Archivo del Autor: vmarbeloa

Por fin, comenzamos a ver claro…

 

         Casi todos los periódicos de España, excepto los más sanchistas y alguno que otro implicado en la trama, comentan el último informe de la UCO, con Santos Cerdán como centro de todas las tropelías corruptas y corruptoras, acompañado de sus amigos y familiares de siempre, y esta vez de Antxon Alonso, del PNV, de Uxue Barcos y de Íñigo Santamaría.

Los significados son muchos y las consecuencias más. Días habrá para hacerles frente con el mayor sosiego. Hoy por hoy, puedo decir que comenzamos a ver, a la luz pública de las investigaciones llevadas a cabo, el entramado real no solo de una de las mayores tramas de corrupción en este país de  corruptos innumerables, sino también la trama de ese penúltimo cambio político habido en Navarra, en el Gobierno foral y en el último ayuntamiento de Pamplona. En verdad, el factotum  de  aquel era la dupla Santos Cerdán-Pedro Sánchez, pero sus acompañantes y cómplices: algunos menos conocidos.  

Al fin, un obispo entre los represaliados…

 

                        El 31 de octubre pasado, Día de Recuerdo y Homenaje a todas las víctimas de la guerra civil y la dictadura, el presidente Sánchez celebró un acto institucional para entregar 18 declaraciones de reparación y reconocimiento a personas del común y a personajes como Federico García Lorca, Luis Buñuel o María Moliner.

La novedad es que entre estos personajes, aunque no tan famoso, estaba el que fue obispo de Almería desde julio de 1935 hasta su asesinato en agosto de 1936, Diego Paulino Ventaja Millán. Fue fusilado en el barranco del Chisme, en Vícar, y luego quemado por milicianos junto a otros 16 presos. Exhumado en 1939, fue beatificado en 1993 en Roma por Juan Pablo II como víctima de la persecución religiosa sufrida durante la guerra civil.

Familiares del prelado mártir se desplazaron a Madrid, avisados por el actual obispo de Almería, que había recibido la notificación de la Secretaría de Estado de la Memoria Democrática.

Ultimos aforismos

 

Entre la minoría selecta y la mayoría vulgar está la creciente mayoría cada vez menos vulgar y cada vez  más selecta.

 

No es lo mismo tener opinión que tener posición. 

 

Las redes sociales son, en principio, la octava o la novena maravilla del mundo, Otra cosa es lo que luego pescan o dejan de pescar. O lo que socializan o dejan de socializar.

¿Qué queda de la teología de la liberación?) (III)

 

                  En nuestros días, es lugar común que ese hecho mayor iberoamericano no se puede trasladar automáticamente a Europa occidental. Pero nadie podrá negar la existencia entre nuestro bienestar del cuarto mundo y tampoco la realidad del tercer mundo fuera de Europa y América, en el que, parcialmente, se sustenta la prosperidad del primero y del segundo.

Desde el punto de vista exegético y evangélico, no se puede prescindir de la identificación hecha por el magisterio eclesial, en las últimas décadas, de Jesús de Nazaret con los pobres, que no hace más que continuar una historia bimilenaria de doctrina y praxis, nacida de los Evangelios y de otros libros de la Biblia.

No hay más patente identificación que la que nos presentan las Bienaventuranzas del Monte, donde los pobres, con hambre y con sed, son calificados de bienaventurados o dichosos. La identificación de Jesús con los pobres es singular y única, de tal modo que los pobres son un verdadero sacramento, un signo eficaz de la presencia de Jesús en nuestra vida, más visible y eficaz, o, al menos, más carnal que el resto de los sacramentos.

«Por qué no hay que leer el libro de Juan Carlos I»

 

                No le gusta al periodista Ignacio Vidal Folch, periodista de El Confidencial, huronear la vida de los demás. Lo que le importa del rey emérito es su discurso de febrero del 23 de febrero de 1981 y lo que ello significó. (Y supongo que también algunas cosas más, relacionadas con lo anterior). Y no le importa nada si se acostó con Fulana o Mengana, si cazó un elefante en Bostwana, o distrajo por ahí algún millón de euros para sus caprichos particulares.

A mí me pasa algo parecido, aunque me importan algo más todo eso y algunas cosas todavía peores. Pero por aquello y por esto, lo mismo digo una cosa que otra: me atrevo a decir el libro que debiéramos leer y el libro que no merece la pena de leerlo. Yo tampoco voy a a leer el libro del ex rey Juan Carlos I, que anda por ahí.

Los líderes sindicalistas de la Transición

 

                         Dentro del ciclo sobre la Transición en Navarra, organizado por el Archivo Contemporáneo de Navarra, hablaron ayer cuatro sindicalistas muy conocidos en esos años. Todos ellos subrayaron la juventud de la clase obrera navarra de aquel tiempo -muchos de ellos venidos de los pueblos, hijos de labradores pobres o medianos, pero libres-, su espontaneidad, su generosidad, su ingenuidad también, expresión de una fundamental utopía, así como el sentido de unidad en lo fundamental, a pesar del laberinto de siglas, escisiones y derivas del sector sindical, explicado por los cuatro de diferente manera. Tema común fue la disonancia de la mayoría sindical navarra tan autónoma y tan radical en aquellos momentos, con los grandes sindicatos españoles, que en aquellos días se iban formando o conformando, y que, a la sombra de grandes partidos, iban a terminar alzándose con el santo y la limosna en el cuadrilátero de juego del mapa social y político español.

Todos los oradores – también en el coloquio final- recalcaron la importancia, la influencia y el servicio de la Iglesia navarra, especialmente de los sacerdotes jóvenes, de sus parroquias, conventos o comunidades de base en la lucha sindical y en la vida de esos luchadores.

Uno de ellos, habiendo reconocido el sectarismo manifiesto de su propio sindicato, acabó su turno hablando en favor del entendimiento  entre unos y otros, entre la derecha y la izquierda  para hacer posible el progreso del país…

 

«La justicia amenazada»

 

                     En estos días en que vivimos entre tribunales, entre fiscales, jueces y abogados defensores. Entre sentencias, autos, providencias, demandas, recursos… En que no entendemos la mitad de lo que se sentencia, se acusa o se defiende.

Ahora es la hora de saber de quién depende el fiscal o si es posible un ministerio fiscal independiente. De saber algo cierto sobre la inviolabilidad, la inmunidad y el aforamiento de los políticos. Sobre la publicidad y la publicación del proceso: entre el paseíllo y el escrutinio público. Y ahora que todos somos feministas, no estaría mal que todos supiéramos  algo consistente acerca de la violencia sobre la mujer, su historia, la violencia de género y los medios de comunicación.

¿Y de la acción popular qué sabemos? ¿Qué es eso de la doctrina Botín? ¿Y del delito del odio, del que todos se acusan ahora unos a a otros? ¿Y de la prisión preventiva, que parece  que a unos toca y a otros no, y sus motivos? ¿Y de la prisión permanente revisable? ¿O del jurado, cuando a muchos nos puede tocar ser parte de él?

Y así podríamos seguir, por capítulos de nuestra ignorancia y, al mismo tiempo, de nuestras ganas de saber: diferencia entre imputado, investigado y procesado; la inteligencia artificial en la justicia; los jueces robóticos, el Consejo General del Poder Judicial…

De todo ello nos instruye deleitando y nos deleita instruyéndonos el célebre y ejemplar juez-magistrado Manuel Marchena, a quien tanto debemos los españoles, en ese libro  titulado: La justicia amenazada: Retos del derecho en una sociedad en conflicto. Que es la nuestra.

 

De mi Archivo adolescente (XV)

 

                  El 1 de octubre de 1957, vuelve a escribirme a mi pueblo mi amigo y condiscípulo riguroso Alejandro Apesteguía Larráyoz. Acaba de acompañar al P. Silva, un sacerdote gallego, amigo, ordenado hacía un año en Comillas, fundador del Circo de los Muchachos, en la misa que ha celebrado, a las 4 de la noche, en unos de los barracones del Circo en Pamplona, en el último día de su actuación, teniendo como asistentes los ángeles, que, según mi amigo, eran muy abundantes. La mañana anterior, estuvieron en Villa Teresita, donde Silva dijo la misa y pronunció unas palabras inolvidables, cristianas… Tanto, que decían aquellas pobres mujeres que era el primer sacerdote que las había comprendido. Estuvieron luego con ellas tres horas y me dice Alejandro que fueron de las más felices de la vida, contando ellas sus tragedias:  ...No te puedes imaginar lo brutalmente cruel que es el mundo, también nosotros los sacerdotes. Después de esto es difícil creer en la frase de Camus… 

Me da noticias sobre los precios del transporte en RENFE. Me dice que esa mañana han salido los «nuevos» hacia la Montaña, y me menta la bicha con su retintín habitual: Ya les he dicho que saluden al P. Ismael efusivamente, y que ardemos en deseos de encontrarnos bajo su paternal mirada. Me anima a descansar estos últimos días, y me pide que rece para que este curso nos santifiquemos por el camino que Dios quiera, mejor el del sufrimiento… 

Y, ya que estoy con Alejandro, vale la pena transcribir su felicitación con una tarjeta de Navidad de ese año (11´15 horas del 24 de diciembre) en Comillas, probablemente respuesta a la mía, en la que le diría seguramente que era la última que pasaríamos juntos, pues había yo decidido, tras todas las peripecias, dejar Comillas y partir para Roma. Es toda una muestra de aquella nuestra espiritualidad comillesa:

-Si, quizá la última que pasemos juntos…, pero permite que así, de despedida, cambie algunas palabras. Pediré al Señor en rima consonante que nos haga mucho más pobres, mucho más hermanos, mucho más humildes, pero para llegar a esto, más, mucho más blandos y flexibles, el latir más acelerado hasta que la tensión sea anormal, aunque algunos latidos se pierdan -quizá piense de distinta manera-. Recuerdo, como tú, todo lo dem´ás, y  pienso que la vida merece la pena vivirla en plan, estilo campamento, donde la vida es dura, la guardia constante, donde los hombres son sinceros y Dios se palpa a todas horas… Dios, Dios… qué sabemos de Él, pidamos también que nos abra un resquicio, una rendija, mejor aumentando nuestra Fe, maravilla -quizá un poco dura, para nosotros tan rebeldes-  Fe cristiana: vieja, universal, de multitudes… personal, pequeña, niña en nosotros recién hombres. Qué sé yo… muchas cosas más, quizá menos problemáticas, más sencillas, podrán ser también objeto de nuestra oración… que Él las colme como hechas… mejor si empiezan con «b». Alejandro.


 

Contra el fiscal general del Estado

 

                        Convengo, como tantas veces, con Ignacio Varela en El Confidencial, sobre el caso del polémico fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ese señor al que, hace ya tiempo, el Consejo General del Poder Judicial declaró inadecuado para el cargo que ocupaba. Si el Tribunal Supremo le absuelve de no ser el primero que reveló injustamente el secreto de un ciudadano, que debería guardar, por el hecho de ser allegado de una persona enemiga por motivos políticos…, que le aproveche. No me va a quitar el sueño, sobre todo si dimite después de ese pírrico triunfo.

Porque la ética elemental no se confunde con el derecho penal. García Ortiz ha sido durante demasiado tiempo un pésimo fiscal general. Borró, en un momento de apuro, el contenido de su teléfono móvil. Ha sido un sumiso ciego al poder político. Ha hecho un  uso militante y alardeante de la fiscalía. Ha abierto una crisis y una fractura profunda entre los fiscales y, en general, en el mundo jurídico, lo mismo que en la ciudadanía. Y carece por sus hechos y por sus dichos, de todo todo crédito social. ¿Sólo son corruptos, en esta larga y triste historia del sanchismo, Ábalos, Koldo y Cerdán?

En el Parque de Uranga, Burlada

 

                Un noviembre levemente lluvioso, y soleado a ratos, nos rodea.
Nos fascinan los colores amarillo, naranja y rojo del faisán,
bello como un príncipe asiático.
Inútilmente intentamos dialogar con el loro
verde y encaramado a la reja del jaulón.
Y sosegadamente contemplamos la languidez del cuello de los cisnes
tumbados a orillas del estanque.
Nos pasa cerca el pavo real, esta vez en veste doméstica.

Nos elevan al cielo los cipreses japoneses,
y con más fuerza aún los cipreses de Lawson,
y más alto todavía la secuoya sempervirens,
mientras el cedro del Atlas  nos ofrece sus brazos para intentar el vuelo.

Desfilan disciplinados ante nuestros ojos céleres 
mirtos lanceolados,
prietos bambúes orientales,
lucientes laurocerasos,
brillantes pitósporos…

El arce rojo es el faro inconfundible del otoño,
mientras las drupas de los acebos
son más vistosas que los botones de los canónigos de la catedral.

Las achiras, cannas índicas, platanitos rojos, yerbas del rosario…
nos muestran sus flores hermafroditas sobre leves pedicelos,
rojas y de pétalos erectos,
dieta diaria en el viejo Perú,
que auguran todavía prosperidad y protección.

Un anciano, con bastón,
se sienta en el banco de piedra de la larga rosaleda,
mirando las últimas rosas con color de ocaso,
icono tal vez de su propia vida.

Recordamos la aventura
del palacete ecléctico y modernista de Goizueta
con su torrecita galleante,
para Miguel Uranga,
y hoy solaz del pueblo numeroso de Burlada.

Al salir, la columna de tilos,
el árbol más otoñado del otoño,
nos deja sobre el suelo
unas hojas más bellas que monedas de oro.