En estos días en que vivimos entre tribunales, entre fiscales, jueces y abogados defensores. Entre sentencias, autos, providencias, demandas, recursos… En que no entendemos la mitad de lo que se sentencia, se acusa o se defiende.
Ahora es la hora de saber de quién depende el fiscal o si es posible un ministerio fiscal independiente. De saber algo cierto sobre la inviolabilidad, la inmunidad y el aforamiento de los políticos. Sobre la publicidad y la publicación del proceso: entre el paseíllo y el escrutinio público. Y ahora que todos somos feministas, no estaría mal que todos supiéramos algo consistente acerca de la violencia sobre la mujer, su historia, la violencia de género y los medios de comunicación.
¿Y de la acción popular qué sabemos? ¿Qué es eso de la doctrina Botín? ¿Y del delito del odio, del que todos se acusan ahora unos a a otros? ¿Y de la prisión preventiva, que parece que a unos toca y a otros no, y sus motivos? ¿Y de la prisión permanente revisable? ¿O del jurado, cuando a muchos nos puede tocar ser parte de él?
Y así podríamos seguir, por capítulos de nuestra ignorancia y, al mismo tiempo, de nuestras ganas de saber: diferencia entre imputado, investigado y procesado; la inteligencia artificial en la justicia; los jueces robóticos, el Consejo General del Poder Judicial…
De todo ello nos instruye deleitando y nos deleita instruyéndonos el célebre y ejemplar juez-magistrado Manuel Marchena, a quien tanto debemos los españoles, en ese libro titulado: La justicia amenazada: Retos del derecho en una sociedad en conflicto. Que es la nuestra.