Ya están de nuevo los Savater, los Cebriain, los Peces Barba, los editorialistas de EP… criticando no sólo la sentencia del TC sobre los obispos y los profesores de religión (que, por cierto, ha sido «un alivio» para el Gobierno), sino yendo mucho más lejos, criticando la satisfacción y preocupación de los obispos, los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado, de 1979, y, sobre todo, la clase de religión en la escuela pública, que para ellos es igual a laica. Sin que les importe a alguno de ellos saltar por encima de los artículos de la Constitución que les molestan; ellos tan fieles al código supremo en otros casos y para otros objetivos. ¡Pero una clase de una paparrucha como la religión, que no es ni siquiera un conocimiento ni una disciplina científica, sino una devoción…! Ahora bien ¿son acaso una disciplina científica la poesía, la música, el arte en general, o lo es acaso la filosofía, y todo aquello que tiene algo que ver con los más altos interrogantes y más profundas inquietudes de la inteligencia humana, no sólo de la razón? ¿Qué hacen dentro de la escuela?