Gratitud, alegría, emoción, serenidad y voluntad de futuro, esta mañana en la celebración del XXV aniversario de la firma del texto del Amejoramiento (8.3.1982), que iba a ser votado en el Parlamento Foral, una semana más tarde. Muchos colegas de aquel tiempo, casi todos, excepto los ya fallecidos, a quienes recordamos con mucho afecto. Nadie de los partidos nacionalistas vascos e independentistas, que estuvieron ausentes entonces o votaron en contra. (¿Es esta una actitud democrática?¿Con ellos puede alguien pensar gobernar?). En los corrillos y en el almuerzo posterior, restringido, amplia y franca conversación, sobre todo entre políticos de la mayoría política navarra, independientes (como yo mismo) y socialistas, incluida la secretaria de Estado presente en nombre del Gobierno, que ha hablado muy bien y ha sido siempre sensata y discreta. Lástima que no nos haya escuchado el Consejo de Ministros en pleno. Porque, según cuenta, de primera mano, gente venida de Madrid -los había muchos-, el presidente del Gobierno de la Nación sigue pensando que la cosa se arreglaría, si Navarra y Euskadi se pusieran de acuerdo; si los navarros no se opusieran al «órgano común permanente», y cosas así. Es decir, como en los peores momentos de 1977-78, antes del Amejoramiento. Lo que revela que eso es moneda corriente de conversaciones y negociaciones. Tal vez nada más, pero tampoco nada menos. En fin, ¿recibirá por fin JLRZ a nuestro presidente foral en la Moncloa, en los próximos días, y dará a los navarros una cumplida satisfacción? Sería un regalo del XXV aniversario del Amejoramiento del Fuero, más valioso aún que el que nos han entregado hoy a varios de nosotros.