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La Comunidad Apostólica (IX)

 

                                        En el capítulo XII de su carta a los Romanos, el apóstol Pablo aplica a las relaciones comunitarias las consecuencias prácticas de la fe y del amor cristianos. Para él, la fe es la norma de actuación del cristiano en la comunidad: No os estiméis en más de lo que conviene; tened más bien una sobria estima según la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual.

Y les recuerda la metáfora del cuerpo humano, uno y con muchos miembros, que desempeñan diferentes funciones. Así  los cristianos forman un solo cuerpo en Cristo, siendo todos miembros del mismo, los unos para los otros, con diferentes servicios y responsabilidades: la profecía, el ministerio, el servicio fraterno, la enseñanza, la atención a los débiles, la misericordia a los necesitados…, que se ejercen, no según el propio interés, sino con la disponibilidad que brota de la fe, sabiendo que se está sirviendo a Cristo.

Si la fuerza principal de la vida de Jesús fue el amor, fruto de un compromiso servicial a los hermanos, ejercicio de un bien a los otros, el amor es también la fuerza fundamental del discípulo.

El amor se hace concreto en la vida comunitaria y en las relaciones apostólicas. Y así Pablo presenta las actitudes que juzga necesarias en ese ámbito: la mutua estima en la relación fraterna, el celo sin negligencia, el compartir las alegrías y tristezas de los hermanos, el fervor en el espíritu, la alegría de la esperanza, la perseverancia en la tribulación, la asiduidad en la oración, el ejercicio de la hospitalidad.

Bendiciendo a los que los persiguen, sin maldecirlos. Alegrándose con los que se alegran y llorando con los que lloran. Teniendo un mismo sentir los unos para los otros, sin altivez, sin devolver mal por mal, y procurando el bien ante todos los hombres. No tomando la justicia por cuenta propia y sin dar lugar a la ira. En fin, no dejándose vencer por el mal, antes venciendo al mal con el bien. 

¿El opio del pueblo?

 

                             Con este título Antonio Caño, director expulsado de El País al ocupar el Gobierno Pedro Sánchez, y ahora uno de los críticos más feroces del sanchismo en las columnas de The Objective, da varias vueltas a su extrañeza de que la izquierda española haya sentido y sienta tanto atractivo por el papa Francisco (y por su inmediato sucesor) y haya hecho tan buenas migas con él.

En un periódico digital, donde, un día sí y otro no, han llamado peronista y populista al papa Francisco, el artículo me parece hasta amable. El autor se fundamenta en las buenas relaciones, en general, del Vaticano con el Gobierno español; en las visitas de la vicepresidente Yolanda Díaz al papa difunto y posterior elogio a León XIV; en los reiterados encomios a Francisco hechos por Pablo Iglesias Turrión; en la benevolente crítica general de su odiado El País al pontificado anterior…

¿Quién lo diría tras Marx y Lenin, tras el anticlericalismo secular del PSOE, y el no menos secular de anarquistas y comunistas, cuando la religión era, oficialmente, el opio del pueblo? Aunque  el autor se olvida de la intensa relación de muchos cristianos católicos con la Izquierda española -respetemos el lenguaje hemipléjico imperante- desde el Vaticano II, y ya con los papas Juan XXIII y Pablo VI.

Tampoco se me hace tan difícil entender esa atracción en unos jóvenes izquierdistas españoles, tras los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, cuando conocieron un poco más de cerca al popular papa argentino -peronista o no, populista o no-, con sus encíclicas pero sobre todo con su acción diaria en pro del ecologismo, los migrantes, los pobres, los descartados, las mujeres…, y decidido pastor de una Iglesia atenta a las periferias, y con olor a oveja…

De todos modos, Caño llega a la conclusión de que esa atracción, esa proximidad y esa admiración se deben sobre todo a la búsqueda de una identidad y de una ejemplaridad mundial, que solo encuentran en figuras eclesiales como Bergoglio y Prevost, los dos, por cierto, papas, es decir, figuras máximas de la Iglesia Católica, fundada por Jesús de Nazaret.

¿A quién, en verdad, puede tener hoy una izquierda española, o de cualquier país, que se precie, como referente universal en el mundo de hoy? ¿Al presidente ruso, hoy símbolo de la extrema derecha? ¿Al presidente chino, su comilitón a la hora de la verdad? ¿A la Internacional Socialista, que preside Pedro Sánchez, y de la que no sabemos nada? ¿Acaso a los regímenes, tan izquierdistas y progresistas ellos, absolutos, corruptos y asesinos, de Cuba, Nicaragua o Venezuela?

Me extraña tanta extrañeza en el susodicho autor. A no ser que el artículo esté escrito, como casi todos, en la onda polémica de la actualidad política española, en este periódico donde predominan un grupo de liberales progresistas, excluidos de El País por sus adversarios o enemigos sanchistas.

 

 

Rescate por una multitud

 

Rescate por una multitud

(Mc 10. 45; Mt 20, 28)

                                           En este cuarto domingo de Pascua, llamado del Buen Pastor, quiero explicar mejor, completar, ponderar el significado crucial del rescate, que fue decisivo en mis poemas bíblicos del Jueves y del Viernes Santo, y lo es de toda la teología de la Vida y  Pasión de Jesús de Nazaret. A través de este logion de Jesús.

 

Marcos y Mateo colocaron el logion del  Maestro
al fin de la necia petición de los hijos del Zebedeo
de sentarse a derecha e izquierda en el reino predicado por Jesús:

El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y dar su vida
como rescate por una multitud.

Jesús recurre al Hijo del Hombre del profeta Daniel
y se lo aplica a sí mismo,
como el genuino Israel de los últimos tiempos
para servir a todos los pueblos y naciones
con su reino eterno, indestructible.
Como al Siervo del Segundo Isaías,
imagen de Israel desterrado a Babilonia,
cargado con la culpa de una multitud:
-No temas, que yo te he rescatado,

te he llamado por tu nombre. Tú eres mío
Es el Santo de Israel quien lo dice,
y pone en expiación a Egipto,
la humanidad en su lugar
y pueblos enteros en pago de su vida. 
Libera a sus hijos desterrados
y los hace volver de Oriente y de Poniente
y de todos los confines de la tierra.

El rescate es ahora la vida de Jesús,
que la da vicariamente por el pueblo de Israel,
y, con él, por todos los pueblos de este mundo. 

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No una gaviota, sino una paloma

 

                               Todo el mundo está pendiente durante un cónclave de la chimenea colocada en el tejado de la Capilla Sixtina, esperando la fumata bianca.

Todo el mundo se divierte con las gaviotas –i gabbianni-, que a ratos revolotean en torno a la legendaria chimenea.

Pero todo el mundo desearía ver aparecer, junto a la fumata bianca, una paloma, también blanca.

Un papa norteamericano-peruano-universal

 

                                 Uno es no solo de donde nace, sino también de donde vive y, sobre todo, de donde quiere vivir. Robert Francis Prevost ha querido ser norteamericano de Chicago y peruano de Chiclayo, además de papa de una religión universal. Nos alegra, cómo no, que sea americano del norte y del sur, que su apellido segundo sea Martínez, que su bisabuelo fundara un colegio francés en Huelva, que conozca tan bien España…, y cosas así. Los asiáticos tienen que esperar un poco. Cada vez serán más, y tiempo y ocasión no les faltarán.

Nos alegra asimismo que todo el mundo le tenga como amigo fervoroso de Francisco, pero a quien no sucede, sino a San Pedro, primer papa y mártir. Y  que al mismo tiempo tenga su carácter y su estilo -eso que llamamos genio y carisma- y llene los huecos que su antecesor dejó  abiertos. Está claro que será menos locuaz que Francisco y que hará menos entrevistas y declaraciones, aunque nunca se sabe: es aficionado a los tuits…

 Nos alegra mucho más que todo el mundo pondere su decisiva condición de misionero, miembro de una Orden de origen misionero, hijo humilde y estudioso del mayor Padre de la Iglesia, el gran San Agustín, obispo de Hipona, in terra infidelium.

Lo demás… dejemos a Dios y a todos los muchos hombres que le ayudarán. Y a un Concilio en lejanía para poder hacer lo que un papa, por enérgico y creativo que sea, no puede hacer.

Nos alegra, y mucho, que el mundo entero haya tomado más en serio que nunca la defunción de un papa y la elección de otro.

Me ha sorprendido muy gratamente la calidad y la exquisitez de los medios informativos y de sus muchos profesionales, de casa y de fuera de casa, en prensa, radio y televisión, que han dedicado muchas horas de trabajo, de reflexión, de información sobre los dos dos papas, sobre la Iglesia y sobre la Iglesia en el mundo. No esperaba, la verdad, la calidez de El País, o la maestría de la Sexta y de la Cuarta.

Tampoco esperaba la sordidez de Público -el artículo de Cristina Fallarás me ha recordado a José Nákens y  El Motín-; ni la frialdad de The Objective -los ex de El País-; ni los tristes e injustos artículos de José Varela en El Confidencial o de Fernando Fernández Savater en The Objective, llamando  a Francisco peronista o tipo Perón y mofándose de los políticos y escritores entusiastas del papa argentino. Vivir para ver.

Dixi et salvavi animam meam.

¡Papam habemus!

 

                       Lo escribo , temblando de emoción, cuando todavía no sabemos quién es. Mientras el elegido -¡in crucem!, dicen que dijo san Pablo VI cuando fue elegido: lo acepto como cruz- se prueba la sotana blanca y los zapatos -¿rojos o negros?- en la capilla de las lágrimas y repasa o se inventa el nuevo nombre para su pontificado. E imaginando muy de lejos qué sea todo eso -llegué a Roma por vez primera la mañana en que Juan XXIII fue elegido papa- y sabiendo un poco lo que eso significa, pongo en manos de Dios los años de pontificado de que quien va a ser sucesor de san Pedro como obispo de Roma. Y rezo en latín, como oración de fe y de súplica, puesto de rodillas ante el Crucifijo del cardenal Vida y Barraquer, que me regalaron sus sobrinos, el Credo de los Apóstoles, que era el que rezábamos ante el altar de la Confesión, en la basílica San Pedro, cuando llegábamos a Roma o no despedíamos de ella, en aquellos años felices.

Credo in unum Deum…

Buena persona y buen cristiano

 

                       El cardenal arzobispo de Rabat, el salesiano español, nacionalizado paraguayo,  Cristóbal López Romero,  que escribe a menudo en Vida Nueva, es por su buen humor, su fidelidad al legado del papa Francisco y su campechanía uno de los electores más populares del Cónclave. Por su seguimiento del último papa, alguien, según nos cuenta él mismo, ¡le ha acusado de buscar su propia elección! Cosa que le da la risa…

López Cristóbal ha dicho una cosa sublime, que no se ha perdido entre sus bromas. Ha dicho que quiere que el próximo papa sea una buena persona y un buen cristiano. Lo que no es poca cosa.

Por solo eso merecería ser elegido. Pero yo sigo pensando que un papa asiático sería el mejor continuador de Francisco. ¿Filipino? Ojalá.

Así era Teresa de Jesús.

 

                                Para los lectores, amigos, admiradores y devotos de la Santa de Ávila (1515-1582) Doctora de la Iglesia y joya de las Letras españolas y universales, cualquier noticia sobre ella es un acontecimiento.

Ahora un estudio del Victorian Institute of Forensis Medicine, de la universidad de Monash, en Australia, más varios datos antropométricos e imágenes radiográficas -todas sus reliquias se encuentran momificadas-, descripciones de la época y cuadros en los que se le representa… han dado como resultado el retrato de una mujer, a la edad de 50 años, 17 años antes de su muerte, con grandes y profundos ojos negros, cejas onduladas, pómulos prominentes, labios gruesos y nariz distinguida.

Pelo castaño, estatura menuda (m. 1´57).

Padecía artrosis en las dos rodillas, especialmente en la izquierda. También tenía fascitis plantar y carecía de la mayoría de los dientes.

Una musculatura facial relajada demuestra, según los expertos, una gran paz en el momento de su muerte.

El cuerpo de la santa, ya muy disminuido por las numerosas reliquias arrancadas de él, se expondrá a la veneración de los fieles del 11 al 25 de mayo en la basílica de la  Anunciación de Nuestra Señora del Carmen, en Alba de Torres. Será la cuarta vez tras las de los años 1582, después de su muerte, 1760 y 1914.

De mi archivo adolescente (XI)

 

                             Ese mismo verano de 1957, me escribe, respondiéndome, entre otros muchos, mi amigo Javier Garde, de Mélida, de un curso superior al mío. Falleció hace hacer tres años tres años después de haber sido párroco y coadjutor muy querido de la parroquia de Nuestra del Huerto, de Pamplona, durante más de medio siglo, además de fungir otros cargos pastorales dentro de la diócesis. Javier pertenecía en Comillas al llamado «Grupo de la Virgen», que, junto al del «Sagrado Corazón», solía acoger a los más piadoso de los alumnos de Teología de la universidad.

-Pamplona, 14 -8-1957. Muy querido Víctor La impresión recibida esta tarde ha sido demasiado dura para mí. Me creo con la «obligación» de compartir tu dolor y quiero ayudarte a llevar u cruz. Ya sé que es muy fácil el decir cuatro cosas bonitas, pero la «realidad» es otra, mucho más amarga. No sé si he hecho oración esta noche dando vueltas a tu disgusto, pero al final he querido ver a Dios más junto a ti que nunca.. Me ha parecido air su voz diciendo que Él no te abandonará nunca aunque todo parezca vaya a caer. Reza que pare la tormenta… Siempre he pensado que la santidad consiste en un lanzarse al vacío a los brazos del Padre. Momento llegará en que te verás colmado de gracias. Mientras tanto no nos queda sino la «pura» fe-esperanza y amor.

Anímate cuanto puedas. Cuenta con todas mis oraciones y penitencias que redoblaré por ti esta temporada. Me has dicho muchas veces que quieres ser santo. La santidad, bien lo sabes, supone heroicidad, por eso son tan pocos los santos, porque no hay héroes. ¿has pensado en que quizás Dios te ha elegido para ser «santo» de verdad, no de palabra, sino de realidad?

Que la Madre desde el el cielo te bendiga. Ella siente todo más que nosotros. ¿Qué sabemos tú y yo del cariño de una Madre al ver sufrir a sus pequeños? Te abraza siempre tu amigo Javier Garde (rubricado).

Tercer Domingo de Pascua

 

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  Pedro pospascual

                                                                (Jn 21, 1-19; Mt 16, 18-19)

Nos lo cuenta el evangelista Juan
en una aparición pascual de Jesús de Nazaret
a siete de sus discípulos en el lago de Tiberíades.
Acaban de pescar y de comer. Y Jesús,
igual que en la escena similar de Mateo 16, 18-19,
le llama a Pedro Simón, hijo de Juan,
y por tres veces
-tal vez por sus tres negaciones anteriores-
le pregunta si le ama,

Solo sobre Pedro, piedra de la Iglesia de Jesús,
mayordomo en el palacio del Mesías,
dueño de las llaves del reino,
recae la misión de ser el Buen Pastor:
de guiar, apacentar y cuidar los corderos y ovejas de su rebaño.
Y de entregar su vida como mártir,
a imitación de su Maestro.