Ángel Carbonell i Pera (Badalona, 1877-Barcelona, 1943)), sacerdote ordenado en la diócesis de Barcelona, fue director literario de la casa editorial católica Subirana. Nombrado passioner, encargado de los pobres y enfermos de la parroquia de San José, en el barrio chino de la capital catalana, publicó en 1928 sus reflexiones sobre su dura experiencia con el nombre de El colectivismo y la ortodoxia católica, libro que levantó apasionadas discusiones así como fervientes adhesiones y amargas protestas. Carbonell influyó mucho en los jóvenes que, un año más tarde, fundaron el diario católico El Matí y, dos años después, la Unió Democràtica de Cataluña, el primer partido netamente demócrata cristiano de España. En ese diario escribió Carbonell, lo mismo que en la revista La Paraula Cristiana, dirigida por Cardó, y en otras publicaciones sociales. En 1940, conmocionado por la guerra y la persecución religiosa, publicó Cartas de combate en defensa de la fe, dirigidas a las juventudes cristianas.- Para Carbonell, ninguna razón prohíbe que un cristiano sea colectivista, entendida la colectivización como producción y apropiación común de los bienes. Lo que deconoce la escuela cristiana es precisamente el individualismo de la propiedad, pues se la tiene por legítima sólo como el medio más natural y eficaz para conseguir el bien de todos. La constitución actual de la sociedad, guiada por criterios individualistas, imposibilita a menudo el cumplimiento del destino primero y esencial de las cosas exteriores y deja a los indigentes indefensos para la realización de su derecho a la vida, superior a todos los títulos de la propiedad privada. El sociólogo catalán -uno de los grandes eclesiásticos que honraron la Cataluña de los años veinte y treinta: Palau, Llovera, Rucabado, Civera i Sormaní, Carreras, Cardó, Vallet, Esplugas, Sanabre, Bonet …- discutía el carácter de ley natural de la propiedad privada y encontraba argumentos en los Santos Padres de la Iglesia para probar que aquélla nació más bien de la imperfección de la naturaleza humana. El salario y la hrencia, instituciones tan propias de la sociedad burguesa son ampliamente criticadas por Carbonell: encontraba dudoso el llamado derecho natural de la sucesión hereditaria como necesaria para la conservación de la familia y para el recto orden de la sociedad. Y juzgaba ilusoria toda elevación de salarios, mientras los instrumentos del trabajo permanecieran en poder del capital, dueño y regulador de la producción. El autor de tan insólito trabajo, obra de un eclesiástico, en medio de la Dictadura de Primo de Rivera, subrayaba la solidaridad de la sociedad colectivizada, que, según él, se asemejaba más al comunionismo establecido por la enseñanza de Jesucristo.