«Il giardino del cielo»

 

                                 Micaela Soranzo, arquitecta de Perugia, experta en iconografía de culto y liturgia católica, autora de varios libros sobre Jesús, María, las parábolas o los milagros, acaba de editar este  libro, de curioso título, inspirada en el Himmelsgarten (jardín de cielo) de la iglesia de San Miguel, en el Michaelsberg, antigua fortaleza benedictina en la ciudad alemana de Bamberg, hoy residencia de ancianos, decorada con un impresionante herbario de más de seiscientas especies de flores, frutas, arbustos y hierbas aromáticas, vinculadas ala tradición bíblica y espiritual.

La atención de Soranzo se centra en las flores de las iglesias, su origen y su reparto por lugares y tiempos  litúrgicos, significados y fiestas.

Comienza por Egipto, Grecia y Roma, por los etruscos con la tumba de la flor de loto en Tarquinia, símbolo de la resurrección y de la eternidad. La epifanía floral cristiana comienza en las catacumbas, cuyos frescos a veces se abren a jardines edénicos que evocan el paraíso, término bíblico de origen persa, que quiere decir jardín de flores. Después vienen los mosaicos bizantinos y de Rávena, antes de llegar al románico y gótico: ¡La catedral de Reims cuenta con 300 especies de plantas diferentes!

Le sigue el Renacimiento, con sus árboles, guirnaldas, coronas floridas, columnas víticas…, y a este el Barroco con sus jardines celestiales, hasta llegar a nuestros días, para introducirnos en la interacción espiritual entre las composiciones florales y la liturgia, aspecto tan descuidado en tantos sitios hasta hoy por los discípulos de aquel Jesús de Nazaret, que hablaba de higueras, viñedos, mostazas y lirios.