V. Zelenski, icono mundial de la dignidad del hombre

 

                           La verdad es que todavía me dura la conmoción que viví durante el encontronazo de Trump, Vance y sus cuadrilleros con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, invitado de piedra, pero de piedra arrojadiza, en el despacho oval de la Casa Blanca, en Washington.

Fárragos y bachillerías aparte, vayamos al meollo del acontecimiento.

Por mucho tiempo, años y siglos tal vez, pero también mañana, pasado mañana y en tiempos sucesivos, este hombre pequeño de estatura, de recia complexión, moreno de rostro, de expresión múltiple, vestido de militar combatiente de una guerra de liberación, no querida, templado por las adversidades, avezado a todo lo peor de la vida, aparecerá a las generaciones que habitan y habitarán el planeta Tierra como el hombre que mantuvo el tipo delante del Herodes y del Pilato actuales del Imperio, no se amilanó un segundo, rebatió lo que pudo en el exiguo tiempo que le dejaron, defendió su causa con argumentos irrebatibles, en ningún momento dejó de ser  agradecido, pero tampoco firme en sus principios y leal a su conciencia.

El hombre que no vendió su alma y el alma de su pueblo al diablo.

El icono mundial de la dignidad del hombre, primera nota constitutiva del ser humano.

¿Qué premio mayor?

Trump  y  Vance, así, sin nombre, pasarán pronto, pero no dejarán de pasar como símbolos del desprecio, del rencor, del odio, de la venganza de los poderosos. De su poder corrupto y corruptor. Como símbolos del Mal.