La carta de Pepe Alonso está escrita en Encinedo, el 24 de septiembre de 1959 donde lleva un mes de cura rural, en la sierra de Cabrera, en la encrucijada de León, Zamora y Orense, y diócesis de Ponferrada. Sus pueblos de pastoreo son Trabazos (parroquia), Encinedo (filial de Trabazos y residencia del párroco), Castrohinojo (coadjutoría de otra parroquia) y Santa Eulalia (parroquia autónoma, pero vacante) . Es un terreno montañoso, como los Picos de Europa. Tiene la carretera a unos 7 kilómetros y el coche de línea a unos 12.Tiene luz de noche y puede oír la radio. Tiene una casa rectoral muy pobre, elemental, y un buen caballo para poder decir tres misas los domingos, y allí me espera un día que sería feliz.
Me escribe, en una carta pulquérrimamente escrita a máquina, para felicitarme por mi ordenación en Pamplona y primera misa en Mañeru, cinco días después, porque mi carta no llegó a tiempo. Los excelentes servicios postales del fin del mundo, según sus palabras, hicieron llegar la suya mucho más tarde. Siente de verdad no haber podido venir a mi fiesta y aprovecha la ocasión para hablarme con la mayor confianza de su estado de ánimo y de sus convicciones de cura primerizo:
No concibas el sacerdocio como un bien para ti; concíbelo más bien como una crucifixión tuya que será una nueva redención graciosa para los demás. ¿No fue precisamente eso el sacerdocio de Jesús? ¡Esperan los hombres tanto de nosotros! O mejor dicho, muchos (quizás la mayor parte) no lo esperan porque no tienen capacidad para esperarlo, pero precisamente por eso su situación es agónica y el Señor nos exige una solución de urgencia. Yo solo con una un mes de Parroquia en estas tierras de Cabrera, en la encrucijada de León, Zamora y Orense, te podría ya contar muchas cosas, si no fueran demasiado «reales» para estos primeros días de tu sacerdocio. Te ves cercado de problemas y la solución es difícil, porque te dejan completamente solo. No exagero al afirmar que esto está bastante peor que las Hurdes, ya hace algunos años (por supuesto, hoy está aquello mucho mejor). Uno se admira de que se haya gritado tanto del Pozo del Tío Raimundo y de las barracas de Bilbao y Barcelona, y todavía nadie haya sido capaz de decir de esto que es la peor vergüenza humana, social, «nacional» y religiosa: Cero en moralidad, cero en cultura, cero en convivencia humana, cero en aspiraciones a una vida mejor, cero en iniciativas, cero en viviendas… cero en religiosidad y 10 en superstición. Es un panorama bastante negro. Pon en medio de todo esto un sacerdote e imagínate lo que ha de ser en la realidad nuestra vida sacerdotal. (…) Si viviéramos de la fe, no podrían estar muchas de estas cosas en la situación en que están. (…) Amargado? Quizás, pero creo que no. Con bastante amargura, eso sí, porque es muy difícil que no amargue una realidad tan oscura, pero con mucha confianza de que se podrá hacer algo, que se podrá «empezar» algo, por lo menos.
He conservado esta perla de carta en mi Archivo, que todo él irá al Archivo Contemporáneo de Navarra, junto a la carta cariñosa que, en esa ocasión escribe a mi madre, él que no la tenía, porque creo que revelan muy bien todo un período, toda una era, mejor.
Continuamos después nuestra amistad. Nos visitamos. Hicimos un libro de poesía juntos en una editorial de Palencia. Él escribió varias veces en la revista navarra de poesía RÍO ARGA. Se secularizó más tarde, se casó y tuvieron tres hijas. Estuve en su boda en Villafranca del Bierzo. Fue concejal y teniente alcalde socialista en el ayuntamiento de Ponferrada y después fue procurador en las Cortes de Castilla y León. Se nos murió demasiado pronto.
Todas las crónicas y comentarios que he leído en la RED sobre su vida y su muerte hablan de sus actividades políticas y culturales, pero ninguna -ojalá me equivoque y haya algo distinto por ahí que no conozco- de su vocación cristiana y pastoral, que fue la fuerza principal de sus compromisos posteriores. Pero esto, por desgracia, es demasiado repetido.