Archivo del Autor: vmarbeloa

El alivio

 

                     Cuando me he despertado, esta noche, a las tres de la madrugada, he visto la noticia de la tregua en la confusa guerra de Irán. ¿De Irán o de USA-Israel contra Irán?

Después de oír ayer a ese payaso, delincuente, ególatra, hybris -orgullo, soberbia, arrogancia- excelentísima y eminentísima, personificación casi perfecta de la hybris, amenazar con acabar con toda una civilización (sic) y devolver a Irán -!aquel imperio persa!- a la edad de la piedra, la noticia es todo un alivio, por provisional que sea.

Algo que está logrand0 este  títere del poder y del dinero, aunque él ni siquiera lo previó, es convertir a Irán en la cuarta potencia mundial, cada día más cerca de Rusia y de China, las potencias rivales de la satrapía de Trump.

Eutanasia y cuidados paliativos en Francia

 

                            La buena noticia es que la Asamblea Nacional aprobó la ley sobre la adopción de cuidados paliativos  por 491 votos y ninguno en contra. Pero, aunque por estrecho margen, aprobó también la ley de la llamada muerte asistida, aunque el Senado, que la votó en contra en enero pasado, está a punto de votarla por segunda vez. No solo los obispos católicos se han opuesto a ella, sino también los obispos ortodoxos, que la calificaron de ruptura con la civilización y de licencia para matar. Meses antes, la Conferencia de los Líderes Religiosos de Francia había publicado una declaración conjunta advirtiendo sobre los riesgos de abusos éticos y sociales que plantea esa legislación.

Los obispos católicos lamentan ahora nuevamente la ausencia de una cláusula que permita a los centros de salud religioso negarse a llevar a cabo estas prácticas y, junto a muchos profesionales sanitarios, juristas, filósofos y representantes de pacientes, muestran su preocupación por los riesgos de ambigüedades legales, las presiones sociales o familiares que podrían recaer sobre las personas vulnerables,  así como por la transformación radical del papel del médico, llamado ahora no a tratar y aliviar el sufrimiento, sino a causar la muerte.

Nuestra Señora de la Peña

 

                                   Antiguo Sábado de gloria y ahora Sábado santo, primaveral de sol y de sonrisas  tras las prolongadas lluvias cuaresmales. Primero por Acedo, y luego por Cabredo, Genevilla y Marañón salimos de Navarra, entre esparragueras, y nieves de cerezos, espinos y perales, y por Bernedo, costeando  las espaldas de la sierra de Toloño-Cantabria, paraíso de hayedos, nos adentramos en la provincia de Álava.

Por carreteras poco frecuentadas llegamos al nordeste geográfico del ayuntamiento de Peñacerrada-Urizaharra, al sur del Condado de Treviño, y al sur también de la Cuadrilla de la Montaña Alavesa. El singular concejo al que llegamos, con 7 casas tradicionales, en torno a una robusta iglesia de san Miguel (ss. XVIII-XIX) y algunas casonas muy recientes de Faidu-Faido, que tiene este año 17 habitantes. Plantado en un hoyo entre montes, en la pared externa de la primera casa que vemos hay una gran pintura mural del lugar y una fuente de agua fresquísima frente a la iglesia, que nos hace el primer favor.

Faidu-Faido es uno de los muchos lugares alaveses que tiene las cuevas santas de los ermitaños de los siglos V-VIII, o iglesias rupestres, que comenzamos a ver en Laño (Treviño),  y que luego hemos ido visitando en Álava y en La Rioja. Aquí hay ocho o nueve cuevas, más o menos reconocidas, pero la principal es la la ermita de Nuestra Señora de la Peña, a la que subimos por una senda rocosa, bastante incómoda, al norte del poblado, defendida por un barandal de madera. Subimos entre grandes enebros, agavanzos, aliagas, cerezos silvestres, avellanos, cornejos, algunos pinos. Al socaire de una gran peña exenta y vertical se abre una primera cueva, con indicios de haber servido después, como tantas de ellas, para sepultura -la de un niño excavada en el suelo de roca es evidente- y en un segundo nivel se abre otra mayor, donde se construyó un recinto sagrado prerrománico y en el siglo XVIII un retablo de piedra blanca, en en el que se colocó la imagen de Nuestra Señora de la Peña, guardada ahora en la iglesia parroquial. Entonces se cubrió la cueva con un gran edificio de dos paredes, tejado y puerta de entrada. con arco de medio punto. Sobre la cima oriental de la roca levantaron una espadaña. En medio del atrio de hierba se levanta un majestuoso castaño de tronco rectilíneo, con sus larga ramas acogedoras, que se cubren ya de las primera hojas, brillantes de savia. Le acompañan en el suelo a su derredor algunos nazarenos, botones de oro y algunas violetas. Desde el atrio, cercado por un buen paredón, nos asomamos al barranco y al hayedo frontero, que comienza a ponerse ambarino.

Al bajar, vemos de lejos  una cueva en medio del monte, que llaman Cruzia, pero que no está puesta en valor y es difícilmente accesible. Los libros hablan de otras dos cuevas reconocidas, llamadas de San Miguel, al otro lado del barranco, pero aquí no hay señalización alguna ni nada habla de ellas. Miramos al mapa. Subimos por camino empinado y nos damos con una valla de alambre que nos impide el paso. Pero no solo eso: cuatro burros, que deben de estar estabulados cerca, una vez que nos han olido, y pensando que les llevamos la comida, vienen apresurados hacia nosotros, lo que nos dan un segundo y serio motivo para no buscar más las  cuevas de Sa Miguel. A primeras hora de la tarde vemos un padre con un niño en el pequeño parque infantil, al pie de la iglesia. Es la única persona que hemos visto.

Como tenemos todavía tiempo, visitamos brevemente los pequeños núcleos poblados del municipio: Baroja, Zumento, Pagoeta, Loza y Montoria, y nos detenemos un rato en la capital, Peñacerrada- Urizaharra, que tiene el 40  por ciento de los 332 habitantes  actuales del padrón  municipal: un óvalo irregular arquitectónico de bastida medieval, con gran plaza central -plaza de Fray Jacinto, bajo la iglesia de la Asunción-, y sus tres calles a un lado y otro, y puerta de entrada entre dos grandes torreones de la vieja muralla que rodeaba el fortín. Peñacerrada ha sido declarado Conjunto Monumental y Bien Cultural. Bellas casas, calles limpias y adornadas.

A la vuelta, por una carretera abierta entre bosques de  hayas, llegamos a Lagrán, localidad autónoma en la misma Cuadrilla alavesa, municipio con su propio concejo, muy renovado, de 177 habitantes,  cerca del cual descubrimos un día en pleno bosque las fuentes del río Ega, al que acompañamos hoy durante un buen rato, a la venida y a la vuelta. Y en el excelente bar del frontón, con una enorme terraza natural, llena de gente, nos aliviamos del fuerte calor que se nos ha echado encima de repente.

Domingo de Resurrección

 

  Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella (kai ètheáthe up´autés), no creyeron… 

(Mc 16, 11)

Ha resucitado el Señor y ha sido visto (ôphthé) por Simón

(Luc, 24, 34)

Los discípulos que le oyeron
y le siguieron
y le quisieron,

después de muerto
por fin le vieron,
y le sintieron,
y vivo le vivieron.
Y después,
le revivieron,
le defendieron.
Por él sufrieron
y murieron.

¿Hay algún testimonio
más verdadero?

Esperanza y belleza (VI)

 

                 La esperanza incluye la idea de progreso, pero, a la vez, la trasciende y somete a juicio crítico. Aristóteles ya nos enseñó, y con él todos sus discípulos, como santo Tomás de Aquino, que  la aspiración última de la vida es la felicidad, la cual conlleva proteger la vida y mejorarla. Y no siempre lo que lleva el nombre de progreso defiende la vida y  da respuesta a la búsqueda de sentido de la misma.

Hay cosas que, para ser esperadas, deben ser creídas. Sin fe en la vida y en la dignidad inalienable de esta, la esperanza está desenfocada. y, a la inversa,, la esperanza genera sus propios conocimientos y descubre nuevos mundos. La esperanza tiende una pasarela sobre un abismo, al que la razón no se atreve  a asomarse. Y percibe un sonido armonioso para el que la razón es sorda. La razón por sí sola no advierte los indicios de lo venidero, de lo todavía no llegado, porque rastrea lo existente y lo inmediato. San Pablo lo razona lisa y llanamente: Si lo que se espera ya está a la vista, entonces no es esperanza, porque ¿para qué esperar lo que ya se está viendo? (Rom 8, 24).

La esperanza -que Pascal incluye en lo que él llama corazón en sus Pensamientos- tiene razones que la razón no conoce, o que no conoce todavía. La esperanza, que presupone la razón, intuye que venimos del misterio y que nuestro destino es el misterio y por eso intenta adentrarse en él. En eso se parece a la oración, siempre esperanzada y raramente adivinatoria. El  gran teólogo dominico holandés Edwuard Schillebeeckk, acertó al decir que el que ora espera, y donde no hay oración no hay esperanza. Y Josef Piepper, el filósofo-teólogo alemán neoescolástico, experto en el tema, llegó a afirmar: La oración no es otra cosa sino el lenguaje de la esperanza.

Viernes Santo

 

(Todos los Viernes Santos desde 2006)

 

Quien te mire, guiñapo ensangrentado
y en esa cruz terrible suspendido,
preguntará abrumado y abatido
qué dios pudiera haberte abandonado,

qué traidor execrable traicionado,
qué alevoso enemigo detenido,
qué verdugo inhumano escarnecido,
qué déspota feroz crucificado.

Pero el Dios de la vida y de la historia,
del amor, del perdón y del sentido,
tu muerte coronó con la victoria

sobre el mal, sobre el hado y sinsentido
del mundo y de la vida de los hombres,
que liberaste Tú, Hijo del Hombre.

Jueves Santo

Tiene forma de pan,
y huele y sabe a pan.
Tiene forma de vino,
y huele y sabe a vino.
Porque Jesús de Nazaret
quiso
dejarnos su recuerdo,
cotidiano y accesible,
vivo.
Recuerdo que es presencia,
metáfora viviente de su ser:
cuerpo y alma en sacrificio.
Más que una fotografía,
mucho más que un escrito.
La persona en forma
de pan y vino:
el alimento
decisivo.

De mi Archivo Adolescente (y XIX)

 

                                  La carta de Pepe Alonso está escrita en Encinedo, el 24 de septiembre de 1959 donde lleva un mes de cura rural, en la sierra de Cabrera, en la encrucijada de León, Zamora y Orense, y diócesis de Ponferrada. Sus pueblos de pastoreo son Trabazos (parroquia), Encinedo (filial de Trabazos y residencia del párroco), Castrohinojo (coadjutoría de otra parroquia) y Santa Eulalia (parroquia autónoma, pero vacante) . Es un terreno montañoso, como los Picos de Europa. Tiene la carretera a unos 7 kilómetros  y el coche de línea a unos 12.Tiene luz de noche y puede oír la radio. Tiene una casa rectoral muy pobre, elemental, y un buen caballo para poder decir tres misas los domingos, y allí me espera un día que sería feliz.

Me escribe, en una carta pulquérrimamente escrita a máquina, para felicitarme por mi ordenación en Pamplona y primera misa en Mañeru, cinco días después, porque mi carta no llegó a tiempo. Los excelentes servicios postales del fin del mundo, según sus palabras, hicieron llegar la suya mucho más tarde. Siente de verdad no haber podido venir a mi fiesta y aprovecha la ocasión para hablarme con la mayor confianza de su estado de ánimo y de sus convicciones de cura primerizo:

No concibas el sacerdocio como un bien para ti; concíbelo  más bien como una crucifixión tuya que será una nueva redención graciosa para los demás. ¿No fue precisamente eso el sacerdocio de Jesús? ¡Esperan los hombres tanto de nosotros! O mejor dicho, muchos (quizás la mayor parte) no lo esperan porque no tienen capacidad para esperarlo, pero precisamente por eso su situación es agónica y el Señor nos exige una solución de urgencia. Yo solo con una un mes de Parroquia en estas tierras de Cabrera, en la encrucijada de León, Zamora y Orense, te podría ya contar muchas cosas, si no fueran demasiado «reales» para estos primeros días de tu sacerdocio. Te ves cercado de problemas y la solución es difícil, porque te dejan completamente solo. No exagero al afirmar que esto está bastante peor que las Hurdes, ya hace algunos años (por supuesto, hoy está aquello mucho mejor). Uno se admira de que se haya gritado  tanto del Pozo del Tío Raimundo y de las barracas de Bilbao y Barcelona, y todavía nadie haya sido capaz de decir de esto que es la peor vergüenza humana, social, «nacional» y religiosa: Cero en moralidad, cero en cultura, cero en convivencia humana, cero en aspiraciones a una vida mejor, cero en iniciativas, cero en viviendas… cero en religiosidad y 10 en superstición. Es un panorama bastante negro. Pon en medio de todo esto un sacerdote e imagínate lo que ha de ser  en la realidad nuestra vida sacerdotal. (…) Si viviéramos de la fe, no podrían estar muchas de estas cosas en la situación en que están. (…) Amargado? Quizás, pero creo que no. Con bastante amargura, eso sí, porque es muy difícil que no amargue una realidad tan oscura, pero con mucha confianza de que se podrá hacer algo, que se podrá «empezar» algo, por lo menos.

He conservado esta perla de carta en mi Archivo, que todo él irá al Archivo Contemporáneo de Navarra, junto a la carta cariñosa que, en esa ocasión escribe a mi madre, él que no la tenía, porque creo que revelan muy bien todo un período, toda una era, mejor.

Continuamos después nuestra amistad. Nos visitamos. Hicimos un libro de poesía juntos en una editorial de Palencia. Él escribió varias veces en la revista navarra de poesía RÍO ARGA. Se secularizó más tarde, se casó y tuvieron tres hijas. Estuve en su boda en Villafranca del Bierzo. Fue concejal y teniente alcalde socialista en el ayuntamiento de Ponferrada y después fue procurador en las Cortes de Castilla y León. Se nos murió demasiado pronto.

Todas las crónicas y comentarios que he leído en la RED sobre su vida y su muerte hablan de sus actividades políticas y culturales, pero ninguna -ojalá me equivoque y haya algo distinto por ahí que no conozco- de su vocación cristiana y pastoral, que fue la fuerza principal de sus compromisos posteriores. Pero esto, por desgracia, es demasiado repetido.

Las guerras y los muertos

 

                     Si cada vez que oímos o leemos alguna noticias sobre la guerra o los diversos conflictos bélicos, pensáramos en que cada una de ellas significa muertos, algunos muertos, muchos muertos, y siguiéramos pensando e imaginando las maneras de morir de esos muertos, aislados, doloridos, amputados, desesperados…, la guerra y los conflictos bélicos no serían datos meramente informativos y ni siquiera solo cultuales Otra sería nuestra sensibilidad y nuestra reacción frente a cualquier violencia, incluida la nuestra propia; frente a nuestra indiferencia y nuestra pasividad.

No sería, como suele ser, una noticia como otra noticia cualquiera. Y nuestro interés no caería de inmediato en el juicio meramente político (Trump, Putin, republicanos, demócratas, Pedro Sánchez, la Unión Europea…) o económico: la inflación, el aumento de precio del gas, de la gasolina, el impacto en la cesta de la compra, el déficit, la deuda, la subida o bajada de la bolsa…

Oh, la guerra. Qué palabra tan fría, tan  vacía, cuando se la separa de la carne muerta, de los cuerpos destrozados,  de la juventud y madurez robadas por la crueldad del hombre, del dolor y quebranto de muchas familias, de las vidas rotas que quedan a la intemperie… De esa inmensa injusticia universal, de la que todos, de una manera u otra, en un grado mayor o menor, somos responsables…

«La libertad de la poesía»

 

                                   Santiago Montobbio, el poeta más fértil y proactivo de España, uno de los más traducidos, me envía su enésimo libro (721 pp), titulado La libertad de la poesía. El poeta catalán es generoso siempre con sus amigos y nos envía frecuentemente noticias de sus innumerables publicaciones, sobre todo de poesía y crítica literaria. Pocos poetas habrán fatigado tanto a la Musa Erato.

Su último libro, del que elijo ese breve poema adjunto, Lo que nos ha faltado, es una muestra más del poeta, que de todo hace poesía. En el campo, en la ciudad, durante el día y la noche, solo o acompañado, con Dios, la naturaleza, los hombres y las cosas.

Ahora bien, dada la magnitud de la obra, y la necesidad de lector abrumado, que instintivamente  es llevado a antologizar, a resumir, a concretar para entender y sentir (vivir) mejor lo que lee, ve u oye, haría bien el poeta ubérrimo en ayudarnos a esa tarea. Él sabe bien que no toda vivencia poética del poeta creador es traducible a concepto, a palabra y a escritura, si queremos mantener y cultivar originalidad y calidad en todos y cada uno de los días de nuestra vida.

Lo que nos ha faltado

 

Lo que nos faltó. La luz
el aire, el campo. Su nostalgia
en el encierro recuerdo, ante el gozo
de volver a sentirlos, a estar en él
-el campo-, sentir que la vida verdadera
lo precisa, y si le falta lo sueña
es una nostalgia, una necesidad,
un aire libre que imagina y aviva
adentro. Para conjurar así que vuelva a ser,
otra vez se dé, y estés tú en él.
Así ahora esta tarde, así lo recuerdo
y siento, así los árboles del camino
me ven escribirlo en un poema.