Dentro del ciclo sobre la Transición en Navarra, organizado por el Archivo Contemporáneo de Navarra, hablaron ayer cuatro sindicalistas muy conocidos en esos años. Todos ellos subrayaron la juventud de la clase obrera navarra de aquel tiempo -muchos de ellos venidos de los pueblos, hijos de labradores pobres o medianos, pero libres-, su espontaneidad, su generosidad, su ingenuidad también, expresión de una fundamental utopía, así como el sentido de unidad en lo fundamental, a pesar del laberinto de siglas, escisiones y derivas del sector sindical, explicado por los cuatro de diferente manera. Tema común fue la disonancia de la mayoría sindical navarra tan autónoma y tan radical en aquellos momentos, con los grandes sindicatos españoles, que en aquellos días se iban formando o conformando, y que, a la sombra de grandes partidos, iban a terminar alzándose con el santo y la limosna en el cuadrilátero de juego del mapa social y político español.
Todos los oradores – también en el coloquio final- recalcaron la importancia, la influencia y el servicio de la Iglesia navarra, especialmente de los sacerdotes jóvenes, de sus parroquias, conventos o comunidades de base en la lucha sindical y en la vida de esos luchadores.
Uno de ellos, habiendo reconocido el sectarismo manifiesto de su propio sindicato, acabó su turno hablando en favor del entendimiento entre unos y otros, entre la derecha y la izquierda para hacer posible el progreso del país…