Tras la fiesta internacional del Trabajo, Primero de Mayo, celebrada con más o menos fervor en todo el mundo, llega la fiesta nacional española del Dos de Mayo, reducida hoy a fiesta madrileña (de la Comunidad Autónoma de Madrid), seguida por la fiesta del día 3, que es la fiesta de no tener fiesta. ¿Quién se acuerda de las novelas patrióticas de Pérez Galdós, Napoleón en Chamartín, Zaragoza o Gerona? Todavía confunden muchos patriotismo con nacionalismo. Y sólo el primero parece tener una especial consideración entre los llamados nacionalistas vascos: abertzale = patriota. En la primera de esas novelas citadas, el escritor canario pone en boca del veterano don Santiago Fernández, el Gran Capitán, amigo del protagonista Gabriel de Araceli: «La ley ineludible de la Patria me ha puesto en un lugar que debo defender, aun a costa de la vida. ¿Que vienen fuerzas superiores? ¡Pues vengan! La Patria me manda esperar tranquilo, y la ley me veda el apartar los pies de aquel sitio. ¿No morían los mártires por la religión? Pues la Patria es una segunda religión, y antes que faltar a su ley, el hombre debe morir. (…) ¡Morir por la Patria!; morir en el puesto que a uno le marca su deber; morir, no por conquistar un pedazo de tierra, ni por un cacho de pan, ni por una baja ambición, sino por una cosa que no se ve, ni se toca, cual es una idea y un sentimiento puro! ¿No es equipararnos a los santos del Cielo y acercarnos a Dios todo lo que acercarse pueda una criatura?«. Y añade el novelista a cargo de Gabriel: «Dicho esto, calló. No le contesté nada, porque tanta grandeza me tenía anonadado».