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Cinco años del papa Francisco

 

        En la sesión matinal de la cadena OC de hoy, programa de Carlos Alsina, el excelente comentarista (pensador y periodista), ex corresponsal de EP en Roma, Rubén Amón, ha hecho una apunte entre escéptico y mordaz de los cinco años de un papa reformador con pocas reformas. Debe de estimar Amón que dirigir la Iglesia católica, con católicos de tantos lugares y tantos colores se parece a la legislatura pòlítica de un país europeo cualquiera. Más crítico todavía se ha mostrado el director de La Razón (tan vinculado al Osservatores Romano), este hombre que presume a cada paso de católico y de que sus padres se casaran en Montserrat, No es un secreto que este papa no le gusta. Y no le gusta sobre todo porque este papa precisamente les gusta a los ateos y a los que no van  a misa. (Lo que nos evoca alguna que otra parábola evangélica.). Y, además, «no perdona» a Francisco el que no viniera a España cuando el últmo centenario de Santa Teresa. Argentino, sí, pero argentino hijo de emigranntes italianos…, ya se sabe, Otro que tal.

La madre de Gabriel Cruz

 

       Aunque la maldad de crimen tan horroroso es imborrable, dentro de la finitud libre y culpable de la naturaleza humana, como muestra el asesinato de este niño, si hay algo que supere la conmoción que nos ha causado tamaño horror, es la reacción de su madre, Patricia Ramírez, una «madre dolorosa» ejemplar, una heroína, un consuelo, un honor de la especie humana. No sólo ha sabido agradecer a miles de personas que ha colaborado en la búsqueda del niño desaparecido y al fin estrangulado, ayudando a la familia y a los equipos técnicos del caso. Ha sabido pedir calma y contención a los medios de información y sobre todo a las redes sociales. Ha ponderado la bondad y la inocencia del padre del niño, del que está separada, y es la pareja del la presunta asesina. Ha prevenido de cualquier tentación de xenofobia y racismo, siendo la presunta y repugnante autora del crimen procedente de la República Dominicana, al mismo tiempo que pedía que se la olvidase pòr completo, como indigna siquiera de aparecer ante los españoles: en esto no le ha hecho caso nadie. Y  sobre todo, ha querido limpiar el paisaje social, mediático y sentimental-vivencial de toda la gente, y ha pedido enntre sollozos poner como único blanco de atención y de  expresión la figura del niño víctima, su vida, sus sonrisas, sus juegos, su afición a los peces –pescaíto era su apodo villano-, y no la figura de la asesina, el morbo sobre su vida, los cuentos traídos y llevados… O los ex abruptos, las palabrotas, los insultos, y sobre todo,el rencor, el odio y la venganza personal y colectiva, natural -demasiado natural- de la gente. Qué agradecidos debemos estar a esta admirable mujer…

Cuarto domimgo de Cuaresma

 

         El autor del cuarto evangelio, un tal Juan, compara a Jesús, elevado en la cruz, con aquella serpiente de bronce -símbolo también de muerte, convertido en símbolo de vida- que Moisés levantaba en el desierto, ante la rebeldía de su pueblo que pasaba hambre y sed, para que quien hubiera sido mordido por las serpientes abrasadoras fuera liberado por Dios de la muerte. Metáforas que los lectores de Juan entendían con más facilidad que nosotros. Pero el mensaje más importante de esta última parte de la conversación nocturna de Jesús con el magistrado judío Nicodemo es este: que Dios amó tanto al mundo -ese mundo que a veces lo tenemos como enemigo e incluso como pecado-, que nos dio a su Hijo unigénito, no para juzgarlo, sino para salvarlo, es decir, para salvarnos a todos -no sólo a unos cuantos- : para llenarnos de luz y de vida.

Mujeres en el Poder

 

       Aunque el número de mujeres en puestos de Gobierno haya crecido tanto en todo el mundo, siguen los movimientos feministas y cualquiera que tenga la cabeza sobre los hombros quejándose del muy reducido número de las que ocupan magistaturas políticas relevantes. Ahora que sigo estudiando el siglo político de oro español (s. XVI), subrayo el alto número de mujeres que tuvieron altos poderes en el que fue el Imperio más grande del mundo en aquel tiempo, que nunca fue superado antes ni lo sería después, y sólo puede compararse con el mejor momento del Imperio Británico. Isabel de Castilla, titulada «la Católica» por titulación pontificia, fue la mujer más importante de toda la Edad Media española, fallecida a comienzos de siglo. Pudo haberla sucedido en  el trono de España su hija Juana I de Castlla, casada con el archiduque borgoñón Felipe el Hermoso, hijo del emperador del Imperio Romano-Germánico, Maximiliano de Austria, pero desgraciadamente tuvo que consumir su vida durante medio siglo retirada en la villa de Tordesillas, por padecer una grave demencia. La hermana menor de Felipe, y  tía de Carlos V, la archiduquesa Margarita de Austria, fue durante muchos años regente y gobernadora de los Países Bajos españoles, donde le sucedió una hermana de Carlos, María, que había sido hasta su viudedad reina de Hungría. Hermanas del emperador ocuparon varios tronos europeos: Leonor, el de Portugal y, después, el de Francia; Isabel, el de DInamarca; Catalina, el de Portugal. La esposa del César Carlos, la bellísima e inteligentísima emperatriz Isabel del Portugal, fue la auténtica reina ejerciente de España y de su Imperio en los largos años de ausencia de España de su marido, ocupado en las guerras de Italia, Francia, África y Países Bajos.  María, su hija, fungió junto con su esposo Maximiliano, futuro emperador, varios meses como goberndora de España, tras la muerte de su madre y en ausencia de su padre,  igual que su otra hermana más joven, Juana, sólo que ésta durante mucho más tiempo, ausentes su padre y sus hermano, el nuevo rey, Felipe. Nunca en toda la historia de la Monarquía española, hubo tantas mujeres españolas en los tronos europeos. Y no creo que en Europa, ni en tiempos de Catalina de Médicis, de Maria Teresa de Austria, de Catalina de Rusia o de la reina y emperatriz Victoria del Reino Unido, hubiera tantas mujeres con poderes efectivos. Lecciones de la historia.

 

       

La huelga feminista

 

         Gran éxito de la movilización feminista en todo el mundo, y especialmente intensa y extensa en España, donde la brecha salarial es menor que en otros países europeos, pero donde la llamada violencia de género, muy numerosa todavía, ha tenido un impacto muy especial. La huelga femenina, técnicamente considerada, no ha sido lo más relevante, pero ha añadido, por su originalidad, un atractivo más, y en algunos sectores y edades, decisivo. No desdeñemos lo que el acontecimiento tiene de simbólico, y simbolismo eficaz, aunque no podemos dejar de ver igualmente los espejismos, los autoengaños, las excepciones y las incoherencias personales y colectivos dentro y fuera de la jornada. De todos modos, la cuña que nos ha metido el filósofo Savater hoy, en el programa de Carlos Alsina, de Onda Cero, me ha parecido oportunísima. Todo el mundo sabe bien que, por encima de propagandas, demagogias, leyes y delitos, lo que más importa es la convicción de la gente, antes, durante y después de lo que se diga, se legisle o se castigue. Pues bien, lo que más importa en este momento en España, al decir del escritor donostiarra, es que todos -legisladores, clases dirigentes, medios de comunicación, movimientos feministas, y, desde luego, las mismas mujeres- se convenzan, a todos los efectos, del valor supremo de la maternidad, como concepto y realidad única en una sociedad cualquiera, y sobre todo en una sociedad democrática, siendo como es hoy en día una de las causas de discriminación negativa femenina en el sector laboral, social, cultural, político… De la imagen valorativa que nuestra sociedad tenga de la maternidad -que no es sólo la procreación de hijos, sino todo el complejo familiar que lleva consigo el concepto y la realidad de la misma-, dependerá, en muy buena parte, el trato que recibirá la mujer en esa misma sociedad, más allá de celebraciones, campañas, propagandas, demagogias, machismos, femenismos, legislaciones, códigos penales… Aunque todo eso  tenga mucho que ver con el imaginario y la valoraión colectiva de la maternidad.

¿Povera Italia?

 

            Pocas veces me ha ocurrido, como ésta, encontrar en los numerosos comentaristas más o menos sabios que uno consulta tanta confusión, tanta ignorancia, tanto escepticismo también. Pocos esperaban o temían estos resultados, y no sabe nadie qué hacer con ellos más allá de fantasear, que es la tarea de la inteligencia cuando se libera, se di-vierte de la imaginación, mucho más sometida a la razón y a la voluntad. Lo cierto es que muchos años confesionales de Democracia Cristiana y de Partido Comunista Italiano, con todos sus acólitos de servicio, al salir de mala manera de la maldita Tangentópolis, nos dejaron como heencia a Berlusconi, al que ahora muchos llaman ahora el Trump de hace 25 años. Berlusconi nos dejó tanta o más indecencia y de más variado género, y una clase política desgarrada y errática. La cual nos ha dejado esta última herencia: una Liga, partido de ricos paduanos xenófobos, devenida ahora nacional, desurdida de su primitivo impulso ridículamente separatista, y un Movimiento de las 5 estrellas, originalmente re-accionario ante toda clase de política, inmenso movimiento de protesta, al parecer inconsistente por su no-estructura populista, hegemónico en un Sur de Italia, que había votado siempre a los partidos en el Poder. Es tal el hervor-fervor de la olla-exprés de la política actual italiana, que sólo un País, tan diverso y contrastado -el más parecido a España en toda Europa-, que heredó el centro y el cetro del Imperio Romano; inventó el Renacimiento;  ha sabido habérselas durante siglos con el Vaticano; consiguió zafarse de España. Francia, Alemania, Austria, Solimán el Magnífico, Barbarroja, Dragut, y hasta de los normandos… para ser uno de los fundadores de la Unión Europea y la tercera economía europea al día de hoy, que ha llevado la pasta italiana hasta los últinos rincones del mundo… Sólo un País así de genial es  capaz  de encontrar una salida política a ese Laberinto, un día u otro, con un hilo de Ariadna, que a ningun comentarista serio, ni en Italia ni fuera de Italia, se le puede ocurrir.

La patria de Fernando Aramburu

 

     Le preguntan al novelista Fernando Aramburu en EP qué es identidad y responde que es una necesidad básica del ser humano y que nadie es completo en su mismidad, ya que uno necesita estar con los demás para sostenerse como humano. Y cuando, seguidamente, le preguntan cuál  es su patria, responde: Tendría que ir a clases de trabajos manuales pra hacerme una y sería una patria hecha con pedacitos de algunos países, personas a las que quiero y que me abrazan, metería mis libros y algunos paisajes en los que me gusta reflejarme. Y luego esa patria tendría las puertas abiertas para que entre quien quiera. Seguramente a muchos no les va a gustar tan tibia o extraña respuesta, Y, sin embargo, la intuición  me parece muy acertada. Yo mismo he dicho algo muy similar, pero de manera diferente, algo más amable. Siempre hablo de patrias, de patrias, matrias y fratrias, y distingo entre patrias vitales y políticas (Navarra, España, Europa), espirituales (Israel, Roma, Jerusalén), culturales (Iberoamérica, Cervantes, Quevedo, los «primitivos» italianos, los «holandeses» del XVII, Bach Haydn…), etc., etc. No creo que esté lejos de Aramburu, y viceversa.

«Complayctía que de sí face Navarra»

 

        El historiador capuchino navarro Tarsicio de Azcona (Jesús Morrás), académico correspondiente de la Historia, autor de numerosas obras ya clásicas sobre nuestra historia nacional española, sobre la historia de Navarra y la historia de la Orden capuchina, sigue trabajando en su venerable longevidad con la lucidez y vigor que siempre le han caracterizado. Hace sólo unos meses, más de una docena de trabajos sueltos llenaron todo un número de la revista Príncipe de VIana. Hace tres semanas, publicó en DN una ejemplar estampa histórico-literaria sobre el cardenal Cisneros, y ayer nos resumió en el mismo periódico este peculiar testimonio de nuestra atormentado reino de Navarra, en los comedios del  siglo XV, desgarrado por las luchas intestinas de  bandos irreconciliables tras la muerte de Carlos III el Noble, y su esposa Leonor. La Complayctía o Complaynna (Llanto, complanto, del latín «planctus», «complanctus»,  «plangere», «complangere»; castellano, plañir), elegía o lamentación colectiva, de resonancias bíblicas y medievales, la escribe el vicecanciller del reino, Pedro de Sada, humanista insigne, personificada en la misma Navarra, que, como una Matrona enlutada y plañidera, nueva Dolorosa, muestra al mundo su dolor y desventura, rota y dividida, desolada y solitaria, viuda desconsolada:

Oh, Navarra, antes era una vergel deleitable de España, ahora una nave rota. Antes, amada de los comarcanos, ahora marginada y abyecta. Antes pacífica, ahora bandera y pendón de guerra. Ahora, abatida de calamidades, finca pisada y trillada por los extranjeros y por los naturales sospechosos…

Tercer domingo de Cuaresma

 

      Era la Pascua probablemente del año 28 de nuestra era. Jesús sube a Jerusalén a participar en la celebración del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Pero las fiestas son fácilmente manipulables y reversibles y la Pascua era también para muchos no más que una serie de ritos y mercaduría. El Templo de Jerusalén, reconstruido el año 19 anterior a nuestra era, centro de la celebración, casa de Dios, lugar de encuentro con Dios, se había convertido en casa de mercado. Ya los profetas criticaban los innumerables sacrificios de animales, que estaban lejos de la voluntad divina Jesús continúa esa tradición profética y carga con un látigo contra los vendedores de ganado y cambistas de dinero, que hacen su oficio, necesario por otra parte en la organización tradicional de la fiesta. El mismo Templo, al que Jesús siempre ha respetado y donde ha expuesto lo esencial de su doctrina, es sólo un medio provisional de adorar al Padre. El verdadero Templo nuevo es Él, el Templo definitivo de Dios entre los hombres. La acción de Jesús, revolucionaria en aquel tiempo y lugar, es uno de los motivos inmediatos de su prendimiento y de su muerte. Una nueva religión, genuinamente liberadora, se abría paso en la historia.