Ese mismo verano de 1957, me escribe, respondiéndome, entre otros muchos, mi amigo Javier Garde, de Mélida, de un curso superior al mío. Falleció hace hacer tres años tres años después de haber sido párroco y coadjutor muy querido de la parroquia de Nuestra del Huerto, de Pamplona, durante más de medio siglo, además de fungir otros cargos pastorales dentro de la diócesis. Javier pertenecía en Comillas al llamado «Grupo de la Virgen», que, junto al del «Sagrado Corazón», solía acoger a los más piadoso de los alumnos de Teología de la universidad.
-Pamplona, 14 -8-1957. Muy querido Víctor La impresión recibida esta tarde ha sido demasiado dura para mí. Me creo con la «obligación» de compartir tu dolor y quiero ayudarte a llevar u cruz. Ya sé que es muy fácil el decir cuatro cosas bonitas, pero la «realidad» es otra, mucho más amarga. No sé si he hecho oración esta noche dando vueltas a tu disgusto, pero al final he querido ver a Dios más junto a ti que nunca.. Me ha parecido air su voz diciendo que Él no te abandonará nunca aunque todo parezca vaya a caer. Reza que pare la tormenta… Siempre he pensado que la santidad consiste en un lanzarse al vacío a los brazos del Padre. Momento llegará en que te verás colmado de gracias. Mientras tanto no nos queda sino la «pura» fe-esperanza y amor.
Anímate cuanto puedas. Cuenta con todas mis oraciones y penitencias que redoblaré por ti esta temporada. Me has dicho muchas veces que quieres ser santo. La santidad, bien lo sabes, supone heroicidad, por eso son tan pocos los santos, porque no hay héroes. ¿has pensado en que quizás Dios te ha elegido para ser «santo» de verdad, no de palabra, sino de realidad?
Que la Madre desde el el cielo te bendiga. Ella siente todo más que nosotros. ¿Qué sabemos tú y yo del cariño de una Madre al ver sufrir a sus pequeños? Te abraza siempre tu amigo Javier Garde (rubricado).