Archivo del Autor: vmarbeloa

De las Bardenas a los Sotos de Alfaro

 

                 Vamos un rato a las Bardenas Reales, a nuestra Reserva de la Biosfera, a ver cómo han quedado tras las últimas y escasas lluvias; a ver cómo el sol de membrillo de noviembre les saca el color más vivo a las lábiles rocas areniscas y calizas, y a contemplar una vez más el permanente milagro de la sostenibilidad de los pocos cerros testigos que nos quedan.

Y una vez que volvemos por enésima vez a un lugar que nos gusta tanto, a la vez que nos alegra y mucho el éxito de visitantes que ha conseguido nuestra Reserva, lamentamos que la ruta del largo acceso a la misma no esté un poco más cuidada, y que el carretil que parte de Arguedas no sea un poco más ancho y un poco menos peligroso para los conductores.

Van y vienen tantos coches, tantas camionetas y sobre todo tantas caravanas y bicicletas, que llegamos a pensar si no habrá algna fiesta o o alguna competición. Y no, nada de eso: es el puente de noviembre, lleno de pasajeros españoles, franceses, y algunos más. Cuando pasamos cerca de las instalaciones militares del Polígono de tiro -hoy, Día de Difuntos, con bandera nacional a media hasta, colgada de la cruz- vemos un montón de gente alrededor del cerro testigo más espectacular después del paradigmático Castiltierra: unos arriba, otros subiendo, otros  bajando, y otros, entre sisallares, ontinares y espartales, de color ocre-pajizo, acercándose a él a fin de contemplar de uno u otro lado los efectos estéticos de la erosión laminar en la cima y el juego de colores otoñales en las cárcavas y bad lands. Y en esto que un guarda de seguridad detiene su coche en el carretil que lleva a las instalaciones y comienza a gritar  que todo el mundo se retire de las cercanias del cerro:

– ¡Peligro de erosión!

Alguna gente no le entiende y otros no saben qué pensar. Después de unos minutos de desconcierto, el movimiento de los más convence a los menos y no queda un alma en derredor. Nos acercamos y, agradeciéndole su ingrata tarea al guarda uniformado, le decimos que lo que falta es una clara señalización, como la que hay en torno a Castiltierra. Y le prometemos decírselo directamente a la dirección de la Junta de Bardenas, tan apreciada por nosotros.

Aunque hay un poco de agua en algunos barrancos, ha llovido muy poco todavía en las Bardenas. Sólo en muy pocas sernas hemos visto el suave bozo verde del cereal. Volvemos por la vía principal, muy bien cuidada, y nos vamos por Castejón hasta los Sotos de Alfaro, para ver el otoño en uno de los paseos fluviales más hermosos de España. Pero antes, una vez llegados, vemos la fachada de San Francisco, iglesia hace tiempo cerrada, toda habitada de nidos de cigüeña y al patrón de la misma en el centro de la misma, dedicado ya solo a las aves hermanas. No vemos una cigüeña ni por excepción. ¿Será el invierno más frío de lo que se dice?  En cambio, la solemne Colegiata se ha librado de todos los nidos, que la hacían tan singular, y han dejado uno solo, no sé si por heráldica natural.

En el camino de los Sotos, hay todavía frondosas plantaciones de peras con las peras colgando, y una de manzanas sonrosdas, que es maravilla de ver. En el camino hacia el río viene un señor con tres perros, dos sueltos y uno atado. Para estos casos, la maquila siempre viene bien. El otoño no ha caído de lleno aún sobre los aledaños viveros naturales de álamos,  y sobre la espesa fronda de las orillas. Sólo sobre los álamos o chopos blancos y sobre los saúcos, pero no sobre los fresnos, las mimbreras o los tamarices. El Ebro pasa manso y reducido. Comparado con el de la marca que deja en sus crecidas en los árboles del entorno, es sólo un niño pequeño y educado. En una de las isletas que forma el cauce y en las orilla que recorremos, se amontonan las ramas caidas de los troncos y aun troncos enteros.

La tarde es corta. Nos despiden con sus luces de noviembre los rodales de chopos lejanos, a  un flanco y otro de nuestro camino. Las hojas últimas de los álamos son muy cariñosas: no se caen sin decirnos muchas veces adiós.

Todos los Santos

 

 

Todos los Santos
son muchos santos.

Santos y santas,
tantos y tantas.

Vivos y muertos:
¡todos despiertos!

Santos celestes,
santos terrestres.

Reconocidos,
desconocidos.

Santificados
o machacados.

Comunidad
de humanidad
y de humildad
ante el más santo,
el solo Santo,

tres veces Santo:
la Santidad.

Santos, no dioses,
sólo altavoces
de un solo Dios:
¿Quién como Dios? 

***

Todos los santos
son muchos santos.

Santos y santas,
tantos y tantas.

¿A quién votar?

 

        Todavía hay buenas personas que dudan a quién votar y reflexionan y hasta se preocupan por ello. Nunca he dicho a nadie a quién voto y nunca he recomendado a nadie a quién votar. Pero si alguien me lo pregunta, le digo cosas elementales como éstas:

Si dudamos a qué partido votar, dejémonos guiar por estos criterios: a) qué hizo en la anterior legislatura; b) qué dice que va a hacer ahora (programa, declaraciones, entrevistas…); c) y quienes van a hacerlo.

Si ningún partido nos merece plena o relativa confianza, pensemos si podemos, al menos, impedir que ganen los peores, y votemos a los menos malos.

Si ni siquiera sabemos quiénes son los peores y los menos malos, votemos en blanco, que es el voto de la duda, pero también el voto del disenso, de la disconfomidad, de la protesta.

Todo… menos dejar de votar.

Últimos aforismos

 

Los que pelan mucho la pava pueden quedarse sin ella.

Más vale a quien Dios ayuda / que a quien mucho madruga, canta el refrán, vivo ya en el siglo XV. Alguien, después, intentó conciliar los dos términos opuestos del dístico.

Reprochaba La Lozana andaluza a sus clientes romanos que cada uno e ellos pensaba tener un duque en el cuerpo. Pero ya existía en ese tiempo la expresión popular de tener en el cuerpo un rey, como en la popular jota navarra de Larregla. Los navarros, por lo visto, somos monárquicos por fisiología.

Del monte sale / quien ell monte quema. Salvajes montaraces.

 

El «camino sinodal» de la Iglesia alemana

 

           Respondiendo las críticas levantadas en algunos círculos del Vaticano y en otras partes de la Iglesia ante el anuncio del «camino sinodal» de la Iglesia católica en Alemania, a partir del próximo Adviento, 1 de diciembre, el cardenal arzobispo de Munich, Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana y uno de los principales apoyos del papa Francisco en la reforma de la Curia y de la economía vaticana, declaró tajantemente tras la última Asamblea anual en Fulda que no existe ninguna confrontación con Roma; que no tomarán un camino diferente a ella; que seguirán en comunión con la Iglesia universal y  que no crearán tensiones para dividirla y menos para destruirla.

Pero, añadió el mismo cardenal: la Iglesia universal está en movimiento. A él le gustaría emprender un largo viaje en el tiempo, hacia el pasado y hacia el futuro: mil años hacia adelante para ver cómo se encontrará la Igiesia en ese momento, y dos mil hacia atrás para ser testigo directo de la vida y predicación de Jesús.

En la Asamblea de obispos alemanes, junto al testimonio del representante de las víctimas -que pidió como restitución a cada una de ellas una cifra exorbitante de dinero-, se presentó un informe elaborado por expertos académicos y políticos sobre los abusos sexuales en el seno de la iglesia católica alemana, concretado en 3.700 casos de  niños y jóvenes por parte de 1.670 eclesiásticos entre 1946 y 2014. Sin que esa sea toda la causa de la actual crisis eclesial en el país, lo cierto es que el año pasado la abandonaron 200.000 fieles. De los 23 millones de bautizados, entre una población de 83 millones en todo el país, sólo un 9,3% asiste a la eucaristía dominical, y el número de sacerdotes no para de disminuir: de los 17.000 a comienzos de siglo XX, el año pasado eran solamente 1.161.

La Comunidad de Mujeres Católicas Alemanas reivindicó durante la primera jornada de la Asamblea episcopal una verdadera igualdad de sexos en la Iglesia: Queremos ser visibles y audibles. Y la Comunidad Juvenil Católica exigió estructuras valientes en la Iglesia.

Hay que seguir atentos a este camino sinodal de la Iglesia Católica alemana. No me extrañaría que, tras el Sínodo de la Amazonía, que acaba de clausurarse en Roma, sea uno de los prolegómenos del próximo Concilio, que cada día se acerca más: Se pueden promover muchas cosas -dijo también, y no por nada, en esa ocasión el cardenal Marx-: cambios en el Derecho Canónico: llevamos viendo eso desde los años 70; se puede llevar también legítimamente a un concilio, no está prohibido.

 

«Santo vientre virginal…»

 

(A la Virgen del Rosario)

Santo vientre virginal,
virginidad limpia y pura,
misterio de gran altura,
consistorio divinal:
remedio de nuestro mal,
fuente de nuestro consuelo,
tálamo y trono real,
casa del rey celestial,
escala y puerta del cielo.

                (…)

Eres tú reina del clelo,
socorro de pecadores,
eres de todos consuelo;
quien recela algún recelo
luego invoca tus favores
y te llama
aquel que te sirve y ama
que remedies sus dolores.

(jUAN DEL ENZINA, s. XVI)

De Baigorri a Cambó-les-Bains, volviendo por Espelette

 

         Contemplar los hayedales de Quinto Real, el País de Quinto, ya es una fortuna a finales de octubre. Nos detenemos en Alduides (Aldude), y volvemos a leer en la portada de la gran casona del siglo XVII, junto a la iglesia, la inscripción: «Soy del Valle de Erro». En el parque de Baigorri, junto a la airosa escultura del mariscal Harispe, al pie del ensangrentado Arriola, al rumor del Errobi y frente al castillo de los Echauz, levantado en el siglo XI,  devoramos nuestra comida campestre.

Es este un recorrido de ida y vuelta, varias veces llevado a cabo, varias veces admirado y descrito, envuelto en nostalgias para mí. En Cambó (casi 7.000 habitantes), paseamos por la villa alta, villa-jardín. Tomamos un café en el bar «Le Chiquito», en honor de Chiquito de Cambó, y visitamos la iglesia de San Lorenzo, que tiene todo el presbiterio en obras. Esta vez dejamos para otra fecha la villa termal y visitamos de arriba abajo y de abajo arriba la villa baja, la agrícola, menestral y ferroviaria, frente a la fértil llanura aluvial del Errobi, dominada por las relucientes hiladas de pimientos.

A la vuelta, pasamos por Espelette (2000 habitantes), una de las tres aldeas malditas y sacrificadas por la Revolución de 1793 y hoy una constante atracción turística Al pie del Mondarrain, la nueva villa turística y comercial creció en el altillo occidental sobre el núcleo histórico, donde se levanta la iglesia del XVII y pasa el rio silenciosamente entre huertas. La feria del pimiento lo llena hoy todo y la villa está animadísima con guirnaldas de pimientos en ventanas y balcones; puestos innumerables de pimientos en todas sus variantes y de todos los productos del Pais, con exquisitas degustaciones; bandas de música, y multitud de visitantes, mayormente de Labort y Ultrapuertos. Un coro vasco llena  la iglesia parroquial. Desde el año 2000 la producción del pimiento en todo el valle del Nive recibe la calificación oficial de AOC Piment d´Éspelette-Ezpeletako Biperra.

En las salas altas del alto y robusto castillo renacentista vemos una exposición especial sobre el pimiento, su producción y comercialización, y una permanente sobre algunos hijos iustres del pueblo: Armand David, el botánico, naturalista y misionero católico en China, descubridor del oso panda gigante; la bella Agnes Souret, Miss France en el primer concurso, el año 1920; el cardenal Roger Etchegaray; Jean Duvoisin, escritor en euskara… Hace unas semanas, las esposas de los líderes del G-7 visitaron el castillo y se dieron un garbeo por el pueblo.

Sobre memoria histórica

 

       Estos días, todo el mundo habla de memoria histórica. Sobre este punto hay que andarse con cuidado e incluso con pies de plomo. No sea que quienes suelen estar dispuestos a pensar y hablar mal, que son muchos, tengan ocasión de llamarnos franquistas y aun fascistas a todos los que, preferimos la historia a la memoria, siempre limitada y selectiva, y la reconciliación a una permanente guerra civil.

El nombre, además de redundante (toda memoria es histórica), no da razón a los buenos propósitos que tuvieron algunos, al menos, de los que prepararon la ley y el movimiento consiguiente. Y sólo la historia, que es omnicomprensiva y de suyo rigurosa, puede cumplir las exigencias de justicia, reconciliación y paz.

El hecho de que el tiempo de la Segunda República no entre en los objetivos de la llamada Memoria Histórica hace imposible que se entienda con ecuanimidad ni el tiempo de la guerra civil ni el tiempo de la posguerra. Quien haya estudiado a fondo los años 1931-1936 sabe lo que quiero decir.

Y la tarea intelectual de muchos de nosotros es seguir estudiando ese período e ir diciendo lealmente nuestra opinión y, si es posible, nuestro conocimiento.

¿Cualquiera tiempo pasado fue mejor?

 

En El Corbacho, uno de los primeros libros en buena prosa castellana (1438), predecesor  de La Celestina, y que lleva como subtítulo Reprobación del amor mundano, Alfonso Martínez de Toledo, arcipreste de Talavera y capellán del rey Juan II de Castilla, es ya por entonces muy pesimista respecto de su tiempo, sobre todo en  cuestiones de moral sexual. Tanto, que bien parece que el fin del mundo ya se demuestra de ser breve.

Y en tanto y a tanto decaimiento -escribe el buen arcipreste- es ya el mundo venido, que el mozo sin edad y el viejo fuera de edad ya aman a las mujeres locamente. Eso mismo la niña infanta, que no es en reputación del mundo por la malicia que suple a su edad, y la vieja que está fuera del mundo, digna de ser quemada viva; hoy estos y estas entienden en amor y, lo peor, que lo ponen por obra.

Piensa el mismo autor que hasta entonces ni el hombre ni la mujer de 20 años apenas sabían qué era amor, mientras ahora no es para decirse lo que el hombre ve, que sería vergonzoso de contar. En este pecado, según el riguroso moralista, que escribe la sátira más famosa del siglo contra las mujeres (y también contra los varones), ya no se guardan fueros ni leyes, amistades ni parentescos ni compadrazgos; todo va a fuego y a mal. Y lamenta especialmente el número de matrimonios que se deshacen de hecho hoy día, aunque no de derecho.

Si exceptuamos la cuestión del derecho, podría tener cualquier lector de estos párrafos al arcipreste de Talavera, tan distinto del de Hita, por un severo predicador de nuestros días.