(Todos los Viernes Santos desde 2006)
Quien te mire, guiñapo ensangrentado
y en esa cruz terrible suspendido,
preguntará abrumado y abatido
qué dios pudiera haberte abandonado,
qué traidor execrable traicionado,
qué alevoso enemigo detenido,
qué verdugo inhumano escarnecido,
qué déspota feroz crucificado.
Pero el Dios de la vida y de la historia,
del amor, del perdón y del sentido,
tu muerte coronó con la victoria
sobre el mal, sobre el hado y sinsentido
del mundo y de la vida de los hombres,
que liberaste Tú, Hijo del Hombre.