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Otra vez los pogroms

Con el título Otra vez los pogroms, ¡qué vergüenza!, publicaba hace dos días Alfonso Sastre en el diario portavoz de ETA-Batasuna una breve diatriba contra la impugnación por el Gobierno español de las listas electorales presentadas, a la cara o al revés, por esa organización independentista terrorista. Para el dramaturgo y escritor español, defensor incansable de los etarras, esa elemental defensa del Estado de derecho es un pogrom, palabra rusa que significa destrucción y devastación, en el sentido de matanza y pillaje llevada a cabo por una multitud enfurecida contra una colectividad, especialmente contra los judíos. (La expresión correcta en español es pogromo). Para eso se va Sastre no sólo, y como es natural, hasta los nazis de los años treinta y cuarenta del pasado siglo, sino hasta la peste de Milán y sus inocentes victimas, tema célebre de Manzoni, y, cómo no, hasta la Inquisición (se supone que la española sobre todo). No se le ocurre citar a este defensor impertérrito del bolchevismo -cosa que confirma explíctamente en su escrito-, los pogromos leninistas, stalinistas, maoistas, polpotistas, etc. de tiempos muy recientes, pero ni siquiera los únicos pogromos que ha habido en España en estos últimos tiempos, que son los de su querida banda. Es, como habitualmente sucede con muchos cínicos y fanáticos, la historia al revés. Los verdugos intentan hacerse pasar por víctimas. Los asesinos, por beneméritos de la sociedad. Ya Platón, en su Trasímaco, nos hizo ver que cuanto más injusto es y quiere ser el hombre que comete injusticias, más habla y necesita hablar de justicia a todas horas y en todo lugar. He aquí un ejemplo más, repugnante.

Elecciones en la UPNA

La Universidad Pública de Navarra (UPNA) o, mejor, la Universidad Autónoma de Navarra, institución capital para el progreso y la estabilidad de nuestra Comunidad, necesita en estos momentos un poco de sentido común, un mucho de impulso creativo, en perspectiva europea, otro tanto de incardinación en la realidad humana a la que sirve y por la que es sostenida, y bastante también de orden y de concierto. Todo esto, y más, esperábamos del candidato a rector, Antonio Purroy, y de su equipo. Pero los votos de esta segunda vuelta no le han sido favorables, por pequeña que haya sido la diferencia. Me temo que las consecuencias puedan ser no pocos duelos y quebrantos. Creo que los navarros, incluidos los políticos en general, y hasta muchos universitarios que aquí enseñan, estudian y trabajan, no tienen todavía una atinada conciencia de lo que es y puede ser nuestra Universidad para todos. No sólo las elecciones políticas son decisivas. En fin, la historia del hombre consiste en abrir y cerrar posibilidades. Unas se han cerrado hoy. Lo que no quiere decir que todas se hayan bloqueado para siempre.

Prohibir la religión

Entre las nuevas invectivas anticlericales y antieclesiales, por desgracia frecuentes también en tierras anglosajonas, han recorrido el mundo unas declaraciones del cantante inglés Elton John, hechas hace unos meses a una revista muy conocida: «Yo prohibiría terminantemente la religión: convierte a las personas en ratas odiosas, y no es precisamente compasiva«. No sé si esta manera de pensar es en él reciente o viene de lejos. Si fuera esto último, no sé cómo no aprovechó el popular cantante, para decir cosas como ésas, el funeral de la princesa Diana de Gales en la catedral de Canterbury, al que fue invitado como cantante lírico por la reina Isabel II, cabeza de la Iglesia de Inglaterra Gales, y por su hijo Carlos, heredero de todas las prerrogativas reales. O cómo se aprovechó él mismo de la religión, en acto tan solemne, para contribuir, poco o mucho, a convertir a la gente en ratas odiosas. De todos modos, al querer prohibir toda religión, lo que parece seguirse de sus palabras, no sé tampoco si ha pensado bien a cuántos millones de personas dedicadas a tiempo completo o parcial a tareas compasivas y eficaces en todo el mundo llegaría su implacable prohibición. Él, tan dado a condenar todo tipo de prohibiciones. Él, tan compasivo con todos, incluso con los que no ganan tantos millones de libras y dólares como él.

La patria de Anaxágoras

Hablaba ayer de patrias, y hoy leeo lo que Diógenes Laercio nos cuenta de Anaxágoras de Clazómenas, aquel filósofo griego residente en Atenas, del que apenas conocemos un millar de palabras, presuntamente suyas; amigo y maestro de Pericles, ampliamente citado por Platón. Retirado de la vida pública y dedicado al estudio de los fenómenos naturales, alguien le preguntó un día: «¿Es que no te interesa nada tu patria?» A lo que respondió el filósofo: «Habla con cuidado; a mí me interesa muchísimo mi patria«, a la vez que señalaba el cielo. ¿El universo? ¿El «intelecto, creador del mundo«, por lo que es sobre todo conocido en la historia de la filosofía? No parece que fuera el cielo de los dioses para un hombre que, por impiedad, fue condenado y desterrado de Atenas. Pero, sea lo que sea, y digan lo que quieran quienes afirman que patria no hay más que una o que los trabajadores no tienen patria, si patria quiere decir algo más que el lugar de nacimiento de los padres, los hombres tenemos o podemos tener varias o muchas patrias (y matrias y fratrias): personales, políticas, culturales, espirituales o religiosas. Y también el cielo, que para los creyentes, es Dios, patria completa, eterna y definitiva. Ojalá fuera ésa la de Anaxágoras de Clazómenas.

Dos de Mayo

Tras la fiesta internacional del Trabajo, Primero de Mayo, celebrada con más o menos fervor en todo el mundo, llega la fiesta nacional española del Dos de Mayo, reducida hoy a fiesta madrileña (de la Comunidad Autónoma de Madrid), seguida por la fiesta del día 3, que es la fiesta de no tener fiesta. ¿Quién se acuerda de las novelas patrióticas de Pérez Galdós, Napoleón en Chamartín, Zaragoza o Gerona? Todavía confunden muchos patriotismo con nacionalismo. Y sólo el primero parece tener una especial consideración entre los llamados nacionalistas vascos: abertzale = patriota. En la primera de esas novelas citadas, el escritor canario pone en boca del veterano don Santiago Fernández, el Gran Capitán, amigo del protagonista Gabriel de Araceli: «La ley ineludible de la Patria me ha puesto en un lugar que debo defender, aun a costa de la vida. ¿Que vienen fuerzas superiores? ¡Pues vengan! La Patria me manda esperar tranquilo, y la ley me veda el apartar los pies de aquel sitio. ¿No morían los mártires por la religión? Pues la Patria es una segunda religión, y antes que faltar a su ley, el hombre debe morir. (…) ¡Morir por la Patria!; morir en el puesto que a uno le marca su deber; morir, no por conquistar un pedazo de tierra, ni por un cacho de pan, ni por una baja ambición, sino por una cosa que no se ve, ni se toca, cual es una idea y un sentimiento puro! ¿No es equipararnos a los santos del Cielo y acercarnos a Dios todo lo que acercarse pueda una criatura?«. Y añade el novelista a cargo de Gabriel: «Dicho esto, calló. No le contesté nada, porque tanta grandeza me tenía anonadado».

El fracaso del proceso

El fracaso rotundo de lo que el presidente del Gobierno llamó desdichadamente proceso de paz, y que sólo fue un nuevo intento, por parte de ETA-Batasuna, de autodeterminación y de integración de Navarra en Euskalerria, lo he visto con más evidencia que nunca en las páginas de la edición de anteayer de EP, diario pro-gubernamental donde los haya. Bebiendo de fuentes de la policía francesa, y no de la española precisamente, comienza el diario progresista dándonos la presunción policial de que una treintena de terroristas -que EP llama activistas-, asentados habitualmente en Francia, están dispuestos a cruzar la frontera antes o después de las próximas elecciones del 27 de mayo. Mientras tanto, se preparan, como los tres recién detenidos en Inglaterra, para cometer atentados programados por la dirección de ETA, dirección compacta y concorde, que nunca ha tomado en serio el propósito de abandonar el terror. Los militantes etarras, diseminados ahora por toda Francia, con métodos renovados de vida y de lucha, pueden ser unos 300, incluidos el aparato político, informativo y logístico. Antiguos etarras, expertos en explosivos, especialmente los que han terminado su condena en Francia, se unen a la banda, que busca con urgencia dinero para su supervivencia. Durante toda la falsa tregua han seguido llevando a cabo la extorsión económica, que en los últimos tiempos ha ascendido hasta peticiones de 180.000 y 300.000 euros. Parte de ese dinero pasa antes por los despachos de los abogados de los terroristas. La banda se encuentra abastecida de armas, explosivos y matrículas tras sus últimos robos. Los expertos policiales franceses llegan a decir, refiriéndose al relajamiento de la presión por parte de las fuerzas de seguridad española: «Estaban asfixiados y ahora tienen oxígeno para años«. Y una observación capital: «Como ya no volverán a ser la potente organización que fueron en el pasado, esta posición de tregua ficticia les permite economizar esfuerzos y jugar con la amenaza y el chantaje al Gobierno español, al tiempo que mantienen a la gente de Batasuna reagrupada y movilizada en torno al proceso. (…) La negociación es un frente de lucha más«. La próxima anulación por los tribunales de algunas listas electorales de ETA-Batasuna, presentadas en Navarra y en Euskadi bajo diferentes siglas y disfraces, nos dará una idea aproximada del grado de presencia que la organización terrorista tendrá en ayuntamientos, Parlamento de Navarra y Juntas Generales, así como de la actitud del Gobierno frente a esa terrible probabilidad, que echaría por tierra la célebre ley de Partidos de 2002. Y pondrá en acción tal vez las amenazas no disimuladas de ETA ante tal eventualidad. Pero la realidad política primordial está ya sintetizada en la información policial francesa, recogida por el diario progubernamental español. No es muy difícil imaginar las consecuencias de todo género.

El auto de Garzón

La noticia nacional fue ayer, aparte el nacimiento feliz de la nueva infanta de España, el auto del juez Baltasar Gazón, en el que declara, a petición de parte, que ANV (Acción Nacionalista Vasca) «no es un instrumento deETA-Batasuna», y que por tanto no puede suspenderla. Todo el auto, repetitivo y mal escrito, del juez de la Audiencia Nacional, es un intento de justificación de esa resolución, que considera varias veces «provisional», fundada en falta de pruebas, pruebas que a la policía y guardia civil les resultó, como se reconoce, muy difícil aportar por falta de tiempo, etc. Frente a los que acusan al juez nada menos que de prevaricación y de otras lindezas, hay que decir que la decisión de Garzón -que se ha declarado imprudentemente una y otra vez partidario del «proceso de paz»- se enmarca en un proceso penal y lo que concluye es que ANV no forma parte del entramado delictivo de ETA y Batasuna. Lo que no quiere decir que no pueda ser ilegalizada según la ley de Partidos, máxime cuando una gran parte de las numerosas listas presentadas a las próximas elecciones -¡por un partido que no llega al centenar de miembros!- están contaminadas con militantes y ex candidatos de Batasuna. Porque a quien verdaderamente corresponde determinar la posible ilegalización del partido no es a un juez suelto de la Audiencia Nacional, por importante que sea, sino a la sala 61 del Tribunal Supremo, que ilegalizó a Batasuna. Pero requiere la instancia de la Abogacía o de la Fiscalía del Estado es decir, del Gobierno, que, por cierto, no está por la labor, como ya lo han insinuado y hasta declarado, también imprudentemente, varios de sus miembros. Aquí y no en otra parte está el quid de la cuestión. Podemos decir que Garzón, en su auto de agosto de 2002, sí incluía a ANV en el entramado político de la organización terrorista y afirmaba que ETA fijaba los objetivos para ser desarrollados por la Izquierda abertzale, mientras ahora ésta última aparece como una referencia puramente ideológica, que abarca un sin fin de entidades políticas, culturales, educativas, deportivas, y hasta eclesiales (como Eliza 2000 Eliza), no ilegalizadas, ¡entre las que está la histórica ANV! Pero ya conocemos las contradicciones del contradictorio y vanidoso juez estrella, que no nos lleva demasiado lejos. Mucho más grave es que tanto él como ciertos politicos y miembros del Gobierno nos vengan con la milonga de que ANV se separó de Batasuna en 2002, de la que había formado parte desde la fundación de ésta última en 1979, y que en sus estatutos de 1977, que transcribía los de 1930, repudiaba la violencia. No. ANV se separó hábilmente de Batasuna, cuando ésta estaba a punto de ser ilegalizada, y, en cuanto al repudio de la violencia, véase el art. 2 de sus estatutos, que sólo El País ha tenido la inteligencia de recuperar y desvelar, donde se fijan como objetivos «la consecución de la autonomía para el País Vasco y una decidida acción tendente a la consecución de una sociedad equilibrada, demócrata, lo más justa posible y que repudia la violencia». Unos angelitos, como se ve, autonomistas, justos, democráticos y pacíficos.

Antropología de la Resurrección

Todo el tiempo pascual, la liturgia nos va trayendo textos evangélicos y apostólicos, que durante este último siglo y medio han sido objeto preferente de la teología y de la exégesis. Todavía no ha terminado el debate entre los más eminentes hermeneutas bíblicos y teólogos dogmáticos, sean católicos o protestantes, sobre las apariciones de Jesús resucitado, entendidas por unos, preferentemene al menos, como visiones de los discípulos y por otros como revelaciones de Dios a los mismos, con numerosas variantes complementarias. Grandes teólogos y filósofos contemporáneos han hecho también, en estas últimas décadas, aproximaciones antropológicas a la fe en la resurrección, partiendo de la libertad, del amor, de la esperanza y de la esperanza en la justicia, vivencias todas ellas radicales del hombre. Lo mismo la libertad que el amor, la esperanza o el deseo de justicia tienden a lo incondicional y definitivo, que sólo puede calmarse y colmarse en la eternidad. La vida eterna es la acción de Dios que consagra definitivamente la libertad, el amor («más fuerte que la muerte»),la esperanza y el hambre de justicia del hombre. El destino infinito de éste es el contenido de la imagen y el símbolo de la resurrección de Jesús entre los muertos. En todas sus realizaciones fundamentales el ser humano se mueve por la cuestión sobre el sentido definitivo de su existencia, a la que no puede responder adecuadamene desde la historia, sino desde un punto de vista escatológico, desde el final de todo tiempo. Pero la historia, la única que tenemos, muestra signos – la pasión de Cristo y su muerte admirables, el sepulcro vacío, la vida y muerte martiriales de los que vieron al resucitado, el sorprendente nacimiento de la Iglesia…, y millones de hechos más, heroicos y casi sobrehumanos-, en los que se vislumbra ese final, o en los que se anticipa el triunfo de la libertad sobre cualquier sumisión, el amor sobre la destrucción y la nada, la esperanza sobre el sinsentido y la desesperación, la exigencia de la justicia sobre la victoria del asesino, del injusto y del soberbio. Sólo desde la lectura atenta de la historia y desde la anticipación creyente del fin de la misma podemos entender bien los testimonios de la Iglesia primitiva, los textos bellos y profundos que la liturgia nos trae estos días del tiempo pascual.

Dios y Esparta

Algunos ilustrados griegos del siglo V a. C., como Pericles, no es que fueran irreligiosos, ni siquiera escépticos ante los dioses que veneraban y a los que levantaban templos, como el Partenón, sino que estaban convencidos al mismo tiempo de que el hombre se construye su propia historia y de que la pretensión de actuar sobre los dioses va contra la verdadera religión, que deseaban más elevada y depurada que la primitiva de sus antepasados. En el diálogo, a la manera sofística, que compone Tucídides por única vez en su obra, entre los legados atenienses y los de la isla neutral de Melos, dominada por el poderío naval ateniense, tratan aquéllos de convencer a los melios de que su neutralidad sería vista como un signo de la debilidad de Atenas. Y les recomiendan no hacerse inadecuadamente los héroes. La ética caballeresca de otros tiempos ha perdido sus derechos ante la razón de la fuerza de una potencia moderna como Atenas, fundamentado este derecho del más fuerte en las leyes de la naturaleza. Los embajadores atenienses les aconsejan asimismo que no tengan una ciega confianza en Dios, pues Dios se encuentra siempre con la parte vencedora, como lo muestra de continuo la naturaleza. Ni en Dios ni en Esparta. Pues los espartanos, enemigos actuales de Atenas, sólo evitan lo que se llama deshonra cuando está de acuerdo con sus intereses. Muchos siglos después quienes pensaban, en este punto al menos, de manera similiar a los ilustrados atenienses, inventaron aquella letrilla pugnaz: «Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos. / Que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos«.

«… y no viviremos en el temor»

Preparando una conferencia sobre Pericles, me sucede, como me ocurrió preparando el centenario de la muerte de Sócrates, -dos figuras paradigmáticas de la «edad de oro» ateniense-, que los numerosos libros que voy consultando o leyendo me traen mil reflexiones, sugerencias, advertencias, premoniciones y hasta ocurrencias sobre la historia posterior o la historia actual, que también es historia. Sobre todo cuando uno sostiene, como sostengo, que el pasado no pasa del todo, ni mucho menos, y que el futuro es más presente que eso que presente llamamos. Fiel a su lema inicial de «no ceder ante los peloponesios«, el estratego Pericles se opone firmemente a las exigencias sin contrapartida de los espartanos y sus aliados, sean cuales sean las sinrazones en las que se basan. «Sea el pretexto que fuere, ya se trate de de muchas o de pocas cosas -le hace decir su mejor historiador intérprete, Tucídides, en su primer gran discurso-, no cederemos y no viviremos en el temor por los bienes que poseemos. Pues cualquier reivindicación de derecho, desde la más pequeña a la más grande, implica la misma esclavitud cuando, sin juicio previo, los iguales presentan a su prójimo en forma de exigencia».