La madre de Gabriel Cruz

 

       Aunque la maldad de crimen tan horroroso es imborrable, dentro de la finitud libre y culpable de la naturaleza humana, como muestra el asesinato de este niño, si hay algo que supere la conmoción que nos ha causado tamaño horror, es la reacción de su madre, Patricia Ramírez, una «madre dolorosa» ejemplar, una heroína, un consuelo, un honor de la especie humana. No sólo ha sabido agradecer a miles de personas que ha colaborado en la búsqueda del niño desaparecido y al fin estrangulado, ayudando a la familia y a los equipos técnicos del caso. Ha sabido pedir calma y contención a los medios de información y sobre todo a las redes sociales. Ha ponderado la bondad y la inocencia del padre del niño, del que está separada, y es la pareja del la presunta asesina. Ha prevenido de cualquier tentación de xenofobia y racismo, siendo la presunta y repugnante autora del crimen procedente de la República Dominicana, al mismo tiempo que pedía que se la olvidase pòr completo, como indigna siquiera de aparecer ante los españoles: en esto no le ha hecho caso nadie. Y  sobre todo, ha querido limpiar el paisaje social, mediático y sentimental-vivencial de toda la gente, y ha pedido enntre sollozos poner como único blanco de atención y de  expresión la figura del niño víctima, su vida, sus sonrisas, sus juegos, su afición a los peces –pescaíto era su apodo villano-, y no la figura de la asesina, el morbo sobre su vida, los cuentos traídos y llevados… O los ex abruptos, las palabrotas, los insultos, y sobre todo,el rencor, el odio y la venganza personal y colectiva, natural -demasiado natural- de la gente. Qué agradecidos debemos estar a esta admirable mujer…