Tiene forma de pan,
y huele y sabe a pan.
Tiene forma de vino,
y huele y sabe a vino.
Porque Jesús de Nazaret
quiso
dejarnos su recuerdo,
cotidiano y accesible,
vivo.
Recuerdo que es presencia,
metáfora viviente de su ser:
cuerpo y alma en sacrificio.
Más que una fotografía,
mucho más que un escrito.
La persona en forma
de pan y vino:
el alimento
decisivo.