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La película sobre Unamuno

 

         Mientras dura la guerra, la útima película de Amenábar, no es, afortunadamente, una película sobre la guerra civil, hecha por cineastas progresistas españoles. Es más seria que eso. No se ensaña con nadie, no ridiculiza a nadie. No miente, aunque los hechos que narra no estén del todo claros y haya varias versiones razonables sobe ellos. Algo es algo que no le hagan gritar a Millán Astray -el único personaje ridículo- aquello de ¡Muera la inteligencia!, sino ¡Mueran los intelectuales (los males intelectuales), que es lo que parece más cierto que gritó.

La película está centrada en don Miguel de Unamuno, y este el personaje principal-estupendamente interpretado por Karra Elejalde- de la obra, un drama histórico en torno a un hombre apasionado y complejo, contradictorio como a él le gustaba ser, lleno de dudas en todos los ámbitos de su vida, también en el político, pero siempre con el deseo de llegar a la paz por medio del conflicto inevitable, y a la convivencia a través de la diferencia y de libertad. Algo muy difícil para la España de entonces y hasta la de ahora.

Siendo una cinta de comienzos de nuestra guerra civil, cualquier personaje, cualquier palabra o diálogo, cualquier escena, deviene interesante y hasta apasionante. Pero la clave está en don Miguel, el intelectual insobornable, el único, el singular, el que no quiso dar nunca el brazo a torcer, ni siquiera ante Dios, que le sacaba de quicio.

De votaciones

 

Me encuentro, al ir a votar, con María Luisa:

– Voy a cambiar el voto.
– ¿Por qué no?
– Voy a votar a VOX.
– Tú sabrás.
– A ver si pone un poco de orden.
– No creo. Al contrario.

De vuelta casa, leo un artículo vehemente de Jordi Évole en La Vanguardia. Va votar contra la extrema derecha y bla,bla, bla. No dice a quién va a votar, pero todo da a entender, y con las críticas que hace a Sánchez, que votará a la extrema izquierda, a la que nunca ha llamado así, ni llama, ni llamará. Él debe de creer también, como María Luisa, pero al revés, que pondrá un poco de orden. Y yo pienso:

No creo. Al contrario.

Pérez Galdós ¿anticlerical o cristiano evangélico? (y II)

 

         A la hora de juzgar sus novelas, dice Germán Gullón, hay dos actitudes distintas. En la primera, a la que pertenece Doña Perfecta (1876) su actitud es muy crítica con la Iglesia católica, no con la religión. De la misma opinión es Rosa Amor, que a esa novela añade Gloria (1877) y Casandra (1905), donde ataca el autor ritos y supersticiones, y sobre todo Electra (1901), que levantó un verdadero escándalo social, bien aprovechado entonces por colegas escritores como Azorín, Baroja, Maeztu o Unamuno…, y toda la prensa anticlerical, que era mucha.

Pero dentro de la segunda de las actitudes mencionadas por Gullón cita éste, en la tercera época galdosiana, las denominadas novelas espiritualistas, como Ángel Guerra (1891) o Nazarín (1895), en cuyos personajes protagonistas están encarnados los valores cristianos. Quizás sea Misericordia, una de las obras maestras de la narrativa española, la novela que mejor muestre la raiz cristiana de la ideología de Galdós. Y Amor añade a esta corriente otras novelas como Halma, Sor Simona, Miau, Alma y vida..., de las que dice: En ellas domina la liberación de la persona por medio de la redención y la búsqueda de una vida evangélica y verdaderamente cristiana. Por consiguiente denunció las malas obras de los hombres religiosos, que en nada tiene que ver con sus creencias personales o con su formación espiritual.

Según sus benevolentes exégetas,don Benito conocía tods las visiones posibles del Evangelio: la protestante, la calvinista, la metodista…, y en sui biblioteca había gran cantidad de libros de religión, comenzando por varias biblias y estudios teológicos.

Aunque conozco muchas obras de Pérez Galdós, mi conocimiento de toda su obra no es suficiente como para dar un juicio justo,  ni en este ni en otros puntos. Los estuidiosos de un autor suelen ser casi siempre parciales en sus juicios. El anticlericalismo, de por sí -otra cosa suele ser el antieclesialismo-, no está reñido, como bien sabemos, con el cristianismo, ni con el evangélico ni con el sociológico. Me alegra que estos dos grandes expertos distingan unas obras de otras, que suele ser un criterio acertado. Buena ocasión será el centenario para hablar de Galdós y de algunas de su mejores obras.

Pérez Galdós, ¿anticlerical o cristiano evangélico? (I)

 

       En vísperas del centenario de Benito Pérez Galdós (Las Palmas, 1843-Madrid.1920), el autor español más leído después de Cervantes, una exposición instalada en la Biblioteca Nacional de Madrid, celebra su vida y su obra con el título Benito Pérez Galdós: La verdad humana. Y sobre su verdad humana como sobre su verdad religioso-divina hace ya mucho tiempo que se levantó una polémica interminable, que no ha cesado todavía. Ya es lugar común que el maestro don Marcelino Menéndez Pelayo, que le tildó en su juventud de heterodoxo, más tarde devino su amigo, se empeñó en que entrase en la Real Academia Española, lo que consiguió, y contestó al discurso del novelista al entrar en la docta casa, en febrero de 1897: Galdós -dijo don Marcelino- ha padecido el contagio de los tiempos, pero no ha sido nunca un espíriu escéptico ni un espíritu frívolo. No intervendría tanto la religión en sus novelas, si él no sintiese la aspiración religiosa de un modo más o menos definido y concreto, pero indudable.

El escritor y crítico literario Garmán Gullón, catedrático emérito de la universidad de Amsterdam, comisario de la exposición, declara a la revista católica VN que Galdós no era anticlerical, pero sí muy crítico con la Iglescia católica. Y la directora de la revista de estudios galdosianos, Isadora, Rosa Amor del Olmo, asevera que nadie ha escrito mejor de la cuestión religiosa en España. Y continúa:  La posición de Galdós frente al catolicismo siempre fue crítica y analíticamente razonada, pues, según él, la Iglesia intervenía excesivamente en la vida social, en la educación, en la moral.

En cuanto al lema que preside la exposición, Amor señala que la opinión del novelista canario fue siempre abierta a la búsqueda de la  Verdad, a ser consecuente con lo que se cree, sea cual fuere la religión, y a ser abiertos a la libertad de cultos. Pensaba él que si en España existiera esa libertad se levantaría la prodigiosa altura del catolicismo, se depuraría la nación del fanatismo y (…) ganaria muchísimo la moral pública y las costumbres privadas, seríamos más religiosos, más creyentes, veríamos a Dios con más claridad, seríamos menos canallas, menos perdidos de lo que somos. Cuesta un poco creer en tamaños efectos, casi taumatúrgicos, de dicha  y sola libertad, pero así debía de pensarlo don Benito, y sin duda que en algo acertaba,

Entre viñedos y dólmenes

 

        En uno de esos sábados multicolores del último octubre, que nos ha regalado la pertinaz sequía otoñal, volvemos, cómo no, a nuestra dilecta Rioja alavesa. Al pasar por Laguardia, recordamos que la última vez que vimos la bodega Ysios, estaba enferma de goteras y humedades. La cosa acabó en un contencioso -uno más- contra su prestigioso arquitecto Santiago Calatrava, que se resolvió afortunadamente de forma amistosa. Hoy luce como lucía el año 2001, cuando su creación. Bajo los farallones de la sierra Cantabria, y  teniendo a sus pies un extenso viñedo de colores vivaces, el edificio rectangular de 26 metros de longitud muestra sus muros revestidos por lamas verticales de madera tratada con sales de cobre, en una línea sisusoide, que evocan una hilera de barricas. Las vigas de madera de la cubierta describen una superficie ondulada, que se encresta en el centro del espacio, sobre la puerta sur, en forma piramidal. Fulgura al sol el aluminio del acabado exterior. Y en el breve  estanque que ocupa toda la fachada meridional se refleja la estructura arquitectónica como en un espejo complaciente. La entrada, por occidente, la guardan dos filas severas de cipreses, y todo el flanco norte del muro, rodeado de vilñas,  lo escalan, lo dibujan y lo pintan  de otoño intenso las invitadas parras vírgenes, que uvas no dan, pero sí decoro, elegancia y belleza.

Echamos en la cesta casera unas cuantas uvas tempranillos de la viña más próxima, ya vendimiada, que completaremos en otra viña garnacha más adelate, y visitamos de nuevo, en esta tierra abundante de restos megalíticos, los dólmenes-corredor más próximos, San Martín, en la esquina de otra viña alta, y El Sotillo, cerca de un camino, en un antiguo encinar.

A sólo unos kilómetros vemos por vez primera, en el término de San Millán, al nordeste de Samaniego, el letrero de una bodega  con el nombre legendario de Rothschild. ¿Qué es esto? Subimos por la falda de la sierra. Muy cerca arranca el espeso encinar que asciende hacia la cumbre. Ya no nos acordábamos de que un 16 de junio de 2017, el rey Juan Carlos, acompañado del lehendakari Urkullu y la ministra de Agriculltua García Tejerina, descubría la placa que daba fe de la inauguración de la bodega Macán, obra conjunta de la familia Rothschild bordelesa y de la familia Vega Sicilia de Riberas del Duero. Nada menos. El proyecto arrancó el año 2003 y, seis años más tarde, se vendía la primera cosecha Macán. («Macanes» es el epónimo de los habitantes de la vecina villa de San Vicente de la Sonsierra, donde la bodega tiene también viñedos).  Desde fuera parecen tres naves independientes en diferentess escalas de terreno. Pero las tres están muy bien relacionadas: cada una de ellas aloja una actividad principal: elaboración, envejecimiento y expedición, identificadas, respectivamente, con el agua, la tierra y el sol. Cada una de ellas se prolonga en un pórtico de grandes dimensiones para proteger los accesos de la luz del sol y de la lluvia. La bodega se adapta a cuatro niveles de terreno, en proceso por gravedad. Los niveles están conectados por escaleras y plataformas elevadas para pasarelas y carga. La zona social, y separada, de la bodega, concebida como un satélite de la misma, se eleva en la parte más alta del conjunto, entre un viñedo experimental y un bosquete de encinas.

Un descubrimiento. Y cuántos tal  vez por descubrir.. Y es que La Rioja riojana y La Rioja alavesa han sabido unir la riqueza de un viñedo incomparable con la riqueza arquitectónica, artística, turística…, que hacen de ellas no sólo un terroir, sino un territorio singular.

«… ubi pecunia regnat»

 

Me quedo un rato meditando la frase que Petronio, en la primera parte del Satiricón, pone en boca de Ascilto, desconfiado de los procedimientos legales

         ¿De qué sirven las leyes donde sólo reina el dinero, donde la pobreza nunca puede salir triunfante ? (¿Quid faciant leges, ubi pecunia regnat…?)

Y pienso en múltiples casos, sociales, culturales, religiosos… Si allí reina y gobierna el dinero, suyas son las leyes verdaderas. ¿Qué otras leyes puede haber, qué otras leyes pueden prevalecer? ¿Qué sentido y qué posibilidades puede tener la pobreza y sus razones? ¿Y hasta su mismo nombre?

¡Ubi pecunia regnat!

Esteban y el fascismo

 

        Me extrañó la actitud de Aitor Esteban -¿de dónde vendrá ese Esteban?, se preguntarán los nacionalistas  vascos exacerbados-, al hacer la cobra al representante de VOX en el plató televisivo, por franquista, por fascista, según declaró después a bombo y platillo. Qué valiente.

(De verdad, ¿no habrá dado Esteban hasta ahora la mano a ningún franquista  y hasta a algún fascista, ni siquiera en la intimidad? Ni siquiera a algún fascista entre los que alardean de «antifascistas», según la aguda definición de Oriana Fallaci?).

Y volviendo a la común historia, ya que tantas manos de batasunos y bildutarras ha estrechado el celoso y zelante Esteban, sin manchárselas siquiera, ¿qué marxista leninista o que etarra-batasuno le han convencido, como a tantos millones de pobres gentes, de que todo enemigo, y hasta no amigo, del leninismo, o que todo enemigo de ETA-Batasuna,  y hasta no amigo, es ya, por eso mismo, fascista, y no debe dársele la mano?

La pobreza en la Biblia (y III)

 

         Los libros del Nuevo Testamento reflejan la pobreza de las masas estrujadas primero por Herodes y luego por la administración romana. Pablo de Tarso consagrará parte de su actividad misionera por Oriente a recoger dinero para la comunidsd cristiana de Jerusalén. Con este motivo el apóstol de los los gentiles evoca la pobreza de Jesús, a quien los Evangelios presentan como particularmente atento a la piedad y al destino de los pobres. A ellos, como lo había predicho el profeta Isaías, se anunca la buena noticia de Dios.

Al especificar que se trata de pobres en el espíritu, el evangelista Mateo, que corrige o completa al primer evangelista Marcos (10, 1) parece desviar hacia una cualidad espiritual la fuerza primitiva de la bienaventuranza, la cual consideraba la pobreza efectiva, practicada en la Iglesia de Jerusalén, que vivía la comunidad de bienes, a semejanza de los esenios, que no poseían nada propio. La pobreza en el espíritu (Ap 2,9) refleja tal vez un cambio de perspectiva debido quizás al retraso de la parusía.

Según Édouard Lipinski, orientalista y biblista de la universidad de Leuven, a quien sigo, la expresión, tan enigmática y mal entendida siempre, se encuentra ya en Qumrán, donde los pobres en el espíritu son lo opuesto a los que tienen el corazón endurecido. Se trata, pues, de aquellos cuyo espíritu es sumiso y dócil a la palabra de Dios.

La pobreza en la Biblia (II)

 

         Los Libros Sapienciales –Salmos, Proverbios, Sabiduría, Eclesiástico, Eclesiastés-, que a menudo reflejan el punto de vista de los ambientes acomodados, buscan en otras partes los motivos de la pobreza. La atribuyen a  especulaciones aventuradas; a la búsqueda de placeres; a la indolencia, y sobre todo a la pereza. Reflejan así el punto de vista de los que creen en la retribución temporal: para éstos la riqueza es una recompensa de la virtud y la pobreza un castigo en esta vida. Es la falsa idea que vino a combatir el libro de Job.

La otra línea de pensamiento en esos mismos Libros, de la que se hacen eco los profetas mencionados, parte, en cambio, de la experiencia vivida y de los hechos: ricos malvados e impíos oprimen a los pobres, amados de Dios.

Así se inicia la transposición espiritual del vocabulario de la pobreza, por la que a los carentes de tierra se les asimilará a los que buscan a Dios y saldrán ganadores cuando el rey justo se manifieste en todo el esplendor de su justicia, es decir, de su verdad.

La pobreza en la Biblia (I)

 

        La pobreza individual, al parecer, no se hizo presente en Israel como fenómeno social de cierta envergadura hasta el siglo VIII a. C. Fue el resultado de un proceso de diferenciación socio-económica desencadenado por la institución monárquica: la creación de una clase de funcionarios y el desarrollo de los talleres sociales y del comercio. Los notables se construían casas lujosas; organizaban festines, y sus mujeres se engalanaban con objetos preciosos. Tanta riqueza corría parejas con los préstamos usureros y contratos abusivos hechos después de malas cosechas, y  con las expropiaciones reales, a veces ilegales.

Los labradores menos acomodados se veían abocados, tarde o temprano, a perder sus tierras, mientras los ricos se hacían con grandes extensiones de propiedad, recurriendo a la especulación y al fraude,  corrompiendo a los jueces y mostrándose despiadados.

Los profetas emprendieron la defensa vehemente de esta pobre gente, mientras la Ley los protegía, prohibiendo la usura, promulgando el precepto de la limosna, protegiendo al obrero a sueldo y obligando a devolverle al deudor pobre su prenda antes de la puesta del sol.

Los libros del Pentateuco, qu recogen esta historia casi desconocida son el Éxodo, el Levítico y sobre todo el Deuteronomio. Los dos libros de Samuel y los dos libros de las Crónicas. Los profetas más explícitos y comprometidos fueron Amós, Oseas, Isaías, Jeremías, Ezequiel  y Miqueas.