(A la Virgen del Rosario)
Santo vientre virginal,
virginidad limpia y pura,
misterio de gran altura,
consistorio divinal:
remedio de nuestro mal,
fuente de nuestro consuelo,
tálamo y trono real,
casa del rey celestial,
escala y puerta del cielo.
(…)
Eres tú reina del clelo,
socorro de pecadores,
eres de todos consuelo;
quien recela algún recelo
luego invoca tus favores
y te llama
aquel que te sirve y ama
que remedies sus dolores.
(jUAN DEL ENZINA, s. XVI)