Contra los «muros de ignominia» de Trump

 

                       Cuando, el otro día, traté de la demanda de los obispos norteamericanos contra el presidente Trump por haber suprimido las ayudas a los refugiados, se me olvidó referirme a la carta enviada por el papa Francisco, el día 11 de febrero, a esos prelados, en un gesto excepcional, con motivo del inicio de un programa de deportaciones masivas, expresando su desacuerdo con cualquier medida que identifique, de manera tácita o explícita, la condición ilegal de algunos migrantes con la criminalidad, y llamando a construir puentes que nos acerquen cada vez más y a evitar muros de ignominia.

El papa reconoce el derecho de una nación a defenderse de cualquier autor de crímenes, lo que tiene poco que ver con las deportaciones en masa de personas vulnerables y de familias enteras: Un auténtico Estado de derecho se verifica en el trato digno que merecen todas las personas, en especial los más pobres y marginados. Una política que regule la migración ordenada y legal no puede construirse a través del privilegio de unos y el sacrificio de otros.

Muchos comentaristas han visto en algunas palabras de esta singular declaración pontificia una alusión a otras palabras del vicepresidente J. D. Vance, católico ultramontano. En una entrevista con la cadena televisiva Fox, el  político republicano citó a san Agustín para querer decir que primero se ama a la familia, luego al vecino…. y así hasta, al final, amar al resto del mundo. Una visión del ordo amoris, que, según él, la extrema izquierda woke ha revertido. El papa, en cambio, añade en esta declaración que el verdadero ordo amoris es el que descubrimos meditando constantemente en la parábola del buen samaritano, es decir, meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos sin excepción. Lo contrario fácilmente introduce un criterio ideológico que distorsiona la vida social e impone la voluntad del más fuerte como criterio de verdad.

A las pocas horas de haberse hecho pública tal declaración pontificia, el responsable del programa migratorio de los Estadios Unidos, Tom Homan dejó este recado para el papa Francisco: Cíñase a la Iglesia católica y déjenos a nosotros el control de las fronteras.