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Miserere mei, Deus

(Piedad de mí, oh Dios, por tu  bondad)                                                                                                                   Salmo 50

 

No invoco ahora la verdad

ni el peso atroz de mi miseria,

eso que teólogos dotados del sentido del humor

llamaron pecado original ,

el más original de los pecados,

pues no lo es en absoluto.

No invoco mi miseria.

Invoco, Dios mío,

la verdad

de tu infinita misericordia,

de tu inmensa ternura,

la mejor descripción de tu Ser.

Lávame con nieve o con hisopo

de todos mis pecados,

esa extraña e inmunda palabreja, 

que hoy en día no se puede pronunciar.

Yo no nací culpable,

no.

Yo me he hecho culpable cada día,

y este no saberme así, 

este

no querer reconocerlo

es el mayor pecado que puedo cometer.

Porque así no es posible

ni mi verdad más íntima

ni la sabiduría de tu gracia.

Y ese pecado radical

aleja tu rostro de mi rostro

 y retira de mí tu santo Espíritu.

Crea, pues, en mí, oh Dios, 

un corazón

puro

y devuélveme

ese gozo inefable

que salve mi existencia

de la nada voraz y el sinsentido.

Abre, Señor, mis labios

a confesar mi culpa radical

de no aceptar mi culpa.

Entonces,

sólo entonces,

aclamará mi lengua tu justicia,

y mi vida podrá ser

una eterna alabanza.                                                         

 

La Caja, sí, la Caja.

 

El artículo publicado ayer en DN: titulado ¿Qué pasa aqui? ¿Qué puede pasar? ha sido quizás el que más comentarios  ha suscitado, por lo que yo puedo saber; y esta vez, hasta ahora al menos, todos positivos. Sin intentar repetirlo aqui, que no es mi costumbre, pues que cada medio tiene sus contenidos propios, sí que quiero recalcar algo que los medios informativos españoles, volcados estas semanas en el caso navarro, parecen desconocer o menospreciar. Se trata de los escándalos en torno a Caja Navarra y Banca Cívica, que tres  periodistas, independentistas vascos por más señas, se han encargado de recopilar, interpretar y difundir en un libro, El Banquete, editado por una editorial del mismo cuño político. Con libro o sin libro, sin todo ese basural el Gobierno foral y su partido no estarían hoy tan debilitados y desprestigiados, y el primer partido de la oposición podría tener alguna posibilidad de recambio, como tradicionalmente ha ocurrido en Navarra desde el año 1979, siempre que el partido en el poder ha sufrido un grave deterioro. A los dos partidos mayoritarios, participantes de hoz y coz en los chandríos de la Caja Navarra-Banca Cívica, se unen también otros políticos navarros, desde la izquierda comunista a los partidos nacionalistas vascos, algunos de cuyos representantes se han sentado, con todos los honores y honorarios, en los Consejos de administración de la Caja-Banca. Todos ellos han quedado tocados, quemados, abrasados, y casi extinguidos para un futuro político inmediato normal. Cosa que no reconocen ni quieren reconocer, mientras juegan a ritos y procedimientos, que en otra situación podrían tener algún sentido, pero que ahora están vacíos del mismo. Podemos decir, pues, resumiendo, que la Caja ha sido la verdadera caja de los truenos para la polìtica navarra. La caja de Pandora de donde salió el mal del descrédito de nuestros políticos actuales.- Nos queda el triste consuelo de poder votar, dentro de unas semanas, entre lo malo y lo peor, entre la desgracia y la desdicha. En tres ocasiones, nos salió al paso, en la última historia política del Viejo Reyno, un nuevo partido en el momento en que el anterior partido gobernante había terminado su función: UCD (1979); PSN-PSOE (1983); UPN (1991). Ahora tendremos que suplir con nuestros votos -ya ni vale el voto en blanco-, con nuestra firmeza, paciencia y ánimo de futuro lo que ninguno de los partidos a la vista, por una cosa o por otra, nos puede ofrecer, al menos por el momento. Tiempos recios para gente recia.

Lo de menos

 

Es el caso que el popular y curioso Eduardo Punset, con quien coincidí unos años en el Parlamento Europeo, fue invitado hace poco a ser pregonero en la Feria del Cocido, de Lalín, en su 46ª edición. Un acontecimiento que, según el escritor catalán en castellano, concilia ocio, cultura, gastronomía y diversión. Lo que le da pie, él sabrá por qué, para decirnos, en su página magisterial de El Semanal, que es un ejemplo más de que, afortunadamente, hay vida antes de la muerte, al margen de ese dogmatismo más centrado en primar lo que sucede después. Por suerte, hoy sabemos a ciencia cierta que eso es lo de menos.- Conviene recalcar ese afortunadamente, ese por suerte y ese sabemos, tres soportes pueriles de quien, satisfecho, parece querer lanzar un desafío a la cara de alguien. Toda una muestra -en un buen profesional, que quiere aparecer objetivo, sereno y educado- de una desdichada frivolidad y de un cientifismo barato, además de falso. A la vez que toda una proclamación arrogante y literal, fuera de lugar y fuera del guión, de in-trascendencia.

«Que no está el amor de Dios…»

Sí, que no está el amor de Dios en tener lágrimas ni estos gustos y ternura -que por la mayor parte los deseamos y consolamos con ellos-, sino en servir con justicia y fortaleza de ánima y humildad. Recibir más me parece a mí eso que no dar nosotros nada. Para mujercitas como yo, flacas y con poca fortaleza, me parece a mi conviene, como Dios ahora lo hace, llevarme con regalos, porque pueda sufrir algunos trabajos que ha querido Su Majestad tenga; mas para siervos de Dios, hombres de tomo, de letras, de entendimiento (…), no digo yo que no la tomen -si Dios se la da- y la tengan en mucho, porque entonces verá Su Majestad que conviene; mas cuando no la tuvieren, que no se fatiguen, y que entiendan  que no es memester -pues Su Majestad no la da- y anden señores de sí mesmos.

(Santa Teresa de Jesús, Vida, 11, 14)

Últimos aforismos

 

– Sustituimos primeramente, como signos de identidad, la religión por la raza, y después la raza por la cultura. Pero se trata demasiadas veces de una cultura más o menos racista, y con frecuencia de cuño religioso. No hemos adelantado mucho.

– ¿Por qué mueble-inmueble y todos sus derivados se escriben con b, si provienen de movilis-le, y, más allá, del verbo movere?

– En el mundo de la economía todo valor tiene su precio exacto.. En el de la moral los valores no tienen precio, de preciadísimos que son.

Cuando se juega todo el sentido de la vida

Con motivo de la aprobación por el Senado belga del proyecto de ley de la eutanasia de los menores de edad y de su próxima discusión en el Congreso, la Conferencia episcopal belga, reunida en la asamblea de Grimberger -no dividida, como los partidos políticos, en flamencos y valones-, publicó un valioso y valeroso comunicado, preparado con la ayuda de varios expertos, sobre esa propuesta legislativa, sobre su oportunidad, su contenido, sus riesgos y sus consecuencias. Al tratar de su oportunidad-necesidad, recuerdan que en el pais vecino de Holanda existe una ley pareja desde el año 2006, pero que no se ha puesto en práctica casi nunca. En cuanto al contenido y sus riesgos, en la primera de las reflexiones, partiendo de la prohibición de matar, base fundamental de nuestra sociedad democrática, afirman que, al abrir la puerta a la eutanasia de los menores en casos límite, en lugar de la sedación y cuidados paliativos,  se corre el peligro de querer extenderla a los discapacitados, a las personas con demencia, a los enfermos mentales e incluso a quienes están cansados de vivir. Con el riesgo todavía mayor de cambiar el significado de la vida humana, haciendo que se conceda el valor de la humanidad sólo a los que son capaces de reconocer la dignidad de su propia vida, negándoselo a muchos otros. Se juega, pues, no sólo el sentido de cada una de las vidas, sino todo el sentido de la vida de la sociedad.

Homenaje a Markus Lüpertz

(En la Exposición de ML en el  Museo de Bellas Artes de Bilbao)

Schwarz ist keine Farbe.                                                                                                                 Weiss ist keine Farbe .                                                                                                                       (El negro es ningún color.                                                                                                               El blanco es ningún color).                                

Pero tú los juntaste al azul

del cielo y al verde de los valles;

al rojo de la sangre, al amarillo

del sol, la mantequilla y el otoño,

 y recreaste el mundo del color,

que es el mundo real y primigenio.

Poeta y músico en todas tus acciones,

tu pintura escultórica,

tu escultura pictórica

prolongan  sin rubor el mundo clásico

– Nefertitis, Judit o Ganimedes-,

que fue la Antigüedad,

sabia y solamente sometida   

al único ideal de la belleza,

que heredaron  tambien tus mediadores:

Goya, Pousin o Giacometti.

Tú, el más clásico de todos,

y el más rebelde

de los expresionistas,

en el trazo intenso de la mano

y en las estatuas

de cera, yeso, madera o bronce, gigantescas.

Escultor de gigantes,

has elevado al hombre hasta la altura

del arte,

el único creador omnipresente

que este mundo tolera.           

«El mundo sucede en las palabras»

 

Este hermoso verso titular es de mi amigo, el poeta catalán Santiago Montobbio, cuyo último libro tengo sobre mi mesa de trabajo. Ni él ni yo lo aplicamos sólo ni sobre todo a las muchas palabras de los debates del Estado de la Nación, que se desenvuelven estos días, sino a todas nuestras palabras, a todas las palabras de los humanos:

La vida transcurre mansa hasta que la asaltan. En cualquier
recodo de un camino donde estaban al acecho                                                                              de pronto aparecen y persiguen                                                                                                        y son cifra oculta y última                                                                                                                  del respirar que nos conforma.                                                                                                        Son aire, agua, alba. El mundo                                                                                                          sucede y se agolpa en las palabras                                                                                                   y la vida en ellas es mansa o es terrible                                                                                           y su verdadera profundidad alcanza.                                             .                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

¡Vivan las Repúblicas españolas!

 

No sé, pero creo que a veces, por consolarme ante la crítica situación en Cataluña, repaso algunos textos históricos y los interpreto ahistóricamente, desde ahora y desde aqui, o simplemente aplico rudamente su literalidad a las circunstancias actuales. Es el caso del Pacto de San Sebastián, de 17 de agosto de 1930. Llegó a él un joven abogado catalanista de Acció Republicana Catalana, llamado Manuel Carrasco i Formiguera, alumno agradecido de los jesuitas, muy católico activo y muy nacionalista. Llegó con otros dos políticos catalanistas mucho más flexibles, pero él iba, como nos cuenta Alcalá Zamora, no ya con intransigencia de fondo, sino, además, con acritud de forma y sequedad de expresión, para dejarnos atónitos. Según Miguel Maura, otro de los presentes, Carrasco exigía la más absoluta autonomía para Cataluña. A partir del nacimiento del nuevo régimen, Cataluña recaba su derecho a la autodeterminación, y se dará a sí misma el régimen que le convenga. Tanto Alcalá como Maura, ex monárquicos, fundadores de la Derecha Liberal Republicana; como los republicanos Albornoz y Domingo, fundadores del flamante Partido Radical Socialista;  el republicano local Sasiain, futuro alcalde de San Sebastián, y el observador socialista Prieto se opusieron a tales exigencias, le explicaron su concepto de autonomía y federalismo, y le dejaron claro lo que estaban dispuestos a llevar a cabo entre todos. Y Carrasco debió de aceptar el consenso de la mayoria, porque en las elecciones generales del año siguiente, tras el plebiscito del Estatuto de Cataluña, fue con las siglas de su partido en las listas comunes y mayoritarias de Esquerra Republicana, que entonces no era independentista, sino catalanista, republicana y autonomista.- Unos meses más tarde, el ex coronel Maciá, convertido en independentista extravagante y agitador, proclamaba, el 14 de abril de 1931, en el palacio de la Diputación de Barcelona la República Catalana, una de las exaltadas quimeras de Maciá, según expresión de de Alcalá Zamora, con el sonsonete ultrafederal para las demás regiones. Se movieron con frenesí los nuevos políticos españoles, coaligados ya en el Gobierno republicano, para impedir por las buenas aquella locura. Y el día 16, tres nuevos ministros, el andaluz Fernando de los Ríos, y los catalanes Marcelino Domingo y Luis Nicolás D´Olwer (éste último, del mismo partido que Carrasco) volaron a Barcelona, y de aquel encuentro salió no la República, sino la Generalitat de Catalunya. El día 26, el presidente del Gobierno Provisional de la República Española, don Niceto Alcalá Zamora, visitó, con esos mismos ministros, la capital catalana, en olor y calor de multitudes. Tan exaltado fue el encuentro, que el mismo don Niceto, que no era ni siquiera federalista, llegó a escandir, en el mismo balcón de la Diputación, en un arrebato indigno de su habitual rigor jurídico, un estentóreo: ¡Vivan las Repúblicas españolas

«Alianza de Riqueza y Clero»

 

En su conferencia del Ateneo de San Sebastián, el 29 de abril de 1930, el ex ministro de la Monarquía y futuro presidente de la Segunda República, el prestigioso jurista Niceto Alcalá Zamora, aludía a la alianza  de Altar y Banca  -una especie moderna de la tradicional de Altar y Trono-, y la describía como alianza formidable, pero a la vez absurda, heterogénea e ineficaz para resistir el temporal que se acerca y que, ya en verdad, descarga. Don Niceto, católico liberal, confeso y profeso, da sus razones: Si consultáis a un hombre de negocios, os dirá que en esa compañía, es fácil la quiebra completa; lo más probable, la disolución, por pérdida cuantiosa de capital; el supuesto más optimista, la liquidación sin ganancia alguna: ¡un mal negocio! Si el consejo lo pedís a uno de los pocos tácticos que permanezcan en el lado de la reacción, él os dirá que con huestes tan dispar (sic) no se libran batallas; que las marchas y los movimientos de los unos y de los otros no pueden acompasarse; que se daría el mando a soldado demasiado prudente para el ataque, o demasiado fanático para la espera. Y, si acudís a un pastor de almas, él os dirá que el reino de Dios es mucho más amplio; que aquel Dios de los Ejércitos de multitudes, (es) de desemparados y que cuando se acerca, próximo ya el misterio de la Pasión, a los alrededores del Templo, levanta su santa indignación la proximidad de tenderetes y de mercaderes (Aplausos)»- Con este lenguaje barroco y esta sintaxis retorcida de  abogado facundo y verborrrero, tan propios suyos, quiere dar otra versión actual de la tradicional Altar y Trono, Iglesia y Monarquía, catolicismo y poder, riqueza y clero, vigente en largos sectores de la España de la Restauración, de la Dictadura y de la Dictablanda. Fiel a su fe y a la Iglesia que él quería dentro del nuevo estado de cosas, dimitió de la presidencia provisional del nuevo régimen ante el sectarismo perseguidor del artículo 26 de la Constitución, aunque luego, siendo presidente elegido de la Segunda República, su obstinado interés por un Centro hecho a su medida y bajo su férula, le distanció de todos, acabando solo y abandonado por la derecha y la izquierda. Preconciliar, diríamos hoy, y hombre de buena voluntad; con muchas dotes de hombre público, y mediocre político.