Las magnolias de nuestras calles y jardines guardan aún un cierto carácter sagrado de cuando rodeaban los templos de China, de donde proceden.
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Frente a la crispación
Ciudad Juárez
Hay veces en que una buena noticia nos informa de su correspondiente mala noticia. Eso me ha ocurrido cuando he leído al azar sobre el III Premio Internacional Abogados de Atocha, concedido por el Gobierno de Castilla la Mancha a la asociación Nuestras hijas de regreso a casa, de Ciudad Juárez (Méjico). Me he metido en su página web (www.mujeresdejuarez.org) y he visto con horror lo que no me imaginaba, lo que no hubiera querido ver. La asociación nació en 2001, cuando muchas madres, padres y familiares habían perdido ya muchas hijas, hermanas, sobrinas, primas, todas jóvenes y casi siempre guapas, que después habían sido torturadas, mutiladas, violadas antes / o después de ser asesinadas y arrojadas por ahí. Desde 1993 son ya 460 mujeres asesinadas y más de 600 desaparecidas, casi siempre en el trayecto entre el trabajo, la escuela y la casa. ¿Cómo es esto posible? Pregunta inútil. Hoy mismo sigue siendo tabú. Quien habla de eso, y sobre todo quien lo denuncia, corre el riesgo de que le insulten, le excluyan, le amenacen, o le quiten el aliento. Cuanto más tiempo pasa, la impunidad aumenta. Ni empresas ni autoridades parecen hacer algo para garantizar la seguridad de las mujeres.Otro crimen múltiple de lesa humanidad, casi oculto y desconocido tal vez por casi todos. ¡Y muchos de nosotros, entretenidos hasta hace poco con la reyerta pública y cotidiana entre los candidatos a la presidencia de la República..! ¿Habrán visitado los dos contendientes esa negra Ciudad Juárez y habrán hablado con esas mujeres que acaban de recibir ese bendito premio en Toledo?
La Cuaresma con los Cuarenta
La Cuaresma es algo todavía más que oración, ayuno y misericordia, según el célebre comentario de San Pedro Crisólogo. La Cuaresma -hablemos mejor en lenguaje simbólico- es desierto y es perdón, encuentro y luz, esfuerzo y silencio, y sobre todo cruz y triunfo liberador. Hace un año -lo decía con sorpresa y gozo también en esta bitácora recién estrenada- encontré una manera muy real y cotidiana de vivir los cuarenta días de la Cuaresma con los los cuarenta países más pobres del mundo, a través de la página web de la Familia Marianista en España (www.marianistas.org). Una información básica de cada uno de ellos, con mapas, fotos, gráficos, sinopsis y principales datos e indicadores, servidos por la Guía del Mundo (www.guiadelmundo.org.uy), obra del Instituto del Tercer Mundo, editada en español por la editorial marianista SM, se completa con una serie de t historias, testimonios de vida, relatos literarios, etc. , procedentes mayormente de la revista Mundo Negro y del archivo de los Misioneros Combonianos. Una forma, tan nueva como eficaz, de vivir este tiempo fuerte para todo cristiano que quiera seguir siéndolo aqui y ahora.
«Un logro que revaloriza la pelea»
«Este diosecillo…»
Hora cambiada
Del libro inédito Cantata para una madre difunta, de mi amigo Jesús Mauleón, lleno de bellos poemas, elijo este brevísimo y bellísimo:
Buenos días.
Aquí es de soledad, aquí es de noche.
Buenas noches aquí. Allí es de día.
Allí es de Dios, de ti, un derroche
de amor en cegadora compañía.
Batasuna-ETA en Navarra
¿Quién ha dicho que, tal como están las cosas, no nos interese que Batasuna-ETA se presente a las próximas elecciones forales y municipales en Navarra
Profesores de religión
Oigo en una tertulia radiofónica a un representante de la Asociación de Profesores de Religión con motivo de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el recurso de una profesora despedida por conducta no apropiada a su misión de enseñante de religión. No me hubiera gustado que este señor me hubiera enseñado religión en clase. Mejor estaría enseñando geografía o geometría, o quizás no enseñando nada. Entre enseñar el catecismo en casa, en la iglesia o en el salón parroquial, y enseñar religión como una mera asignatura, igual que las matemáticas o la gramática, hay un punto medio, que pide el sentido común y el respeto a la confesión del niño y de sus padres. Quien no lo entienda así está fuera de juego. Se lo podían enseñar en Alemania, Holanda o Bélgica, y en cualquier país donde el Estado reconoce a las Iglesias, corporaciones de derecho público o no, esa facultad. A no ser que alguien quiera, en nombre de la laicidad, del aconfesionalismo o del laicismo, que el Estado nombre los profesores de religión , decida quién la enseña bien o mal y hasta cómo se enseña. La cuestión más delicada creo que está dentro de cada confesión y de cada iglesia. Ahí es donde el diálogo y el debate son posibles y recomendables. Dentro de una casuística interminable, hay casos y casos, márgenes, límites, exigencias y perfecciones. Hoy no es ayer. La teología y la moral actuales no son las del siglo XIX, aunque la cristianía -la médula de la fe y de la moral cristianas- sea la misma. Tampoco el laicado de nuestros días -al que pertenecen seguramente la mayoría de los profesores de religión- tiene por qué hacer buenas, cuando se presenten, todas las pretensiones y condiciones de un cierto clericalismo. La cosa, ya digo, se las trae, y es necesario poner toda la inteligencia, voluntad y sentimiento posibles en buscar la mejor salida, porque solución, lo que se dice solución general, para todos y en cualquier caso, es imposible. Y evitemos andar de tribunal en tribunal. Y, no digamos, lanzar a diestro y siniestro condenas, descalificaciones, desprecios y burlas. ¡Cómo se divierten con eso los anteclericales de profesión, periodistas o no! Eso sí que no entra en clase de religión ni en religión de ninguna clase…
La felicidad
Me toca hablar a un centenar de señoras de cierta asociación muy arraigada en Pamplona y elijo, no sé por qué, tal vez como un reto, el tema de la felicidad. ¿Qué voy a decir yo de eso que ellas no sepan? ¿Y con qué autoridad? Con ninguna. Pero hablo, y hablo durante tres cuartos de hora: lo que no es, lo que parece ser, lo que no parece y es, lo que se entiende entre los mejores ejemplos de nuestra civilización judeo-cristiana que debe ser, las muchas clases de felicidad… Jefferson, el padre de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de América, la puso, junto a la vida y a la libertad, entre los primeros e inalienables derechos del hombre: «el derecho a la búsqueda de la felicidad». Ese deseo radical de todos nosotros, hasta de toda creatura viviente. Siempre estamos caminando hacia ella, inencontrable e inaprensible como es, pero sí fruible: la máxima fruición de nuestra caminante personalidad.