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Construyendo Europa

Invitado, como ex parlamentario español en Estrasburgo y Bruselas, por la Oficina del Parlamento Europeo y por la Representación de la Comisión Europea en España, no asistí a la celebración «50 años construyendo Europa» en la plaza del Palacio de Oriente, de Madrid, el pasado viernes, 23 de marzo. Cuántas veces he leído, recitado, citado, comentado ese preámbulo al Tratado de la Comunidad Económica Europea, leído solemnemente anteayer, aprobado en Roma por los padres fundadores, aquel 25 de marzo de 1957: aquellos padres fundadores europeos, resueltos a consolidar (…) la defensa de la paz y de la libertad»… ¿Qué habrán dicho en esa celebración conmemorativa «las autoridades presentes» españolas, cuando los españoles llevamos mucho más de 500 años construyendo España? ¿Habrán cantado la paz y la libertad de las que todos estamos hablando estos últimos días?

«Críticas» y «boicot»

Los ciudadanos españoles, es decir, la gente de nuestro país, como la de cualquier otro, no podemos estudiar cada una de las noticias que nos llegan, dedicarles unas horas o días tal vez, para cerciorarnos de su verdad o de su falta de verdad. Y por eso casi siempre nos quedamos con lo que nos transmiten las agencias, los medios de comunicación o los periodistas de esos medios. Con frecuencia nos dan gato por liebre, interpretación por información. Y así, ayer, jugaban algunos periodistas con las palabras críticas y boicot, que no son, ni mucho menos, lo mismo. Le he dedicado al asunto un buen rato, he leído las dos informaciones originales en distintos medios, y puedo decir, con cierta seguridad, que el señor Polanco, patrón de los medios informativos de Prisa, no hizo unas críticas al PP, a las que éste respondió con un boicot a los medios de Prisa. No. La realidad es otra: el señor Polanco, ese señor riquísimo, que se hizo ya rico en la dictadura y con la dictadura franquista, llamó, en una junta de accionistas, aunque con ciertos rodeos, revanchistas, franquistas y guerracivilistas a los del PP y animó a sus colegas y coeuristas allí presentes a un (relativo) boicot intelectual, moral y político a dicho partido. A lo cual éste respondió con un (relativo) boicot a los medios de Prisa. Aquí la trampilla lingüística habitual está en querer convertir el primer boicot en críticas, y dejar el segundo boicot como único boicot. ¡Qué malos tienen que ser los que responden a unas críticas democráticas hechas a un partido derechista con todo un boicot político de ese partido a unos medios informativos progresistas! Pues, no. Eso no es una buena información, sino una interesada interpretación, y en este caso interpretación manipuladora, justificadora del amigo (patrón) y acusadora del enemigo (el partido de la oposición al partido amigo en el gobierno).

Ecce Homo

El responsorio «¡Oh, vos omnes..!», cantado hace unas horas por el grupo gregorianista navarro Gaudeamus, me ha evocado el cuadro de Antonio Saura, Ecce Homo (1960), que contemplé recientemente en el Museo Reina Sofía, de Madrid y lo llevo en la memoria más viva. Una de las mejores creaciones -óleo sobre lienzo- del autor de la serie Crucifixión es también una de las mayores creaciones de la historia de la pintura española, y aun de la universal, sobre un tema tan habitual en ella como la Pasión de Cristo. Sin duda que para el autor oscense es a la vez el cuadro del dolor humano, del hombre maltratado y torturado, pero eso no cambia un ápice la realidad, antes bien la interpreta según la mejor teología cristiana. Espinas y cabellos ensangrentados coronan un rostro destrozado, en el que se han estrellado todas las afrentas, humillaciones, dolores y quebrantos, directamente posado sobre una columna fría y marmórea, de la que salen dos como brazos, no sé si de azotes o de horrores, en uno de los cuales me parece ver un pequeño espejo, extremo de la burla y la irrisión. Es El grito -otra de las series célebres de Saura- aquí silenciado, hecho imposible, bajo un ojo ennegrecido y otro amoratado, la mandíbula hecha un garabato y la boca evanescente. ¿Varón de dolores? Ni siquiera eso: el dolor y la destrucción del hombre hechos dibujo terrible, y unos trazos, bien trabados, de pintura gris, cárdena, roja y negra. Para un creyente, la tras-cendencia hecha tras-descendencia y sobre todo con-descendencia, en acertada expresión del teólogo Jon Sobrino. ¡Oh, vos, omnes…!

La condena del juez

«La absolución del culpable es la condena del juez«, escribió el poeta dramático romano Publius Syrus (85 a.C. – 43 p.C.), célebre por sus frases célebres. En algunos casos, y según ciertos sistemas judiciales en vigor, el culpable es el fiscal

La «notificatio» al P. Jon Sobrino

Me siento desolado tras leer la carta del jesuita salvadoreño, de origen vasco-español, Jon Sobrino al P.General de la Compañía de Jesús sobre la «notificatio» enviada por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. En ella se le pide nada menos que una «adhesión sin reservas«, como en los peores tiempos. La cosa viene de lejos, porque los dos libros teológicos del profesor de la Universidad Centro Américana (UCA), de San Salvador, punto de mira de las críticas de la Congregación, y otros escritos anteriores, también juzgados sospechosos, llevan varios años de vida y han sido interpretados muy positivasmente por parte de muchos eminentes teólogos, desde nuestro profesor navarro en la Gregoriana, P. Juan Alfaro, ya fallecido, hasta el mejor, quizás, cristólogo de hoy día, el jesuita francés P. Bernard Sesboüé. Estos han salido siempre en defensa de Jon, amigo y compañero de los mártires jesuitas de El Salvador -con el teólogo y filósofo P. Ignacio Ellacuría a la cabeza-, que se salvó de aquel magnicidio múltiple, todavía impune, sólo porque estaba fuera de la residencia, aquella noche trágica. Sobrino lo explica todo a Kolvenbach con sinceridad, transparencia y dolor, pero a la vez con una gran firmeza y fortaleza cristianas. ¿Cómo no recordar lo ocurrido, hace bien poco tiempo, con decenas de teólogos insignes que han sido atormentados con suplicios parecidos, desde De Lubac hasta Rahner, ambos jesuitas? ¿Cómo no rabiar leyendo la dolorida queja de un Congar, en carta a su madre, o la contundente diatriba contra la Curia Romana, escrita por el maestro de moralistas, el ancianno redentorista alemán P. Häring, cuyos libros fueron alimento espiritual de nuestra generación? Algunos de ellos fueron promovidos, años más tarde, nada menos que a … cardenales de la Santa Iglesia Romana, y pasan por ser hoy cimas venerables de la teología católica. ¿Pero dónde estamos? Podemos no tener a Sobrino entre nuestros teólogos preferidos; o disentir de él en afirmaciones, omisiones, actitudes, etc. Yo mismo, pobre de mí, he criticado alguna vez en escritos públicos el poco delicado tratamiento dado por él y por algunos de sus amigos al terrible 11-S en Nueva York, y me ha dolido su olvido de un acontecimoento tan grave como el de ETA y su millar de víctimas, mucho más escandaloso e injustificable en demasiados teólogos y cristianos «progresistas» españoles, ciegos, sordos y mudos ante esa matanza, opresión, injusticia, impostura mayúsculas, que ha sido y es el terrorismo independentista vasco, parcialmente apoyado y justificado por cierta Iglesia política, y.que, por lo visto, no es digno de las proféticas maldiciones que se merecen de continuo las víctimas, ésas sí, del liberalismo y capitalismo inhumano, del voraz imperialismo USA o cualquiera de sus satélites, en cualquier lugar del mundo. Esto me ha escandalizado siempre y sigue escandalizándome. Y lo que digo de ETA puede aplicarse a otras zonas de sufrimiento, silenciadas o demasiado preteridas a menudo por la teología de la liberación. Bien. Incluso en el ámbito doctrinal, es discutible el sentido, marxistoide o no, que se da con frecuencia en esta teología a la expresión «Iglesia de los pobres», puesta en circulación ya por Juan XXIII y el Concilio Vaticano, y discutible es asimismo el exclusivo o primordial papel que se concede en algunos casos a los «pobres» en la sociedad y en la Iglesia. Pero todo esto es cosa de estudio y debate diarios, de constante reflexión teológica, filosófica, sociológica, histórica… en seminarios, universidades, simposios, congresos. O en foros más reducidos, si se quiere. En el más delicado de los casos, en unos encuentros fraternales, y no unilaterales y secretistas, con mediadores de confianza y probada rectitud. (Con otro tipo de gente y otro tipo de cuestiones así se hace cotidianamente). Pero no por medio de una «notificatio» pública, severa, tajante, conminatoria -ya de suyo un máximo castigo- contra unos teólogos que nunca se han negado, fuera de algún caso que otro, a dialogar, a discutir, a convencer o ser convencidos, a mejorar, a corregir, a rectificar o a ratificar, cuando haya motivo y razón, y que hasta se han callado y humillado, a pesar de tener razón. Y no es que Jon Sobrino no vea en su propia obra los errores de que se le acusa; es que muchos y mejores teólogos que él, y de toda geografía y escuela, reconocidos mundialmente, no los han visto tampoco. ¿O es que en la Curia Romana hay arcángeles teólogos, no conocidos fuera de ella? Desgraciadamente, una triste historia, muy vieja y muy humana, demasiado humana, se repite (no quiero pronunciar ni el sustantivo ni el adjetivo ominosos que me vienen a las mientes). Y de nuevo se da al mundo católico, cristiano, y sobre todo al mundo indiferente, agnóstico o ateo, tantas veces groseramente anticlerical y antieclesial, un pésimo ejemplo, que a muchos les evoca muy negras páginas históricas, hoy execradas por todos los que no sean unos pobres fanáticos. Triste cosa en verdad. Esperemos que la Compañía de Jesús, tan habituada a la persecución, llegada de todos los puntos cardinales, pueda resolver este caso, como resolvió muchos anteriores. Que la benemérita UCA no pierda hombres y profesores puntales y heróicos. Que la teología de la liberación no sea excluida por la violencia de acusaciones y condenas de la rica pluralidad propia de una teología católica (universal) a la altura del siglo XXI. Y sobre todo que el amor de Dios –Deus caritas est– no sea velado todavía más por la falta de prudencia, de justicia, fortaleza y templanza de quienes debieran ser ejemplo de esas mismas virtudes, más necesarias en la Iglesia que en la misma sociedad civil.

¿Derrocar el Estado?

Voy terminando el libro de Stanley G. Payne, El régimen de Franco:1936-1975, editado por Alianza en 1987. Con abundante acopio de fuentes españolas y extranjeras, el renombrado hispanista escribe en 682 páginas una sobria, equilibrada, y apasionante, por no ser apasionada, historia de la dictadura, tan de agradecer después de tanta hagiografía y de tantos panfletos como hemos tenido que aguantar. Al haber vivido buena parte de lo que aqui se narra, el interés es sumo y el resultado muy positivo, ya que sabíamos casi siempre muy mal lo que pasaba tan de cerca. Cierro esta última tarde mi lectura en el año 1974, el primer año de gobierno de Arias Navarro, lleno de conspiraciones políticas, de huelgas, de la Revolución Portuguesa. Anoto esta frase del historiador Carlos E. Rodríguez, autor de Continuidad y Cambio, aparecido un año más tarde: «Un Estado moderno no es derrocado nunca: él mismo se rinde«.

Nieve en Roncesvalles

Antes de que los medios de información traten a la nevada de hoy como catástrofe nacional, y nos hablen sólo de accidentes, atascos, pueblos sitiados, carreteras cortadas, trenes y vuelos suspendidos…, sin recordar siquiera que la nieve, apenas vista este año, es el regalo nacional por excelencia, me recreo en Roncesvalles -sede de un encuentro cultural suspendido por la nieve-, contemplando, a primera hora de la mañana, esta solemne y general bendición del cielo que es una nevada sobre la tierra. El mundo, recreado del todo, es poco más que cien metros a la redonda. El cierzo helador remueve la nieve caída sobre el tejado casi vertical de la Colegiata, juega a volver a nevar y rellena el espacio de nevisca embarullada. Los dos abetos blancos, doblada la testa, están de brazos caídos, las manos en los grandes bolsillos de las ramas, habituados ya a su vegetal resignación, un poco confusos porque sienten ya por dentro, impelente, la primavera. Los tilos del pasillo central han logrado sacar sus tallos enhiestos de entre la nieve y apuntan decididos a su impulso primaveral. Pasa un cuervo de vuelo corto, como si quisiera emborronar un papel en blanco. Al quitar el cerrojo y abrir la pesada puerta de la casa canonical, me parece que rompo y profano un silencio y un ámbito sagrados. Soy el primero hoy en pisar la nieve del Camino pisado por millones de peregrinos a través de doce siglos, y me hundo literalmente en su memoria y en su magia. La nieve es blanda y agradecida como una leyenda. Y yo me dejo envolver por ella.

Conciliar lo inconciliable

Había perdido el gobierno de la Nación Antonio Maura, indicutido líder liberal-conservador, pasada la Semana Trágica de Barcelona (julio de 1909), tras la formidable presión de toda la izquierda, liberal, republicana, socialista, anarquista…, que obligaron al rey a dar la presidencia del Consejo a Segismundo Moret, jefe discutido del mal avenido partido liberal. Tras unos pocos meses de mal gobierno, la elección real recayó en el político liberal-demócrata José Canalejas, uno de los grandes hombres de la Restauración. La decepción de Maura, al ser expulsado del poder, había sido profunda y nunca se colmó del todo. Los problemas de España eran graves. Y el sistema nacido de la Constitución de 1876, con los dos grandes partidos del turno, vivía uno de sus peores momentos. Pero Maura y Canalejas habían tenido numerosos contactos antes y los tendrían después. En carta sin fecha, pero del mes de agosto de 1911, Canalejas, presidente del Gobierno, llama a su corresponsal «Amigo Maura» y se despide con un «Suyo cordial amigo«. Y le dice cosas como éstas: «Bien sabe que sus preocupaciones y sus alarmas me han impresionado mucho más de lo que usted cree. No puedo, no quiero, no debo llegar a la reunión de Cortes en octubre sin haberle convencido o sin convencerme yo. Nuestros diversos juicios acerca de la situación de España y procedimientos de Gobierno exigidos por ella parecen «inconciliables», y es, sin embargo, obligado conciliarlos, sin que se decolore nuestra significación en la política, ni se mermen nuestros convencimientos doctrinales. Es el arte, el modus operandi, lo que debemos unificar, sin mengua del «ideal» ni de la «doctrina«. Toda una lección de democracia práctica, de buen estilo, de lo que llamaríamos consenso en el método, buenas relaciones personales y en el ámbito de las reglas de juego. Qué aleccionador para la España de hoy.

Del enemigo el reflejo

En el diario digital etarrista de ayer, tras anunciar en la rúbrica, a grandes trazos, que el PSN «da un apoyo solemne al actual marco tras las presiones de UPN-PP«, escribe uno de sus habituales colaboradores: «UPN-PP y CDN, convocantes de la manifestación de hoy en Iruña (17´00), han logrado ya un primer objetivo: forzar un posicionamiento del PSN en favor del actual marco». El actual marco (jurídico-político), es decir, la Comunidad Foral de Navarra, española y europea, lo traduce más adelante el mismo redactor etarrista por «la partición» y «la partición territorial» . ¡Toda una interpretación sectaria -nunca mejor dicho: secare (cortar)-, de la historia!

Lobos y zorros

¿Y, si, además de gritar `¡que viene el lobo!´ -cosa que, por supuesto, no le gusta nada al lobo-, nos pusiéramos todos, además, a ahuyentar los muchos zorros que merodean dentro y fuera de nuestro terruño, con un poco más de esfuerzo, de habilidad y de unión solidaria?