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V. Zelenski, icono mundial de la dignidad del hombre

 

                           La verdad es que todavía me dura la conmoción que viví durante el encontronazo de Trump, Vance y sus cuadrilleros con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, invitado de piedra, pero de piedra arrojadiza, en el despacho oval de la Casa Blanca, en Washington.

Fárragos y bachillerías aparte, vayamos al meollo del acontecimiento.

Por mucho tiempo, años y siglos tal vez, pero también mañana, pasado mañana y en tiempos sucesivos, este hombre pequeño de estatura, de recia complexión, moreno de rostro, de expresión múltiple, vestido de militar combatiente de una guerra de liberación, no querida, templado por las adversidades, avezado a todo lo peor de la vida, aparecerá a las generaciones que habitan y habitarán el planeta Tierra como el hombre que mantuvo el tipo delante del Herodes y del Pilato actuales del Imperio, no se amilanó un segundo, rebatió lo que pudo en el exiguo tiempo que le dejaron, defendió su causa con argumentos irrebatibles, en ningún momento dejó de ser  agradecido, pero tampoco firme en sus principios y leal a su conciencia.

El hombre que no vendió su alma y el alma de su pueblo al diablo.

El icono mundial de la dignidad del hombre, primera nota constitutiva del ser humano.

¿Qué premio mayor?

Trump  y  Vance, así, sin nombre, pasarán pronto, pero no dejarán de pasar como símbolos del desprecio, del rencor, del odio, de la venganza de los poderosos. De su poder corrupto y corruptor. Como símbolos del Mal.

La Comunidad apostólica (VII)

 

     Según Hechos 2, 42-47, los primeros cristianos perseveraban también en la unión fraterna y en las oraciones. y se añade:

Pero el temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes estaban de acuerdo y tenían todo en común, vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

En el cap. 4,  32 se insiste en lo mismo:

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común.

Y, tres versículos después:

No había en ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de las ventas y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad. 

La unión fraterna es la fuerza de los miembros de la comunidad, que comparte una fe única y una vida solidaria. Es relevante la insistencia de Lucas sobre la comunidad de bienes. Los primeros cristianos aparecen a todas luces también como precursores de los apóstoles laicos, que en el siglo XIX creían que inventaban aquel principio: De cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades. Se cumplía así el precepto del año sabático en Israel (Deut 15, 4) de que no hubiera un pobre entre los suyos.

Las oraciones de los primeros cristianos tenían lugar en los encuentros familiares o caseros, como aparecen con frecuencia en el segundo libro de Lucas, y en el culto sinagogal. así como en el templo de Jerusalén. En el primer capítulo de los Hechos, tras la Ascensión de Jesús a los cielos, es lo primero que se nos dice de la comunidad de los apóstoles en Jerusalén: Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús y de sus hermanos.

En el citado capítulo 4, 33 se nos recuerda que los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con gran poder, es decir, con prodigios y signos, como se escribe dos capítulos antes. En los Hechos (de los apóstoles) vemos frecuentemente exorcismos, curaciones, y hasta resurrecciones, señales todas de la presencia del Reino.

En ambos lugares también se nos dice que esos primeros cristianos gozaban de  la  simpatía de todo el pueblo (2, 47) o gozaban todos de gran simpatía (4, 33). Frente a la persecución de las autoridades judías, con la connivencia a veces de las autoridades romanas, la benevolencia y el favor del pueblo. Justa consecuencia de su ejemplo de vida y de las buenas obras llevadas a cabo por los apóstoles en las primeras comunidades es que el Señor agregaba al grupo a los que se iban salvando (Hch 2, 47), identificando así la Iglesia con el Resto de Israel.

Contra los «muros de ignominia» de Trump

 

                       Cuando, el otro día, traté de la demanda de los obispos norteamericanos contra el presidente Trump por haber suprimido las ayudas a los refugiados, se me olvidó referirme a la carta enviada por el papa Francisco, el día 11 de febrero, a esos prelados, en un gesto excepcional, con motivo del inicio de un programa de deportaciones masivas, expresando su desacuerdo con cualquier medida que identifique, de manera tácita o explícita, la condición ilegal de algunos migrantes con la criminalidad, y llamando a construir puentes que nos acerquen cada vez más y a evitar muros de ignominia.

El papa reconoce el derecho de una nación a defenderse de cualquier autor de crímenes, lo que tiene poco que ver con las deportaciones en masa de personas vulnerables y de familias enteras: Un auténtico Estado de derecho se verifica en el trato digno que merecen todas las personas, en especial los más pobres y marginados. Una política que regule la migración ordenada y legal no puede construirse a través del privilegio de unos y el sacrificio de otros.

Muchos comentaristas han visto en algunas palabras de esta singular declaración pontificia una alusión a otras palabras del vicepresidente J. D. Vance, católico ultramontano. En una entrevista con la cadena televisiva Fox, el  político republicano citó a san Agustín para querer decir que primero se ama a la familia, luego al vecino…. y así hasta, al final, amar al resto del mundo. Una visión del ordo amoris, que, según él, la extrema izquierda woke ha revertido. El papa, en cambio, añade en esta declaración que el verdadero ordo amoris es el que descubrimos meditando constantemente en la parábola del buen samaritano, es decir, meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos sin excepción. Lo contrario fácilmente introduce un criterio ideológico que distorsiona la vida social e impone la voluntad del más fuerte como criterio de verdad.

A las pocas horas de haberse hecho pública tal declaración pontificia, el responsable del programa migratorio de los Estadios Unidos, Tom Homan dejó este recado para el papa Francisco: Cíñase a la Iglesia católica y déjenos a nosotros el control de las fronteras.

Los cristianos anónimos

 

                           Para el teólogo jesuita alemán Karl Rahner (Friburgo de Brisgovia, 1904- Austria, 1984), tenido como el mejor teólogo católico del siglo XX, la palabra primigenia, clave y motriz del cristianismo es el amor al prójimo. Según esta doctrina, quien obra solidaria y amorosamente está en la órbita de la salvación, aunque no sea consciente de ello o no confiese explícitamente que Jesús es el Señor. Porque sus obras están diciendo más de lo que pueda proclamar de palabra o de lo que no dice explícitamente o, incluso, más de lo que pueda negarse a reconocer teóricamente.

La persona, que en pleno uso de su libertad lleva a cabo un acto positivo, según Rahner, está llevando a cabo, desde la perspectiva cristiana, un acto salvífico y sobrenatural. Allí donde se dé un acontecimiento de carácter positivo están actuando la caridad y  la salvación. Y esto es así, aunque la explicación posterior de tal acto no proceda palpable, sensible o explícitamente de la revelación positiva.

Claro que ese cristiano anónimo ha de buscar a Cristo mientras sea posible en el momento histórico en que le toca vivir y pasar así a un fase superior de desarrollo de ese cristianismo, lo que será una explicitación de algo que esa persona ya ha llevado a cabo en la profundidad de su existencia. Pero nunca dejará de ser algo accesorio, por muy importante que sea.

No todos los teólogos están de acuerdo con esta teoría, y uno de ellos es otro gran teólogo, Hans Urs Von Balthasar (Lucerna, 1905 – Basilea, 1988), para quien tal reflexión rompe la continuidad con lo que hasta ahora se ha tenido como cristianismo. Porque, si el Dios de la gracia es accesible por un comportamiento bueno del ser humano, no le parece que quede sitio para la encarnación y muerte de Cristo y para el testimonio de los mártires. Y hasta cree el gran teólogo suizo  que se trata de una teología de liquidación y almoneda (que),quiéralo o no, se acerca asintóticamente al ateísmo.

Duras, injustas palabras. Si la gracia de Dios -su presencia en hombre- solo fuera posible a través del conocimiento explicito y directo de la encarnación y muerte de Cristo y del testimonio de los mártires, Cristo debiera vivir y morir en cada siglo, qué digo, en cada generación, y en cada país, qué digo, en cada comarca y en cada ciudad. Y todavía podría no ser accesible. La reflexión de Rahner llena ese gran vacío, y está bien basada en la vida y en las palabras de Jesús (Bienaventuranzas y Juicio Final), y hasta en la lógica común del pensamiento humano. Lo contrario convertiría al cristianismo en una secta elitista e inmensamente minoritaria.

J. Borrell, doctor «honoris causa» por Comillas

 

                                En ninguna biografía he visto que Josep Borrell (Puebla de Segur, Lérida, 1947), hijo de panaderos, ingeniero industrial aeronáutico, economista, catedrático, varias veces ministro de España, presidente del Parlamento Europeo, Alto Representante  de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, vicepresidente de la Comisión Europea…, fuera alumno de jesuitas, y mira por dónde la Universidad de Comillas (Madrid), por vez primera desde que se retirara  de la vida pública, le nombra doctor honoris causa. 

En la presentación del doctorando, dijo el rector de dicha Universidad, Antonio Allende, que, si hay algo que define la carrera de Josep Borrell es su apuesta por la justicia social y el diálogo como ejes centrales del desarrollo político y social,  y añadió que la visión del político catalán refleja los valores que han caracterizado la educación jesuítica a lo largo de los siglos: el compromiso con la verdad, la búsqueda de la justicia y el deseo de construir un mundo más equitativo y solidario.

En su lección magistral, Europa entre guerras y elecciones, Borrell reconoció que la historia ya no la hacemos los europeos y ahora es un producto de importación, y este hecho nos ha unido: Nuestros hijos y nietos solo han conocido la paz  y pueden viajar desde Gibraltar hasta Helsinki: Las fronteras existen, pero no se ven porque somos ciudadanos de una unidad superior, un éxito histórico.

Asimismo puso en valor el papel histórico de la Compañía en la educación y en la evangelización. La educación jesuítica no solo ha sido un pilar de conocimiento, sino también un motor de transformación social a lo largo de la historia, formando ciudadanos comprometidos con el bien común, con una vocación de servicio y con un fuerte sentido de responsabilidad social, ofreciendo y combinando excelencia académica con un profundo sentido ético.

De mi archivo adolescente (VIII)

 

                   La tarjeta postal, así llamada en el centro, de color amarillo paja, lleva por título en el ángulo superior derecho: El Pensamiento Navarro, con las tres mayúsculas en rojo, y el lema, debajo, de Dios, Patria y Rey, Leyre, 18 y 20, Pamplona, teléfono 2845. En el ángulo superior izquierdo se recuerda que es El más antiguo de Navarra, 2 ediciones diarias, y resume los trabajos que presta en sus Talleres de Imprenta y en los Talleres de Fotograbado (en letra roja). En medio de la postal, está trazado a lápiz un crismón, emblema de Cristo vencedor, y la fecha: 22-8-52.

Me escribe Miguel Ángel Astiz, entonces redactor-jefe del periódico, que había sido  joven requeté en la guerra y era amigo de mi tío Agustín, que solía colaborar en el diario y me presentó un día en que visitamos la sede del mismo. Años más tarde, antes de que se cerrara el diario carlista navarro, Miguel Ángel fue nombrado redactor jefe o subdirector de La Gaceta del Norte, de Bilbao; se trasladó allá con su familia y le perdí de vista.

Había publicado yo en  El Pensamiento, la Navidad anterior, un primer villancico, y luego comencé a enviar algunos artículos en prosa. Uno de ellos sobre San Francisco de Javier, en el que aparecía la cuestión de si el santo era (se consideraba) español. No tengo a mano ahora el original, entregado, como los demás, al Archivo Contemporáneo de Navarra, pero esa era la cuestión para  la censura.

Me dice Miguel Ángel, en letras de máquina de escribir:

Querido amigo: No he podido contestarte antes, porque como te habrás enterado por alguien que lea los «ecos de sociedad», del periódico, acabo de ser madre. Y el «cuarto golpe» en cuatro años de matrimonio, es como para trastornar la cabeza y el bolsillo, cuanto más la correspondencia del más tranquilo. Pero en fin, ya pasó la parte aparatosa, la cría ha entrado en la familia, y te puedo escribir.

No puede publicarse tu artículo, que te devuelvo, a causa de que así lo ha dispuesto la Censura, que sigue viva en cuestiones políticas. Me quedo los versos al Brazo, que me han parecido muy bien, para utilizarlos en la primera ocasión que venga bien, quizás con motivo de la peregrinación de los agricultores navarros a Javier el domingo.

Muchas gracias por todo.

Y dispón, con toda confianza, de tu buen amigo

Miguel Angel (a lápiz)

 

Una demanda contra Trump

 

                    La Conferencia de Obispos Católicos de los Estado Unidos de América (USCCB), fundada en 1966, presidida desde hace unos meses por el diplomático, teólogo y canonista Mons. Timothy Broglio, arzobispo castrense, presentó el 18 de este mes una demanda contra el Gobierno de Donald Trump por la supresión de la financiación para el reasentamiento de los refugiados en el país:

La Conferencia se encuentra de repente incapaz de sostener su trabajo para cuidar de los miles de refugiados que fueron recibidos en nuestro país y asignados  al cuidado de la USCCB por el Gobierno después de que se les concediera el estatus legal.

En la exposición de la demanda se pondera el error de la supresión de la ayuda financiera, que supone la violación de varias leyes, así como de la disposición constitucional que otorga el control de los fondos al Congreso, que ya había aprobado el financiamiento.

La Conferencia de Obispos  se ha visto obligada, provisionalmente, a despedir a 50 trabajadores de sus oficinas centrales en Washington, la mitad de su personal, y a recortar personal y gastos en las oficinas de Caritas, extendidas por todo el país.

 La Conferencia ha ayudado a casi un millón de personas en los últimos tiempos a encontrar seguridad y a rehacer su vida dentro de la Federación norteamericana.

Ana María Matute y Dios

 

                       Cuando solo faltan cinco meses para el centenario del nacimiento de la novelista catalana Ana María Matute (Barcelona, 1925-2014), una de las mejores novelistas europeas en español, se cierra  en Madrid la exposición biográfica Ana María Matute: Quien no inventa no vive, organizada por el Instituto Cervantes. 

 La autora de Olvidado rey Gudú (1996), de padres muy religiosos, habló muchas veces de Dios. Ya a mediados de los noventa,  en el libro de confesiones Ana María Matute: la voz del silencio, le dice a su amiga  Marie-Lise Gazarian, catedrática de Literatura Española en la Saint John´s University de Nueva York:

No soy católica en el sentido completo de la palabra. Lo soy porque me bautizaron, pero, aunque durante mucho tiempo no creí en Dio, ahora he cambiado. El Dios que me mostraban las monjas no me servía, pero he descubierto que hay un Dios para mí, tengo una idea personal de Dios. En mi fuero interno no sé si llamarle así. (…) Necesito alguien a quien pedir ayuda en los momentos más duros de mi vida. Quiero creer que hay algo, pero no tengo ninguna religión concreta ni practico ninguna. Pero sí me gustaría saber que hay alguien que me escucha y ayuda, que es en realidad la base de todas las religiones: esa necesidad que tiene el ser humano de comunicar sus angustias a alguien que crea superior y capaz de aliviarlas.

Ante la muerte de su compañero durante 28 años, Julio Brocard:

No puedo creer que todo acaba con la muerte; sería muy desesperanzador. No, Ahí no se acabó  todo, por inquietante que resulte la idea. Si se cree algo así, la muerte se acepta mejor, deja de ser algo tan brutal. Lo que llevamos dentro, lo que experimentamos, no puede desaparecer, no puede arder. Eso está ahí y ahí quedará.

Hablando de Cristo, por quien siente un profundo cariño, recuerda que desde niños nos acostumbramos demasiado fácilmente a ver a Cristo clavado en cruz, cuando no sabíamos nada del dolor y de la muerte: En cambio, si un día viésemos en un lugar público a alguien que nos fuera familiar torturado y muerto, nos quedaríamos horrorizados.

Andando los años, en 2010, a la cineasta Ángeles González-Sinde. autora del cortometraje Demonios familiares, basada en la última novela de Matute, le responde sobre el cumplimiento de la religión de sus padres: De pequeñita sí, como todos, pero luego durante muchos años fui atea. Ahora no, ahora no soy practicante, pero soy creyente a mi modo. Dos años después, se explaya con Gema Veiga, que le entrevista para Elle y le pregunta sobre Dios:

Lo único que se me ocurre decir de esa palabra es «el Absoluto». Yo no sé explicar a Dios, sin embargo puedo afirmar que lo he encontrado. Fue hace unos años, alrededor de quince. Tuve una sensación intensa, como de mucha paz. En el instante en que sucedió [un día en que estaba escribiendo «de una manera muy satisfactoria»], lo más fuerte no fue descubrir que Dios existía, sino sentir profundamente que Él también sabía que yo existía No me pidas que lo describa, pero sé que Dios sabe que estamos aquí.

En fin, el año 2013, ya enclaustrada en su casa, le responde a Xavi Ayén, que se interesa por su vida religiosa, que fue a misa hasta los 16 o 17años: Ahora soy creyente. Desde hace diez  u once años, quizás más. No practico porque no ando. Y porque una ves fui a una iglesia y no había nadie. Me dije `¿Yo qué hago aquí?´ Me levanté y me fui. Tengo una idea de Dios, un día lo sentí de una manera muy profunda. 

 

El castro más cercano de mi casa

 

 

             La tarde de febrero medio está fresca y neblinosa. Con el navegador GPS, bajando por la  Cuesta de la Reina, y pasando por la Rotxapea, Nueva Artica y Artica, llegamos en unos pocos minutos a uno de los recodos de la falda sur del monte San Cristóbal, que tengo cada día frente a mi casa. Por un camino de barro duro alcanzamos pronto el punto central del viejo poblado prerromano, llamado Artikagain (o Alto de Artica), pequeño espolón, cercado de pinares por el norte, el este y el oeste, muy cerca del monumento al Corazón de Jesús, y donde plantaron uno de los postes metálicos de la electricidad que recorren la ladera.

Seguramente por aquí estuvo la muralla norte, de la que quedan restos soterrados pero visibles, y el foso que separaba el recinto del monte más alto, hoy colmatado por el camino. A ambos lados están los terraplenes, defensas naturales del poblado,  hoy cubiertos por el pinar. En la parte llana occidental se extiende un buen trozo de terreno baldío, ocupado por altas yerbas, zarzales, agavanzos, cardos. lechetreznas  y olivardas.

Por aquí encontró Armendariz cerámicas manufacturadas, una flecha de hierro con aletas y fragmento de molino. Los hallazgos que estudió Amparo Castiella, cuando las obras de la carretera  variante, al pie del macizo, procedían tal vez del espacio económico del castro, o tal vez de algún arrabal de población cercana. También las piedras del pedestal del monumento sacro, de seis metros de altura, pueden proceder de la muralla arcaica. Por cierto, me gusta la imagen, limpia y estilizada, de hormigón, obra del escultor Áureo Rebolé y promovida por el gran Ambrosio Eransus, sacerdote natural de Mendioroz (+1996), a quien traté de cerca, que nos llenó los montes de Navarra de Via-crucis en forma de cruces de hierro, también aquí, donde se ven las dos últimas del itinerario sacro.  En el recuadro de piedra que la circunda, de las cuatro bolas angulares que la adornaban sólo queda una. Al sur del monumento, vemos en tierra dos cabos de velas rojas  y un rodal de  narcisos recién florecidos.

La superficie del castro, debió de tener, según el arqueólogo de Puente, 18.000 metros cuadrados, que ahora, en buena parte, coinciden con el raso de norte a sur, no ocupado por los pinares. Bajamos hasta el que aparece como espacio económico del oppidum, hoy sembrado de cereal y único trozo cultivado del espacio. En el camino encontramos miles de pequeños hormigueros, sin hormiga alguna, que han sacado fuera su tierra húmeda, en forma de tiendas de campaña, y numerosas procesiones de la procesionaria del pino, negra, blanca y anaranjada, que, si no han sido aplastadas por los pies de los viandantes, bicis, motos y coches, prosiguen sin prisa pero sin pausa -trenecitos viajeros- su obligado camino, tras el descenso desde las bolsas de los árboles, hasta su enterramiento provisional, para volver después a la vida en forma de mariposas para fecundar o ser fecundadas y morir al día siguiente. Leo que las  comitivas las dirigen siempre las hembras. ¡Precursoras arcaicas! En algunos casos, son dos y hasta tres las columnas de viajeras en filas larguísimas, parecidas a culebras, pero la mayoría son mucho más cortas.  Desde el límite del pinar nos sonríe sonrosadamente un pequeño almendro.

Pero ni las hormigas ni la procesionaria nos distraen de contemplar despaciosamente desde aquí Pamplona y sus contornos, y, sobre todo,  la serie de castros prerromanos que poblaban la comarca de la actual capital navarra, en aquellas calendas, antes de inventarse: Irulegi, Gaztelu, Mendillorri,  Pompaelo (donde está la catedral), Puno,  Murugain, Santa Lucía, Sardea…

Espléndido observatorio, aunque la neblina de la tarde lo matiza todo, para jugar a identificar barrrios, parques, edificios. Siguen pasando junto a nosotros bicis, corredores varones sueltos o en parejas, una joven con perro… Por la variante, coches sin cuento, pero no oímos el ruido. La iglesita de Orcoyen viejo se encumbra alegre sobre el caserío viejo y nuevo. El Perdón y el otro Perdón, la Peña de Etxauri, el Txurregi y el Gaztelu, este año sin nieves, están con esta neblina más atardecidos que de costumbre.