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Lau (Grumo)

Durante los últimos años, un poeta de nombre y apellidos vascos, desconocido para nosotros, nos enviaba unos poemas breves, libres, bien hechos, nómadas, que habitualmente nos gustaban mucho y los publicábamos en la revista Río Arga. Un día por fin supimos que el poeta vivía durante una temporada en una borda de Anitz y durante otra temporada se iba para la Patagonia. El poeta navarro de carne y hueso, especializado en Madrid, trabajó como astrofísico hasta 1993 y después, abandonándolo todo, marchó a la Patagonia chilena, donde trabajó como guía de senderismo. Me envía ahora Xabier Etxarri Goñi su libro Antología del nómada, editado en Santiago de Chile, una antología de once poemarios inéditos de su fértil estro, de la que tomo el susotitulado, escrito el año 2003:

Nada importa más a los necios que salir a la calle con las costumbres planchadas,
mezclarse con loss otros sin hacer grumos,
ajustarse al patrón lladrillo,
conformar la uniformidad sin grietas a prueba de subsconscientes díscolos,
amordazar la personalidad y tirarlo al río con zapatos de cemento.

La ideal actual de España, de ZP

Fue un acto valiente del presidente del Gobierno de la Nación el haber leído todo un discurso sobre Una idea actual de España, en la fiesta de la revista La aventura de la Historia, que celebraba su número 100, del grupo editorial del diario El Mundo, tras sendos discursos no muy complacientes, al parecer, con alguna política gubernamental, del director de dicho diario y del presidente de la Real Academia de la Historia. Me llevaría muchas páginas poder comentarlo como se merece. Le dedicaré alguna atención en días venideros. El texto se recoge en el último número de la misma revista, al que se adjunta un extraordinario sobre la realidad histórica y actual de Navarra, muy recomendable. El discurso presidencial es una sinfonía de elogios a la obra de su propio Gobierno y también, reiteradamente, a la España democrática y constitucional de nuestros días. Sin apenas notas negativas, que se despachan en dos líneas y media, más la mención, en doce líneas, del terrorismo, que comienza a describirse así: «Todavía sufrimos el horror de la locura terrorista». Mal comienzo llamar locura a los cuarenta años de actividad etarra, sin citar siquiera una sola vez a ETA ni al independentismo nacionalista vasco. Luego siguen unas tautologías sobre la libertad, la paz y el valor de la vida, para acabar afirmando su voluntad de dedicar esfuerzo, capacidad y decisión a poner fin al terrorismo: «Me siento, y esto es lo importante, obligado a hacerlo«. ¿Eso es, de verdad, lo importante? Claro que, si alguien quiere alguna precisión, no la encontrará precisamente unas líneas más adelante, donde nos dice una nonada dieciochsca como ésta: «Soy de los que piensan que el futuro siempre será mejor. Eso me lo ha enseñado la historia. Y eso es lo que quiero contrbuir a asegurar para mi país». Ni Jean-Antoine-Nicolás Caritat, marqués de Condorcet, matemático y experto en probabilidades, girondino víctima de los odiosos jacobinos, le hubiera permitido a nuestro presidente interpretar tn laxamente su Esquisse d´un tableau historique des progrès de l´esprit humain. Porque para el genial marqués, padre de progresismos, el progreso no es inevitable; requiere un esfuerzo colectivo y una educación intelectual y moral constante.

La lengua materna

El pasado 21 de febrero, la UNESCO volvió a celebrar, como desde el año 2000, el Día Internacional de la Lengua Materna, valor educativo primordial que hemos defendido en España, contra viento y marea, en el franquismo y después del franquismo. Pues, no. Ahora resulta que millares de alumnos españoles, aunque hubieran sabido la fiesta que se celebraba -de la que seguramente nadie les habló-, no hubieran podido celebrarla, porque ellos no pueden ser educados en esa lengua, que es la suya. Porque el Estado autonómico español, que carece de política lingüística, ha dejado en manos de algunas Comunidades Autónomas ese quehacer, y varias de ellas, que conciben y tratan la lengua llamada propia (catalán, gallego o vascuence) como algo privativo, como su seña suprema de identidad, han puesto por encima de la lengua materna de muchos miles de alumnos la prioridad de la lengua oficialmente propia, cuando no la exclusividad o casi exclusividad de la misma: la llamada inmersión en esa lengua, que no es la propia de esos alumnos, que no es su mengua materna. Aunque esta lengua materna sea también oficial en esas Comunidades y en todo el territorio español, además de la más hablada y escrita. Y aunque el experimento llevado a cabo hasta ahora haya terminado en un visible fracaso. Tal el es caso del País Vasco. Como los resultados de la irrealista y forzosa euskaldunuzación emprendida están muy lejos de los propósitos de los políticos nacionalistas, están éstos a punto de abandonar los métodos fracasados y piensan ya, por otros medios, conseguir que todos los alumnos alcancen un nivel de conocimiento B2, cercano al certificado de First en inglés, en el conocimiento y uso del castellano, euskara / vascuence y ahora también de inglés, idioma que se añade para hacer posible y más atractivo el nuevo giro educativo. Se intenta, además, que el vascuence sea la principal lengua vehicular. Con toda lógica, pero con cierto retraso, el partido socialista de Euskadi, que fue determinante a la hora de alcanzar los consensos y pactos desde 1982 (ley de normalización del uso del euskera) a 1993 (ley de la ecuela pública vasca), ha puesto el grito en las nubes y, por medio de la parlamentaria Isabel Celaá, ha recordado que las últimas evaluaciones al sistema educativo vasco demostraron que sólo un tercio de los alumnos del actual modelo B (bilingüe) y sólo dos tercios del D (enseñanza íntegra en euskara) alcanzaron ese listón que ahora se pretende, pretendiendo a la vez una clara ventaja para la minoría de alumnos de lengua materna vasca (20%), que hablan también habitualmente castellano, frente a la mayoría de lengua materna castellana (80%), que no hablan habitualmente vascuence o euskara. «No vamos a permitir –ha dicho Celaá- que se expulse la lengua castellana de las aulas» Y, en cuanto a la lengua vehicular: «Si la lengua vehicular principal será el euskera, sólo los euskaldunes tendrán garantizado el derecho a estudiar en su idioma materno«. Pero el Departamento de Educación ya tiene en los partidos nacionalistas o afines los votos necesarios para el nuevo dislate. Esperemos contra toda previsión.

La sabiduría, la sola libertad

Vuelvo a mi dilecto Séneca, a las Cartas Morales a Lucilio, una de mis obras clásicas preferidas, tal vez los escritos no cristianos más cercanos a nuestra visión cristiana de la vida y de la muerte. Ep. 37, 4: «Humilis res est stultitia, abjecta, sordida, servilis, multis adfectibus et saevissimis subjecta. Hos tam graves dominos, interdum alternis imperantes, interdum pariter, dimittit a te sapientia, quae sola libertas est». (Cosa rastrera es la necedad, abyecta, despreciable, servil, sometida a muchas y muy violentas pasiones. A estos tan severos déspotas, que a veces mandan por turno, a veces a la par, los aleja de ti la sabiduría, que constituye la única libertad).

Conquistando la libertad

Tengo para mí que el acontecimiento político, colectivo e interior, más importante de España en estos tres años ha sido, tras las elecciones generales, la multitudinaria manifestación en Madrid, este 10 de marzo. Todo está ya visto, oído, escrito, leído y comentado. De todo lo mucho que he podido ver, oír y leer, elijo como pieza mejor, donde se completan entendimiento, voluntad y sentimiento -que muchos separan suicidamente de continuo-, los últimos párrafos del artículo Conquistando la libertad, escrito en el ABC de ayer, por el catedrático Mikel Buesa, presidente del Foro de Ermua, que algo sabe de terrorismo, independentismo, patriotismo, democracia y manifestaciones: «Somos la nación mártir que, por no querer doblegarse ante las pretensiones secesionistas de ETA, ha sufrido la violencia asesina, la extorsión y el terror, sin que, sin embargo, el miedo nos haya llevado a la cobardía. Somos la nación solidaria que ha sabido albergar un genuino sentimiento de empatía con las víctimas del terrorismo, y les ha ofrecido su abrazo y su llanto. Somos la nación ciudadana que reconoce y afirma su pluralismo, que suma identidades de origen, de raza, de ideología y de creencias religiosas, que añade y no resta, que acoge y no excluye. Y por ello, cada vez que nos hemos reunido nos hemos reclamado partícipes de nuestra Constitución de concordia y reconciliación. Somos, en fin, la nación española que, como tantas veces en su historia, se pone en marcha por la libertad. La nación de los españoles con futuro que, portando sus banderas y al son de sus himnos, proclaman su voluntad firme de derrotar al terrorismo. Hemos ido todos juntos a esta maniestación del 10 de marzo, en esa Villa de Madrid, que es síntesis y expresión de España, porque sabemos que, como advirtió Marc Bloch poco tiempo antes de ser fusilado por los nazis, «no existe salvación sin una parte de sacrificio, ni libertad que pueda ser plena, si no se ha esforzado uno mismo en conquistarla».

El cuerpo de la Nación

En un texto escrito poco antes de morir, que uno de sus hijos llamó Testamento político, decía Antonio Maura, uno de los principales dirigentes de la derecha española en el primer tercio del siglo XX: «Al fin y al cabo de notar es que, sobre todo cuanto llevo dicho, descuella la idea cardinal de que no hay salud para el Estado mientras falte espíritu cívico en el cuerpo de la Nación. Despertar y avivar la ciudadanía, amparando sus brotes contra las agostadoras prácticas inveteradas, es el objetivo inmediato que se puede y se debe perseguir».

Clases de religión

Ya están de nuevo los Savater, los Cebriain, los Peces Barba, los editorialistas de EP… criticando no sólo la sentencia del TC sobre los obispos y los profesores de religión (que, por cierto, ha sido «un alivio» para el Gobierno), sino yendo mucho más lejos, criticando la satisfacción y preocupación de los obispos, los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado, de 1979, y, sobre todo, la clase de religión en la escuela pública, que para ellos es igual a laica. Sin que les importe a alguno de ellos saltar por encima de los artículos de la Constitución que les molestan; ellos tan fieles al código supremo en otros casos y para otros objetivos. ¡Pero una clase de una paparrucha como la religión, que no es ni siquiera un conocimiento ni una disciplina científica, sino una devoción…! Ahora bien ¿son acaso una disciplina científica la poesía, la música, el arte en general, o lo es acaso la filosofía, y todo aquello que tiene algo que ver con los más altos interrogantes y más profundas inquietudes de la inteligencia humana, no sólo de la razón? ¿Qué hacen dentro de la escuela?

La cruz de Tapies

Visitando la cuarta planta del Museo Reina Sofía, de Madrid, me detengo ante la importante obra exhibida de pintores españoles de la talla de Viola, Saura, Tapies, Rivera, Gordillo, Muñoz, Barceló, Valdés, Canogar…Entre la curiosidades, oigo al mismo Tapies explicar el significado de las cruces, habituales en sus cuadros. Comenzó, nos dice, trazando cruces después de la guerra, cuando España se le representaba como un cementerio, y acabó entendiéndolas como «un símbolo universal de las coordenadas del espacio». Sabiendo esto, contemplo el cuadro titulado Díptico de la cruz (técnica mixta sobre entrechapado): una gran cruz griega dibujada con trazos negros e irregulares en fondo blanco, con dos desconchados ocres en los extremos. No veo nada, no encuentro nada: ni el espacio siquiera. Y me deleito en el encanto próximo de Los libros, de Manuel Valdés, cortados por él mismo de la carne aún viva de los árboles comprados en US, y colocados en esa biblioteca fantástica, digna de Borges.

Celebración del Amejoramiento

Gratitud, alegría, emoción, serenidad y voluntad de futuro, esta mañana en la celebración del XXV aniversario de la firma del texto del Amejoramiento (8.3.1982), que iba a ser votado en el Parlamento Foral, una semana más tarde. Muchos colegas de aquel tiempo, casi todos, excepto los ya fallecidos, a quienes recordamos con mucho afecto. Nadie de los partidos nacionalistas vascos e independentistas, que estuvieron ausentes entonces o votaron en contra. (¿Es esta una actitud democrática?¿Con ellos puede alguien pensar gobernar?). En los corrillos y en el almuerzo posterior, restringido, amplia y franca conversación, sobre todo entre políticos de la mayoría política navarra, independientes (como yo mismo) y socialistas, incluida la secretaria de Estado presente en nombre del Gobierno, que ha hablado muy bien y ha sido siempre sensata y discreta. Lástima que no nos haya escuchado el Consejo de Ministros en pleno. Porque, según cuenta, de primera mano, gente venida de Madrid -los había muchos-, el presidente del Gobierno de la Nación sigue pensando que la cosa se arreglaría, si Navarra y Euskadi se pusieran de acuerdo; si los navarros no se opusieran al «órgano común permanente», y cosas así. Es decir, como en los peores momentos de 1977-78, antes del Amejoramiento. Lo que revela que eso es moneda corriente de conversaciones y negociaciones. Tal vez nada más, pero tampoco nada menos. En fin, ¿recibirá por fin JLRZ a nuestro presidente foral en la Moncloa, en los próximos días, y dará a los navarros una cumplida satisfacción? Sería un regalo del XXV aniversario del Amejoramiento del Fuero, más valioso aún que el que nos han entregado hoy a varios de nosotros.

Gobierno de coalición

Vengo de un seminario en una joven universidad madrileña.donde he expuesto, más que defendido, mi propuesta reciente, hecha públia en ABC y DN, de un próximo gobierno de coalición entre el PSOE y el PP a fin de superar los graves obstáculos tradicionales de los últimos años. Catedráticos, profesores, empresarios, altos funcionarios…, incluido un ex ministro y un ex senador, han manifestado en las mesas redondas unas vivencias generalizadas, con las explicables excepciones: 1) el deseo de ese gobierno de coalición, de cualquier forma que se haga; 2) la convicción de que en estos momentos y con este gobierno eso es moralmente imposible; 3) la preocupación por la suerte de Navarra, si continúa la negociación con ETA-Batasuna. Yo he dicho, pobre de mí, lo que he podido, cumpliendo mi oficio (mi deber). No se trata de optimismo o pesimismo, sino de una necesidad. Y en otros países se ha conseguido. No es una utopía. Ni una «perla», como alguien ha comentado frívolamente.