Hablaba ayer de patrias, y hoy leeo lo que Diógenes Laercio nos cuenta de Anaxágoras de Clazómenas, aquel filósofo griego residente en Atenas, del que apenas conocemos un millar de palabras, presuntamente suyas; amigo y maestro de Pericles, ampliamente citado por Platón. Retirado de la vida pública y dedicado al estudio de los fenómenos naturales, alguien le preguntó un día: «¿Es que no te interesa nada tu patria?» A lo que respondió el filósofo: «Habla con cuidado; a mí me interesa muchísimo mi patria«, a la vez que señalaba el cielo. ¿El universo? ¿El «intelecto, creador del mundo«, por lo que es sobre todo conocido en la historia de la filosofía? No parece que fuera el cielo de los dioses para un hombre que, por impiedad, fue condenado y desterrado de Atenas. Pero, sea lo que sea, y digan lo que quieran quienes afirman que patria no hay más que una o que los trabajadores no tienen patria, si patria quiere decir algo más que el lugar de nacimiento de los padres, los hombres tenemos o podemos tener varias o muchas patrias (y matrias y fratrias): personales, políticas, culturales, espirituales o religiosas. Y también el cielo, que para los creyentes, es Dios, patria completa, eterna y definitiva. Ojalá fuera ésa la de Anaxágoras de Clazómenas.