Los libros del Nuevo Testamento reflejan la pobreza de las masas estrujadas primero por Herodes y luego por la administración romana. Pablo de Tarso consagrará parte de su actividad misionera por Oriente a recoger dinero para la comunidsd cristiana de Jerusalén. Con este motivo el apóstol de los los gentiles evoca la pobreza de Jesús, a quien los Evangelios presentan como particularmente atento a la piedad y al destino de los pobres. A ellos, como lo había predicho el profeta Isaías, se anunca la buena noticia de Dios.
Al especificar que se trata de pobres en el espíritu, el evangelista Mateo, que corrige o completa al primer evangelista Marcos (10, 1) parece desviar hacia una cualidad espiritual la fuerza primitiva de la bienaventuranza, la cual consideraba la pobreza efectiva, practicada en la Iglesia de Jerusalén, que vivía la comunidad de bienes, a semejanza de los esenios, que no poseían nada propio. La pobreza en el espíritu (Ap 2,9) refleja tal vez un cambio de perspectiva debido quizás al retraso de la parusía.
Según Édouard Lipinski, orientalista y biblista de la universidad de Leuven, a quien sigo, la expresión, tan enigmática y mal entendida siempre, se encuentra ya en Qumrán, donde los pobres en el espíritu son lo opuesto a los que tienen el corazón endurecido. Se trata, pues, de aquellos cuyo espíritu es sumiso y dócil a la palabra de Dios.