Las guerras y los muertos

 

                     Si cada vez que oímos o leemos alguna noticias sobre la guerra o los diversos conflictos bélicos, pensáramos en que cada una de ellas significa muertos, algunos muertos, muchos muertos, y siguiéramos pensando e imaginando las maneras de morir de esos muertos, aislados, doloridos, amputados, desesperados…, la guerra y los conflictos bélicos no serían datos meramente informativos y ni siquiera solo cultuales Otra sería nuestra sensibilidad y nuestra reacción frente a cualquier violencia, incluida la nuestra propia; frente a nuestra indiferencia y nuestra pasividad.

No sería, como suele ser, una noticia como otra noticia cualquiera. Y nuestro interés no caería de inmediato en el juicio meramente político (Trump, Putin, republicanos, demócratas, Pedro Sánchez, la Unión Europea…) o económico: la inflación, el aumento de precio del gas, de la gasolina, el impacto en la cesta de la compra, el déficit, la deuda, la subida o bajada de la bolsa…

Oh, la guerra. Qué palabra tan fría, tan  vacía, cuando se la separa de la carne muerta, de los cuerpos destrozados,  de la juventud y madurez robadas por la crueldad del hombre, del dolor y quebranto de muchas familias, de las vidas rotas que quedan a la intemperie… De esa inmensa injusticia universal, de la que todos, de una manera u otra, en un grado mayor o menor, somos responsables…