Las elecciones debieron haberse convocado mucho antes, cuando tras la expulsión del vicepresidente socialista del Gobierno foral, se vio claramente, tras el rechazo de los presupuestos y de todas las iniciativas gubernamentales, que era inviable cualquier relación con el PSN y cualquier mayoría posible. Desde entonces e Gobierno de UPN ha vivido un vía-crucis, que lo ha llevado ahora al calvario. El equipo de Gobierno es muy debil, más débil aún el partido y en este momento las consejerias de Salud y Economía están hechas una ruina. La comisión de investigación no es más que un arma arrojadiza, que acabará siendo arrojada… contra el Gobierno. Basta escuchar el alto lenguaje que se habla en nuestras instituciones: echar a la presidenta, Gobierno en putrefacción… para no poder esperar mucho de quienes hablan así. UPN no tiene más apooyo ante la opinioón pública que la fotografía del PSN junto a los tres grupos independentistas -¡que los periodistas de DN y todos los polítricos siguen llamando nacionalistas!- y la moción de censura, que volverá a juntarlos de nuevo. Pero está por ver si a estas alturas eso significa lo que significaba en otros tiempos, anteriores a los escándalos de la Caja de ahorros (el «banquete»). El Gobierno de técnicos, al que alude hoy J. Tajadura, es sólo un ardid de jurista, pensado tal vez para otros mundos. Por otra parte, las elecciones al Parlamento Europeo no son propicias para el partido que no tenga en la lista un candidato navarro con expectativas de salir elegido, y menos para UPN, que no tiene siquiera una candidatura nacional, a no ser que haga suya la del PP, que sí tiene un candidato navarro. Todo dependerá, además, de la buena o mala defensa que pueda hacer en las próximas horas la vicepresesidenta del Gobierno foral, acusada de graves errores, que muchos, como el mismo Tajadura, dan por verosímiles. De todos modos, lo peor me parece la permanencia en el calvario, que nos hace a todos sufrir, paraliza la vida política en Navarra y da una prima inesperada a la oposición independentista. Y lo menos malo, unas próximas elecciones.
Archivo del Autor: vmarbeloa
El Banquete
No es el de Platón. Es -déjeseme decirlo con un aforismo- el banquete, engendro de Caja y Banco, apropiado, abusado, manipulado y al fin arruinado por unos cuantos señores que, al final, lo hicieron desaparecer. Y, aunque los autores del libro, que no libelo, sean independentistas, al servicio del indepedentismo vasco, y no todo sea cierto ni suficientemente probado, los despilfarros, abusos, excesos, prepotencias, lujos y pompas, regalazos, favoritismos, nepotismos, créditos locos, blindajes y otros atropellos… son una verdadera burla y desprecio a impositores, contribuyentes y ciudadanos, y dejan en el lector el deseo vehemente de que no queden impunes. Por lo demás, la pregunta más habitual de amigos, compañeros y conocidos es si alguien de todos estos personajes que aparecen en el libro ha interpuesto una querella judicial. Por mi parte, lo que yo me pregunto es si alguien que aparece en esa tétrica foto puede presentarse todavìa a unas elecciones, y hasta si puede ocupar un cargo público.- No, no es, precisamente, el Banquete de Platón.
«¿No son enemigos de la guerra?»
El diario tradicionalista de Vitoria, Pensamiento Alavés, sustituto, desde 1932, de Heraldo Alavés, ambos en manos del diputado a Cortes, José Luis Oriol, solía enfurecerse con sus adversarios y enemigos políticos, pero el día 13 de octubre de 1934 andaba más acertado. Comentaba en su editorial, titulado Además de los indicios, las pruebas, la nota del día anterior, dada por Solidaridad de Trabajadores Vascos, de Vizcaya, reanudando el trabajo en todos sus gremios, tras la huelga general política y revolucionaria del día 4, coincidente con otra nota de la UGT de la misma fecha, y añadía: Dice «El Liberal» de Bilbao, en su número de hoy, que los católicos estamos obligados a solicitar que las ejecuciones no se lleven a cabo, porque nuestra religión nos prohíbe la venganza y nos aconseja el perdón. El periódico de Indalecio Prieto no tiene motivos para señalar deberes a los católicos. Sería mejor, por otra parte, que dedicase su tiempo a exponer los de sus amigos. ¿No han hecho ellos campaña contra la pena de muerte? ¿Por qué, pues,se han dedicado tan alegremente al asesinato en masa? ¿No son enemigos de la guerra? ¿Por qué, pues, la han declarado, no en legítima defensa, sino acuciados por el sádico deseo de matar y destruir?
Euskadi-Cataluña
En octube de 1934 era fácil encontrar en la prensa monárquica y tradicionalista reproches y acusaciones al PNV por haber colaborado, de una manera u otra, a la llamada revolución izquierdista del día 4 y siguientes, particularmente sangrienta en Asturias y Cataluña. Pero era mucho más difícil encontrarlos en un periódico de izquierda. Ese fue el caso del diario liberal-republicano de San Sebastián, La Voz de Guipúzcoa (1885-1936). Pedro Sarrasqueta, en un artículo titulado «Nacionalismo convencional», publicado el día 13 de ese mes, se empeña en reponder a los nacionalistas peneuvistas, que niegan haber tenido ninguna clase de relación ni de compromiso con los revolucionarios: Después de las campañas de los periódicos nacionalistas durante el período prerrevolucionario, en favor de los catalanistas; después de los abrazos fraternales de los jelkides con la Esquerra catalana, de las idas y venidas de unos y otros, con motivo de la ley de Cultivos de Cataluña y del conflicto de los Ayuntamientos vascos; después de hacernos suponer que el nacionalismo estaba preparado poco menos que para poder proclamar con probabiliades de éxito la República Vasca, nadie ha dado crédito de la tardías manifestaciones del Partido Nacionalista, y menos aún al ver que la Solidaridad de Obreros Vascos se apresuró a tomar parte en la huelga revolucionaria. Sólo cuando la huelga y la insurrección fracasan -acusa Sarrasqueta-, el jelkidismo se apresura a proclamar su inocencia. Ya no les interesa, de momento, Cataluña. Ahora todo es hablar de las bellas máximas de Cristo. Nosotros, al leerlas -comenta mordaz-, no podemos olvidar que el desgraciado Judas Iscariote acompañó siempre al Maestro.
Cárceles
Del estupendo programa de Jordi Évole, que acabo de ver, me quedo con el testimonio del abogado de Antonio Puerta, que lamenta la pérdida de la compasión, comenzando por los periodistas, y que afirma que sin compasión no hay sociedad humana que valga. Con la afirmación de la señora Gallizo, ex directora de Instituciones Parlamentarias, de la que no tenia buen recuerdo, cuando lamenta que a la gente se le juzgue por lo que pueda hacer. Y con ese admirable Josep María Fabró, sacerdote responsable de una casa de acogida para ex-presos en Martorell, que dice no ser muy de misa ni modelo de espiritualidad; que dice no ir a la cárcel a evangelizar, pero que llama así a todo lo que hace por la gente, y que espera de la misericordia de Dios que tenga en cuenta algunas cosas buenas que ha hecho…
La renuncia
Pase lo que pase, sea lo que sea, la salida -que no solución-. mejor para la infanta Cristina, para la familia real, para la Monarquia española, para España, sera la renuncia a sus derechos al trono, que apenas le afectan a ella, por su séptimo lugar en la línea de sucesión, pero sí a la primera institución española y al buen nombre de la misma. El pueblo español distinguirá bien en todo momento la persona de la heredera, los deberes y derechos familiares de los deberes y derechos reales, piense lo que piense de la fidelidad de la mujer a su marido, el señor Urdangarín, nada ejemplar, según la misma Casa Real.
Hagiografía, no historia
Centenares de libros de historia contemporánea han pasado, estos meses, por mis manos, para algunos de de mis trabajos en curso, en varias bibliotecas navarras y españolas, especialmente en la de la universidad de Navarra, ricamente dotada, por sus muchas adquisiciones, y sobre todo, en lo que a libro histórico se refiere, por sus muchos legados. He tenido, pues, ocasión de comparar las buenas con las malas, o incompletas, historias: las de pura épica, las de propaganda, las redactadas a voleo, las repetidas, las más o menos plagiadas, las meramente crónicas, las testimoniales, las tesis apriorísticas, las buenas historias pero escritas sin método o con método elemental… Entre las historias de propaganda abundan las hagiográficas (o vidas de santos) en honor de una persona, de una institución, de una entidad cualquiera. Tales son los libros editados por cuenta de esas instituciones o encargados con ese fin. Cuando son historias de los propios partidos, sindicatos u otras instituciones similares, la hagiografía es segura. Lo que no obsta para que a través de ella nos hagamos con datos, noticias, anécdotas, siempre interesantes para una verdadera historia. Ejemplar me parece en este punto el libro, que no conocía hasta ahora, de Jesus Eguiguren Imaz, Historia del socialismo vasco (1886-2009), editorial Hiría, San Sebastián, 2009. Basta verlo para imaginar que ha sido pensado como libro hagiográfico de regalo: por su forma, su peso, sus fotos… Cuando uno lo ve por dentro, tine lo que se temía. La historia verdadera importa poco. Baste decir que se pasa guapamente del congreso del PSOE de 1932 a mayo de 1936, salvando así la catástrofe socialista de 1933 y 1934 (pp. 258-59). Al tema del Estatuto vasco y Navarra, capital en ese tiempo, se le dedican algo más de tres líneas. Y así en todo.- Vidas de santos, vidas de héroes, vidas de los nuestros, donde la verdad es una excepción y siempre un lujo.
Últimos aforismos
– El ascensor es la plaza mayor de los vecinos de un bloque de viviendas.
– La función social de la propiedad, principio fundamental de la doctrian social catolica, que sostiene que todos los bienes tienen como fin primero la vida y el bienestar de todos, ha servido a muchos propietarios como función legitimadora de su propiedad privada: ellos son los que mejor sirven al destino común de esos bienes.
– Es natural que la joven política de extrema derecha, Cristina Seguí, por su sola belleza tenga muchos seguidores.
Un colectivismo cristiano
Ángel Carbonell i Pera (Badalona, 1877-Barcelona, 1943)), sacerdote ordenado en la diócesis de Barcelona, fue director literario de la casa editorial católica Subirana. Nombrado passioner, encargado de los pobres y enfermos de la parroquia de San José, en el barrio chino de la capital catalana, publicó en 1928 sus reflexiones sobre su dura experiencia con el nombre de El colectivismo y la ortodoxia católica, libro que levantó apasionadas discusiones así como fervientes adhesiones y amargas protestas. Carbonell influyó mucho en los jóvenes que, un año más tarde, fundaron el diario católico El Matí y, dos años después, la Unió Democràtica de Cataluña, el primer partido netamente demócrata cristiano de España. En ese diario escribió Carbonell, lo mismo que en la revista La Paraula Cristiana, dirigida por Cardó, y en otras publicaciones sociales. En 1940, conmocionado por la guerra y la persecución religiosa, publicó Cartas de combate en defensa de la fe, dirigidas a las juventudes cristianas.- Para Carbonell, ninguna razón prohíbe que un cristiano sea colectivista, entendida la colectivización como producción y apropiación común de los bienes. Lo que deconoce la escuela cristiana es precisamente el individualismo de la propiedad, pues se la tiene por legítima sólo como el medio más natural y eficaz para conseguir el bien de todos. La constitución actual de la sociedad, guiada por criterios individualistas, imposibilita a menudo el cumplimiento del destino primero y esencial de las cosas exteriores y deja a los indigentes indefensos para la realización de su derecho a la vida, superior a todos los títulos de la propiedad privada. El sociólogo catalán -uno de los grandes eclesiásticos que honraron la Cataluña de los años veinte y treinta: Palau, Llovera, Rucabado, Civera i Sormaní, Carreras, Cardó, Vallet, Esplugas, Sanabre, Bonet …- discutía el carácter de ley natural de la propiedad privada y encontraba argumentos en los Santos Padres de la Iglesia para probar que aquélla nació más bien de la imperfección de la naturaleza humana. El salario y la hrencia, instituciones tan propias de la sociedad burguesa son ampliamente criticadas por Carbonell: encontraba dudoso el llamado derecho natural de la sucesión hereditaria como necesaria para la conservación de la familia y para el recto orden de la sociedad. Y juzgaba ilusoria toda elevación de salarios, mientras los instrumentos del trabajo permanecieran en poder del capital, dueño y regulador de la producción. El autor de tan insólito trabajo, obra de un eclesiástico, en medio de la Dictadura de Primo de Rivera, subrayaba la solidaridad de la sociedad colectivizada, que, según él, se asemejaba más al comunionismo establecido por la enseñanza de Jesucristo.
Periódicos «católicos»
La Gaceta del Norte, de Bilbao, cuyo consejero delegado era en 1934 el catolicisimo José María de Urquijo, había surgido en 1901 de un grupo de católicos vascos -entre ellos Urquijo-, independientes, carlistas y nacionalistas vascos, que pusieron dinero, organización y entusiasmo a la iniciativa del jesuita vasco J.M. Palacio. En 1911 apadrinaron e hicieron posible el nacimiento en Madrid del periódico El Debate, dirigido por Ángel Herrera, que iba a ser el diario católico por excelencia en España hasta 1936, y uno de los mejores diarios españoles. En 1934, tras el fracasado golpe izquierdista de octubre, la vida política española estaba muy agitada y la división entre las dos Españas al rojo vivo. La Gaceta se unió entonces al coro de la prensa monárquica y tradicionalista, que acusaba a los nacionalistas vascos de haber evolucionado hacia el «izquerdismo social», lo que era en parte cierto, si a lo social se referían, y menos cierto, si a lo político. A lo que respondió con dureza Euzkadi, el diario oficial del PNV: En La Gaceta del Norte hay hombres que pertenecen a Acción Católica. Todavía, a pesar del tiempo transcurrido [desde la aparición en 1931 de la «Quadragessimo anno»], estamos por leer en La Gaceta no ya una defensa de los postulados socialcristianos mantenidos en la encíclica de Pío XI, sino ni siquiera la menor divulgación de ellos. Su obligación de periódico católico no le exigía otra cosa que divulgar y defender esos principios de la doctrina social católica. Esto no es derivar hacia el izquierdismo social: eso es eludir de intento la doctrina social de la Iglesia cuando ésta perjudica al bolsillo, contribuyendo a que las masas ignorantes de esa preciosa y redentora doctrina que, sin destruir nada, tiende a elevar a todos los hombres, se marchen a otros campos, marxistas o comunistas, dejando en su antesala la religión, la espiritualidad y todos los los valores morales que tanto dice defender La Gaceta del Norte. Y aludiendo a la acusación susodicha en la pluma de un redactor anónimo del diario católico bilbaíno, continúa el órgano nacionalista vaasco: Quien con positiva obligación de predicar esa doctrina social cristiana no lo hace, quien mantiene un silencio durante años y años, inadmisible bajo todos los puntos de vista, no puede acusar a un partido que, como el nacionalista, es el único, el ÚNICO, que, en el pueblo vasco, desde su periòdico, desde sus tribunas y en toda ocasión divulga y enseña las doctrinas sociales de la Iglesia.