¿Qué queda de la teología de la liberación?) (III)

 

                  En nuestros días, es lugar común que ese hecho mayor iberoamericano no se puede trasladar automáticamente a Europa occidental. Pero nadie podrá negar la existencia entre nuestro bienestar del cuarto mundo y tampoco la realidad del tercer mundo fuera de Europa y América, en el que, parcialmente, se sustenta la prosperidad del primero y del segundo.

Desde el punto de vista exegético y evangélico, no se puede prescindir de la identificación hecha por el magisterio eclesial, en las últimas décadas, de Jesús de Nazaret con los pobres, que no hace más que continuar una historia bimilenaria de doctrina y praxis, nacida de los Evangelios y de otros libros de la Biblia.

No hay más patente identificación que la que nos presentan las Bienaventuranzas del Monte, donde los pobres, con hambre y con sed, son calificados de bienaventurados o dichosos. La identificación de Jesús con los pobres es singular y única, de tal modo que los pobres son un verdadero sacramento, un signo eficaz de la presencia de Jesús en nuestra vida, más visible y eficaz, o, al menos, más carnal que el resto de los sacramentos.