Archivo del Autor: vmarbeloa

Últimos aforismos

 

A vista de pájaro. ¿Qué sabemos cómo es la vista del pájaro?

Si yo llamara a las palabras, acudirían humildes, como el prisionero acude a la llamada del que lo cautivó (Abu Ishalq, Elvira, + 1067). Oh, poder de los poetas…

La gente con mucha cara mira cara a cara a cualquiera.

Otro que niega la evolución

 

        En el último número de ES, el escritor José Manuel de Prada, que firma su colaboración habitual, Evolucionismo y teología, se queda sin teología y sin evolución. Considera intelectualmente probos a todos los evolucionistas ateos o agnósticos, que consideran incompatibles a Darwin y al dogma cristiano, y chanchulleros, y hasta personas odiosas a quienes afirman lo contrario, es decir, a casi todos los teólogos cristianos actuales y,  entre ellos, a los mejores que hay en el mundo. Prada, que se apoya para su tesis en Monod, Wells o Bozarth, y no en los mejores  teólogos católicos, lee la Biblia con lectura fundamentalista, propia de ciertos protestantes norteamericanos; mantiene el monogenismo de la especie humana; entiende el pecado original como una enfermedad hereditaria, y, consecuentemente, también de manera anticuada e inapropiada, el bautismo de los niños y hasta la Redención de Cristo. Siento de verdad que ese sea todavía el pensamiento de José Manuel de Prada, un buen escritor, a quien debemos páginas espléndidas y a quien he alabado aqui en alguna de las muchas ocasiones en que ha defendido valientemente algunos puntos de la moral cristiana, el patriotismo español, y hasta el sentido común. Lo que no me parece de recibo a estas alturas es que a todos los que no pensamos como él nos llame, una y otra vez, en su artículo semanal, muy leído en toda España, chanchulleros, e ignorantes que ejercemos una deshonestidad intelectual.  Resulta a todas luces lamentable e intolerable.

Jesús Carrasco

 

       La maravillosa primera novela del extremeño Jesús Carrasco, Intemperie, premio Libro del año 2013 -del que ya hablé en su día-,  denso y apasionante relato rural de pocos y  recios caracteres, de acción elemental y a la vez épica, con una bellísima, y casi técnica, descripción constante, está dotada de un vocabulario rico y preciso, así como de hermosas, a veces fulgurantes, metáforas. He aquí algunas: La noche se hacía cargo de la tierra – Arrugada como una patata vieja – Las bambalinas del atardecer – Queso sudoroso – Tensas como afilador de barbero – Zumbido eléctrico azul cobalto – Los olores del amanecer – Los ojos inflamados como higos maduros – A la luz sedosa de la luna llena – Horizontes de serruchos mellados – Hocico embreado (del perrro) -Olía a sombra y aceitunas – Olía a madera carcomida y a tripa seca de embutido – El aire caliente y pastoso – Sonrisa sucia – Un ruido pedregoso y absoluto (de escopeta) – El naranja polvoreinto del atrardecer...

¿Un nuevo 23F?

 

            En el explosivo libro de Pilar Urbano, La gran desmemoria, que aparecerá el próximo jueves, y que la autora nos adelantaba ayer en EM, el rey Juan Carlos aparece como el famoso elefante blanco, que hasta ahora endilgábamos al general Armada, como el gran responsable de la dimisión forzosa de Suárez. Los testimonios, comenzando por el del mismísimo ex presidente del Gobierno, e incluso por los de amigos íntimos del rey, son apabullantes. La irresponsabilidad del PSOE, con Felipe González al frente, dispuesto a vicepresidir un Gobierno con el general Armada al frente, no tiene nombre. Et sic de coeteris. Con lo que, si toda esta nueva versión se confirma, cambia por completo la historia del 23F, el rey yace por los suelos, se agranda la gran traición al presidente Adolfo Suárez, que antes quedaba reducida a unos cuantos militares y a unos cuantos políticos, y sólo queda engrandecida la figura de éste último. Hoy, cuando, se celebran en la catedral de la Almudena, de Madrid, sus funerales, con la asistencia impávida de tantos de sus traidores...

El ciego de nacimiento

(Cuarto domingo de Cuaresma, Jn 9, 1-41)

 

Al pasar Jesús,

un día de sábado,

por una calle de Jerusalén,

vio un ciego ambulante

y entonces,

única vez en su vida,

cambió su modo de curar:

escupiendo en el suelo,

hizo una pizca de barro

-símbolo popular de la ceguera-,

con él  untó sus ojos invidentes

y  le ordenó lavarse con el agua

de la piscina de Siloé,

fresca de divinas bendiciones:

un genuino bautismo para Juan.

 

De nuevo un ciego volvía a ver

por obra del profeta nazareno:

Luz del mundo,

Hijo del Hombre,

al que el ciego creyó a pie juntillas.

Al decir del Maestro,

ni aquél «nació todo entero» en pecado,

ni pecaron sus padres,

como solían pensar  los judíos devotos,

esclavos de la Ley.

¿Qué importa que fuera un día de sábado?

Jesús es el señor

del sábado,

y el hombre doliente está

por encima del sábado.

 

Los que hasta entonces no veían vieron,

y quienes creían ver

ciegos quedaron,

lejos de la Luz.

 

 

¿Quién es más violento…?

 

          No saben bien los responsables de las últimas manifestciones, que han acabado en violencias vandálicas, en ocasiones casi mortales, contra policías, y de graves  violencias contra bienes cívicos, el daño que hacen a las nobles causas que dicen defender y proclamar, por no impedir, de todas las maneras posibles, esa barbarie y no condenarla sin reservas de inmediato: el ochenta por ciento, cuando no más, de los españoles acaban detestando tales manifestaciones y a todos sus dirigentes. Sucede, por desgracia, que algunos de éstos todavía llevan en su ADN político, sindical o social la violencia, que llaman de respuesta, como parte de su ideología. Grave error y grave herencia de bárbaros seudoprogresistas. Tales responsables debieran pagar todos los daños ocasionados en cada una de esas razzias. Dicho lo cual, me pregunto al mismo tiempo, sin querer compensar ni suavizar mis juicios anteriores: ¿Quién es más violento contra la sociedad y contra los bienes de la misma, y sobre todo en estos momentos: el parado, el hambriento, el paria de la tierra, que tira piedras contra la fuerza pública o rompe las lunas de un banco, acciones necesariamente punibles, o el banquero, financiero, consejero o logrero, todos ellos impunes, que cobran seis, ocho, diez… millones de euros al año?

Ante cuatro retratos cortesanos

 

         En el Museo Bellas Artes. de Bilbao, me paso un cuarto de la tarde admirando los cuatro retratos cortesanos de la sala. El más antiguo es el célebre Felipe Ii como príncipe, del holandés Anthonis Mor van Dashurst (Utrecht, 1519 – Amberes, c.1576), conocido entre nosotros como Antonio Moro, pintor favorito del rey de España, que lo pintó, príncipe, entre 1549 y 1550. Moro, viajero sin cesar por toda Europa al servicio de la Monarquía española de Carlos I y de su hijo, juntó la tradición flamenca del retrato con la italiana, especialmente la veneciana, que tuvo por cumbre a Tiziano, el pintor del emperador español -a quien el holandés igualó, si no superó, en la hondura y galanura de sus personajes-, y que llega hasta Velázquez. A su lado, del discípulo destacado de Moro, el valenciano Alonso Sánchez Coello (1531-1588), luce el estupendo retrato (1557) de Doña Juana de Austria, hija de Carlos I e Isabel de Portugal, hermana de Felipe II, infanta y regente de España, ella misma princesa de Portugal por su matrimonio con su primo hermano portugués Juan Manuel, y madre del rey del país vecino, Sebastián I. Pronto viuda y retirada en Madrid, fundadora del convento de las Descalzas Reales, donde fue enterrada, fue la única mujer «escolar» de la Compañía de Jesús, dada su mucha religiosidad  y su mucha amistad con Ignacio de Loyola y Francisco de Borja, amén de sus muchos servicios a los jesuitas. Del continuador de Coello, el vallisoletano Juan Pantoja de la Cruz (1553-1608), es el cuadro en la pared opuesta, Retrato del príncipe Felipe Manuel de Saboya (1602), y del pintor flamenco Frans Pourbus el Joven (1569-1622), seguidor de los anteriores, el cuadro adjunto de la reina de Francia, Retrato de Doña María de Médicis. La primera de las obras, óleo sobre tabla, y las otras tres, óleos sobre lienzo, son exponentes supremos del llamado retrato cortesano, al servicio del poder y de la magnificencia de la persona noble o real retratada y de la dinastía de la que forma parte. Figuras en pie, dignas, serias, hieráticas, llamadas a presidir salones de palacios, imponer respeto y ser admiradas y veneradas por sus súbditos, para acabar siendo testimonios posteriores de toda una historia gloriosa. La luz inunda los retratos y hace casi blancos el rostro de Doña Juana, y el rostro y  generoso escote de la reina María de Médicis; brilla en la prodigiosa armadura de Felipe Manuel de Saboya, sobre brocado granate, y exalta la minuciosa contextura de las espléndidas y galantes vestiduras cortesanas. Los retratados lucen prendas y adornos  exquisitos de clara y poderosa significación: toisón de oro en el pecho de Felipe II, espada al cinto y escritorio con paño de terciopelo en el que posa una mano; anillos en las manos de Doña Juana y de la reina María; miriñaque, collares varios y pulseras grises perla de la Médicis; guantes de ámbar puestos en las manos de Doña Juana y, sin poner, en el príncipe Felipe; abanico oriental y velo blanco, con camafeo al pecho, en la princesa de Portugal… ¡Qué solemnes, qué marmóreos, qué inmortales…!

Una teología de la secularización

 

            Javier Gomá Lanzón, de apeliido muy catalán pero nacido en Bilbao en 1965, es uno de los filósofos españoles más activos y brillantes, con una obra muy sólida y en plena actividad. En una entrevista con VN, Gomá parte de la distinción del teólogo reformado Karl Barth entre el Dios de la religión y el Dios de la fe, y afirma que la sociedad moderna -en el sentido de Estado- que ha hecho el experimento de no buscar su cohesión en la religión no sólo no impide el Dios de la fe, sino que lo alimenta. La secularización es una buena noticia para la fe, en la medida en que ya no asociamos la religión con aquellas instituciones que buscan obediencia y la sacralizan, incluso el monopolio civil de la violencia, con dogmas polìticos y religiosos. Lo que no quiere decdr – y aqui el joven filósofo podía haber afinado un poco más- que las personas, grupos y la misma sociedad local, dentro de su libertad, cultive y proclame la religión como fin en sí misma y no para legitimar y absolutizar nada que sea plenamente civil. y relativo. Necesitamos profetas – dice Javier Gomá- que desacralicen el espacio público, donde todas las verdades son penúltimas y relativas, susceptibles de ser cuestionadas y reformuladas. El demócrata respeta el carácter relativo de todo lo que está en el espacio público, donde todas las verdades son penúltimas y relativas, suceptibles de ser cuestionadas y reformuladas-. Lo que, también en el ámbito religioso, confirma la  tesis mantenida en sus libros por el autor de que la nuestra es la época de mayor prosperidad material y también de mayor dignidad para el hombre medio que la habita.

¿A dónde va Venezuela?

 

         Estamos suficientemente informados en España sobre lo que ocurre en ese país hermano, mucho más que sobre Libia, Mali o Nigeria, como para que comentemos todo lo que allí sucede. Pero el arzobispo de Mérida, Baltasar Porras Cardozo, escribe ahora un artículo bajo ese título y resume bien lo sucedido: tras la muerte de Chaves no se ha dado la apertura que se esperaba; se habla de un diálogo que no es otra cosa que aceptar sin más lo que el Gobierno propone; va en aumento la represión y la falta de respeto a los derechos humanos; sólo los medios oficiales ofrecen su versión; el descontento social crece; no se salva ninguna institución del fanatismo del poder, tampoco la Iglesia católica, que ha abogado siempre por el diálogo y la reconciliación: entre las muchas víctimas hay también varios eclesiásticos. En fin: La ética revolucionaria aprueba todo aquello que le dé la razón al poder. (…) No se ve en el horizonte que haya una voluntad clara de corregir errores. Por el contrario, las amenazas verbales y con hechos aumentan. Se criminaliza toda conducta que no satisfaga los intereses del Gobierno.- El juicio de quien conoce tan bien y tan independientemente la situación vale por muchos informes y crónicas.

Tres días con Suárez

      Llevo tres días viendo, oyendo, recordando, contemplando, agradeciendo a nuestro querido y admirado Adolfo Suárez. Y viendo y oyendo hablar -ahora, todos bien- de Adolfo Suárez. He visto el primer pequeño milagro del expresidente difunto poniendo juntos y haciéndoles hablar entre sí a tres de los presidentes que le sucedieron, que han hecho después las mejores declaraciones de su vida. Y el milagro más grande de reconciiiarse con él a todos sus viejos enemigos: polìticos, periódicos, periodistas… Y hasta la casi milagrosa venida de Artur Mas a orar ante su féretro, con un breve mitin bajo la manga, bien criticado esta vez por su colega Roca Junyent. Y sobre todo, ese milagro mayor de las decenas de miles de españoles, en Madrid y en Ávila, con ese rito meritorio, tras horas de espera, de rendirle homenaje ante su cadáver, veneración masiva como pocas en el mundo, y eso después de 23 años de ausencia total de la vida pública del ex presidente… En estos tres días he aprendido más que nunca sobre la Transición española. He reflexionado más que nunca sobre la historia reciente de España, sobre las glorias y las servidumbres de la política, y sobre la condición humana. Y todo en directo. Llevo tres días sin hacer otra cosa. De verdad que merecía la pena.