico, superando con creces a la ex ministra de cultura, que habló de frayla? Pues, como una mujer nunca puede ser fray (frater), sino sor (soror), un ministra no puede ser miembra, por muy parecido que sea el fonema al de  hembra. ¡A ver si, al final, he dado con el quid de la cuestión!

Un cierre patronal con nombre de huelga

    Eso es lo que tiene considerar los derechos humanos como exigencias y hasta como posesiones absolutas, sin condiciones, sin limitación alguna, sin sombra de correspondientes deberes. Derechos, sin cuándo, sin dónde, sin cómo. Y, si los derechos, más o menos espirituales o morales, asi de mal entendidos, suelen tener consecuencias nefastas pero no molestas directamente, otros derechos más concretos y sociales, como ocurre con el derecho ilimitado a la huelga, aunque sea un cierre patronal mal disimulado, suelen ser muy antisociales y chocan, a menudo violentamente según acabamos de ver, con otros muchos derechos, tan derechos o más que los de aquéllos llamados huelguistas. Para colmo, el derecho constitucional a la huelga no está regulado en España por falta de consenso, es decir, de sentido común y de valentía democrática.

Rusia, Palestina, Irak, Argelia…

    Si llegan buenas noticias de Rusia y Ucrania sobre el avance del difícil ecumenismo práctico entre católicos y ortodoxos, tras las visitas de los cardenales Kasper y Bertone, respectivamente, pésimas son las perspectivas de los católicos y otros creyentes en todo el Próximo Oriente. Es ya sabido que en esa zona, y no sólo en Palestina, la presencia de las comunidades cristianas es sólo testimonial: los cristianos son infiltrados occidentales para los islamistas, además de árabes camuflados para los judíos sionistas. El procurador de los caldeos iraquíes en Europa, Philip Najim, en declaraciones a Vida Nueva, no puede ser más contundente: Irak es un país de muerte: sin unidad nacional, sin un solo partido nacional, con un odio entre confesiones nunca conocido, además de todo lo que ya conocemos sobre la dictadura cruenta de Sadam Hussein, su derrocamiento por medio de una terrible y muy mal preparada invasión y sobre una guerra civil interminable. Además de cientos de miles de muertos, que tocan a todas las confesiones, el éxodo de los no islamistas es constante. Sólo 200.000 caldeos-católicos viven ya en Estados Unidos de América. Unos 100.000 en Europa, sobre todo en Suecia; 40.000 en Canadá; 35.000 en Oceanía, y miles y miles esperando destino en los países vecinos. Y, por si faltaba algo para el triste panorama religioso, que a los poderes internacionales apenas interesa, desde Argelia, donde las matanzas de los pocos cristianos que quedan se hicieron hace no mucho tristemente famosas, nos dicen que cada vez hay menos libertad para los cristianos: arrestos, multas, prisión por convertirse, o por tener ejemplares de la Biblia, o por llevar a cabo «actividades clandestinas«. La persecución es ahora sobre todo contra los protestantes, a quienes el ministro de Asuntos Religiosos -en un país con un 98% de musulmanes- considera «fuera de la ley» al querer constituir «una minoría para favorecer la injerencia extranjera en los asuntos interiores de Argelia». Lo de siempre y… en el país más progresista y revolucionario de entre todos los árabes, según la  foto fija europea.- Ya sé que lamentar todo esto en una España obsesionada por las duras huelgas de estos días, por el congreso del PP, o por la eurocopa, es casi una provocación. Pero son situaciones muy anteriores a estas semanas, mucho más injustas, mucho más dramáticas, y de las que casi nadie se detiene  a informarse siquiera.

El fracaso de todos

Leo en EP, en pequeñas caracteres de rúbrica, que «Casi 200 veces más dinero para armas que para combatir el hambre«, refiriéndose al fracaso de la conferencia organizada por la FAO, en Roma, sobre el hambre en el mundo. Y un resumen de lo que viene después: «Un informe destaca que los Gobiernos que comprometieron 4.500 millones en la cumbre de la FAO, gastan 850.000 [de euros] en Defensa«. Y se abren unos comentarios para los lectores. ¿Pero qué se puede comentar ante esta atrocidad inhumana, que explica bien el fracaso recientísimo, y viejísimo a la vez, de nuestra sociedad bienestante? Y mejor que no nos refugiemos en ese cómodo y seudojustificador anarquismo que nos caracteriza. Porque no son sólo los Gobiernos. Los Gobiernos saben bien a quiénes representan. Nosotros, claro, no gastamos en «defensa militar», pero hay que ver lo que gastamos en defender de todos los modos posibles nuestras altas condiciones de vida, comparado con lo que gastamos en ayuda, colaboración, solidaridad, o como se diga, para combatir las hambrunas, el hambre habitual y otras miserias en el mundo. El fracaso de la cumbre de la FAO responde bien al fracaso de todos nosotros. Es muy proporcional a nuestra indiferencia, apatía, egoismo y falta de conciencia y de humanidad.

¿Dónde estaban los jueces?

Uno se pregunta dónde
estaban los políticos, los fiscales y los jueces, dónde estábamos todos,
cuando en el municipio de Hernani el ayuntamiento de entonces colocaba la placa
y construía o dejaba construir el monolito en honor de José Manuel Aristimuño,
Pana, en honor del crimen y de la indignidad ciudadana, que ahora un
juez, simplementre democrático y valiente, ordena derruir?

De andar y pensar

Me trae mi amigo, el editor de Ediciones Fecit, el segundo volumen de la serie De andar y pensar, 109 páginas, en una edición sencilla pero primorosa. El primer volumen lo colgué ya en la red, en la adjunta Biblioteca. Transcribo los seis primeros vagidos -vamos a llamarlos así- de la reciente criatura:

Del Estado éticamente impasible, que acaba por hacerse imposible, habló hace años José Luis López Aranguren. Frente a todo lo que pasa, ¿pueden quedarse los responsables de la sociedad sin dar un paso?

La otra cara de la moneda suele ser una cruz.

Lo recibió de uñas, pero, como buen cortesano, de uñas cortadas.

Un lema humanista donde los haya: libres sin fuerza, fuertes por la libertad.

Los criticones hablan mucho precisamente para no ser autocríticos: para poder seguir siendo tan pasivos e irresponsables como hasta ahora.

Si el sol es nuevo cada día (Heráclito), todo es nuevo bajo el sol.

Las personas corrientes y molientes ni corren ni muelen.

La base del derecho internacional

En ese memorable discurso en la sede neoyorkina de la ONU, Benedicto XVI abordó una valoración de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, de 1948, de la que ahora se cumplen 60 años: resultado, según Ratzinger, de «una convergencia de tradiciones religiosas y culturales, todas ellas motivadas por el deseo común de poner a la persona humana en el corazón de las institucicones, leyes y actuaciones de la sociedad y de considerar a la persona humana esencial para el mundo de la cultura, de la religión y de la ciencia«. Para el papa estos derechos se basan «en la ley natural inscrita en el corazón de hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones«. Arrancar los derechos humanos de ese  contexto sería restringir su ámbito, ceder a una concepción relativista -tema muy habitual en en el pontífice-, según la cual «el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos«. Derechos universales, como universal es la persona humana, sujeto de esos derechos. Y, como si fuera un adelanto e introducción a la conferencia actual que se celebra en la sede de la FAO (Roma) sobre el hambre en el mundo, el papa Ratzinger insiste en que la promción de los derechos humanos sigue siendo la estrategia más eficaz para extirpar las desigualdades entre países y grupos sociales, así como para aumentar la seguridad. Unos drechos humanos presentados sólo en términos de legalidad, separados de la dimensión ética, que es su fundamento y fin, son proposiciones bien frágiles. Los derechos humanos han de ser respetados más bien «como expresión de justicia y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la voluntad de los legisladores«.

La acción de la comunidad internacional

Veo marchar a nuestros soldados españoles al Chad, para proteger sobre todo la zona de los refugiados procedentes del territorio martirizado de Darfur, una de las partes del mundo más abandonado en los últimos tiempos por la ONU. Y releo uno de los testimonios morales más claros en favor de esta protección internacional en el espléndido discurso del papa Benedicto XVI en la sede de esa organización internacional, el pasado 18 de abril: «Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos como también de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, las comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales. La acción de la comunidad internacional y sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están en la base del orden internacional, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervención lo que causa un daño real».- Cuántas guerras atroces, cuántas guerrillas interminables, cuántas matanzas de dictadores respetados o poderosos, y hasta cuántas intervenciones unilaterales y erróneas se habrían evitado en este último medio siglo sin esa indiferencia y falta de intervención común internacional.