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Cristianas entre los Omeyas

 

  Se diría que había de ser una historiador del tiempo de los Omeyas quien nos diera un título así de resonante. Pues, no. Es sólo un novelista. Pero todo un novelista, como es Jesús Sánchez Adalid, autor de un celebrado título, El mozárabe (2001), que tenía como fuente de insspiración la Córdoba califal. No contento con tamaño éxito, Adalid acaba de escribir otra novela, Los baños del Pozo Azul, con Subh Um Walad, la madre del tercer califa, Hisham II, como protagonista.

En algún rato libre, y bien informado de la historia de los Omeyas, el novelista-párroco de San José en Mérida, ha escrito en VN una artículo, con el titulo que encabeza estas líneas, que nos trae esta que puede parecer novedad, aunque todos los que no hemos asomado a la historia de España lo sabíamos, pero sin darle la importancia merecida. Y que cinco generaciones de emires y califas de Córdoba nacieran de madres vasconas cristianas se las trae. La primera fue aquella Onneca Fortúnez, capturada junto a su padre Fortún, el año 860, en una incursión del emir Muhammad ibn Abd al-Rahman contra el caudillo cristiano García. Durante casi veinte años estuvieron como rehenes en la capital del emirato. Fortún volvió a Pamplona para ser proclamado rey o caudillo a la muerte de su padre, pero Onneca recibió el nombre de Durr (Perla), cuando fue tomada por esposa por el emir Abdalá I, hijo de Mohamed y de otra vascona llamada Ushar. Del matrimonio de Onneca y Abdalá nacieron un hijo y dos hijas. El primogénito llegó a ser el emir Mohamed II, que tomo también otra esposa vascona, Muzna o Muzayna (Lluvia), de la que nació el célebre Abderramán III, primer califa del Al Andalus. Hijo, pues, y nieto de vasconas, no es muy de extrañar que el califa contase para su lecho califal con otra mujer de la misma etnia y de la misma fe, Maryam. El primogénito y sucesor de Abderramán siguió la tradición y tuvo en su harén una esposa nacida en el reino de Pamplonaa, bautizada como Aurora y llamada en árabe, como arriba ha quedado dicho, Subh Um Walad, madre del tercer califa, Hisham II, que es la figura principal de la novela reciente de Sánchez Adalid,

Capturadas en las razzias, casi anuales, de los emires, califas y generales, o entregadas en garantía por algún tratado de alianza, el novelista extremeño recalca la influencia que estas mujeres debieron de tener en la corte de Córdoba, uno de los centros de poder más ilustres de aquel tiempo, y se pregunta con razón si no se debió a ellas, al menos parcialmente, el mayor tiempo de tolerancia para con los cristianos que fue el reinado de los Omeyas dentro de los siglos de dominio musulmán en Al Andalus, anteriores y posteriores.

Hispanidad

 

            A Elorza (D. Antonio) le salió el viejo hiperprogreista y comunista que fue, y asoció, como tantos, la palabra Hispanidad -inventada por otro vasco, Zacarías de Vizcarra, mucho antes de Franco- al racismo nazi y al franquismo. Pero en el mismo diario progresista, de muy varios progresismos, le contestaba ayer magistralmente nuestro premio Nobel peruano-español. La palabra Hispanidad la asocia él, como la asociamos millones de españoles, a las buenas cosas que han ocurrido a América latina. Dicho sintéticamente: gracias a la llegada de los españoles, América pasó a formar parte de la cultura occidental y a ser  heredera de Grecia, Roma, el Renacimiento y el siglo de Oro. Hay que leer todo el artículo, que es un canto a todo lo bueno que llevamos allá: la lengua, la religión, la filosofía, la literatura… Y una lección de historia sobre lo que se hizo bien y lo que se hizo mal; sobre lo que eran y hacían los indígenas antes de la conquista; sobre lo que hicieron con ellos las naciones americanas, una vez independientes, y lo que han continuado haciendo en estos dos últimos siglos  las muchas dictaduras americanas, sin que se pueda cuilpar de todo ello a los españoles.

Qué fácil es mirar los siglos XV y XVI y juzgarlos como hoy se juzga, pero a veces, qué fácil igualmente -aunque no es el caso de Elorza- no mirar al siglo XXI para no  tener que juzgarlo como solemos juzgar aquéllos.

Enhorabuena a Mario Vargas Llosa. De fuera vendrán / y leccciones nos darán .

Calahorra de nuevo (y II)

 

Cuando llegamos a la catedral, sita en el arrabal, no lejos del río Cidacos, sale la abigarrada comitiva de una boda gitana, algunas de las asistentes vestidas de faralaes, mientras espera a los novios [recién casados también, según el diccionario] una enorme limusina, como nunca habíamos visto. Desde la última magna exposición diocesana no  habíamos visto la hoy con-catedral calagurritana, así que la vemos ahora como nueva. De fachada barroca, en forma de gran retablo, y con una torre que lleva, como bandera de piedra, todos los colores de los siglos, la primera impresión  de belleza que nos sale al paso es el célebre Retablo de los Reyes, rococó del XVII y del XVIII, restaurado recientemente. Pero el embrujo propio de la catedral, como de todas las catedrales, está en todo su interior, grave, silente, majestuoso, como Domus Domini y Domus coelestis in terra que es. Ya Aurelio Prudencio escribió que en el lugar del martirio de los Santos Mártires calagurritanos, el Arenal, se levantó en su honor un Baptisterio, al que acudían peregrinos y  donde se llevaban a cabo muchas sanaciones. Aquel  templete se convirtió en catedral románica y ésta en gótica, comenzada en 1443, que duraría más de dos siglos. Dentro del sacro conjunto, que es lo que importa para entender bien lo que se ve, sobresalen las capillas de la girola, entre ellas, la capilla central de los Santos; la bautismal, con una grandiosa pila gótica; el coro renacentista; las rejerías góticas… No tenemos tiempo de ver hoy ni el claustro plateresco ni el rico Museo diocesano.

Seguimos por la calle Arrabal hasta el convento de de las carmelitas descalzas de San José, extramuros; y por la calle en  rampa de las Monjas alcanzamos la calle Bellavista, un alto mirador sobre el regadío de la ciudad, todo parcheado ya de invernaderos, y por la calle Eras, seguida de la de Pastores, nos metemos en esa Calahorra pobre, vieja, a las veces mísera, que viene derrumbándose a trozos, y que ocupa todo el barrio bajo y el mediano de la parroquia de San Andrés, donde durante siglos vivieron jornaleros, pequeños hortelanos, arrieros, carreteros,  pastores -algunas calles llevan sus nombres- y por donde vemos pasar sólo gitanos y moros. Si, cerca de la iglesia de Santiago,  hemos visto, al bajar, un tropel de niños y adolescentes que iban a celebrar el ruidoso y terrorífico Halloween en la Casa de los Curas (hoy de Exposiciones), de una casucha medieval sale ahora una caterva de mujeres y niñas musulmanas -¿una fiesta religiosa, familiar?-, endomingadas, y donde no falta una mujer alta con burka, que de lejos podría confundirse  con una monja católica tradicional o con una figura del dichoso Halloween.  Pero no, es una mujer inmigrante con burka, como las de Afaganistán… en la celtíbera, romana y cristiana Calahorra.  Vamos viendo en todo el largo trayecto que recorremos locutorios, carnicerías, bares, tiendas de objetos domésticos: culinarios, lúdicos y ornamentales, propios de los islamitas residentes, y que llegan hasta el extremo occidental de la larguísima calle del Sol, que desemboca en la calle Grande, la más comercial del casco histórico. Allí nos detenemos un rato y nos tomamos un tentempié.

Está claro, una vez más, el variopinto mundo en que vivimos. Y la nueva España, la nueva Rioja y la nueva Calahorra que, se quiera ver o no, crece entre nosotros, con nosotros o sin nosotros: sin que a veces nos enteremos. – ¿Cómo que no? -salta Paulita-. Si cualquier pueblo de la Ribera navarra está igual…

Calahorra, de nuevo.

 

          Siempre es bienvenida la ocasión de poder volver a visitar la vieja ciudad celtíbera, después Calagurris Nausica (Publio Cornelio Escipón , 171 a. C.) y Calagurris Julia (Julio César, 49 a. C), mientras su sucesor Augusto le concedió el título de Municipium Civium Romanorum, es decir, la plena ciudadanía romana. Encontramos muy renovado con todo tipo de innovaciones audiovisuales el pequeño y recoleto Museo de la Romanización del territorio actual de la Rioja, que fue romanizado casi en su totalidad. Son seis salas, distribuidas en tres plantas, dedicadas a los antecedentes de cultura celtibérica; la guerra de conquista y comienzo de la romanización, hasta con centro de moneda propia; la domus: vida privada de las familias romanas; las actividades económicas: agricultura, artesanía y cerámica; la religión, culto, juego y ocio… Hasta concluir el recorrido con el proceso de cristianización representado por los patronos de la ciudad San Emeterio y San Celedonio, legionarios cristianos, decapitados por su fe y cantados con himnos inmortales por el mayor poeta cristiano del siglo IV, Aurelio Prudencio. Quien conozca los descubrimientos celtibéricos en Herramélluri, Arnedo o Aguilar del Río Alhama, y los romanos en Calahorra (¡con su Dama!); Tricio, Varea, Pradejón, Castañares, Pipaona de Ocón…, no se sorprenderá de  la riqueza de los objetos caseros, agrícolas, artesanales, militares; miliarios; inscripciones; mosaicos… testigos todos ellos de la vida romanizada en este trozo de Hispania Citerior, y que enriquecen todas estas salas, dignas de una de las ciudades romanas más importantes entre Astorga y Zaragoza.

Bajando hacia la catedral por la Cuesta de ese nombre, topamos con  el Museo de la Verdura, que todo el grupo desconocíamos. Es un centro interactivo y didáctico, dotado de nuevas tecnologías, pantallas táctiles y juegos de ordenador, con 18 audiovisuales que presentan diferentes aspectos de las verduras cultivadas en el amplio regadío de Calahorra, desde la tierra y la agricultura hasta la gastronomía. Entre las cosas más originales encuentro, además de los sistemas de regadío, explotación agrícola y maquinaria, el cultivo y elaboración de las siete principales verduras; el mundo de las conservas -un documental de los años 20 de Industrias Moreno es todo un acontecimiento-, y las verduras de la cuarta y quinta gama de productos: verduras limpias, precocinadas y congeladas al vacío. Es para estarse muchas horas. Si a todo esto añadimos los distintos trabajos en el campo, los estratos del suelo, el crecimiento de las plantas, la cultura popular y religiosa sobre el agro, y, sobre todo, la fascinante colección de trajes de mujer con vestidos elaborados, total o parciamente, con alcachofas, cardos, cebollas, ajos, coliflores, espárragos, culantrillos, lechugas, pimientos, alubias blancas…, a nadie le extrañará si digo que no habíamos visto nunca una cosa parecida.

Decir una cosa y la contraria

 

     Fue propio de los sofistas griegos (falsos sabios) decir una cosa y la contraria, según conveniese. Y ese vicio, muy anterior a ellos, lo heredaron sofistas de todos los siglos. Estos días, los rastreadores de todos los colores se han puesto a mirar lo que decía el hoy presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no cuando el artículo 155, sino sólo hace cinco meses, sobre el concepto del delito de rebelión del independetismo catalán en octubre del año pasado, concepto que negó anteayer en el Congreso de los Diputados. Pues bien, el 16 de mayo de este mismo año, en el programa de Susana Griso, Espejo Público, de Antena 3, ponderó la conveniencia de poner al día el sentido de rebelión, porque no quedaba claro en el actual Código Penal, y merecía la pena aclararlo y acomodarlo a nuestro tiempo para no dejarlo sin castigo adecuado. Preguntado directamente el entonces secrtario general del PSOE por la presentadora si había habido en Cataluña rebelión, contestó, seguramente rotundo Yo creo lógicamente que sí. En el adverbio está la fuerza. Aun lo estoy oyendo.

No quiero tener como presidente de mi Gobierno de España un irresponsable sin escrúpulos, como le definió hace dos años, el séptimo editorial de El País de entonces, escrito sobre/contra él. Pero con cosas así, y nada menos que cuando se cumple exactamente el aniversario de la triste, dolorosa, odiosa, injusta sobre todo, rebelión independentista catalana, nada puede ya impedir que haya alguien que haga bueno tan brutal calificativo,

¿Qués es del Sínodo sobre los Jóvenes?

 

Entre Puigdemont, Torra, Casado, Sánchez, Rivera, Tardá, Tezanos…, de los que hablan mañana, tarde y noche todos los medios informativos españoles, ¿a quién le importa el Sínodo de los Jóvenes, que en estas semanas se celebra en Roma? Pero lo peor es que incluso los que estamos interesados sabemos casi tan poco como ellos. El veterano vaticanista Antonio Pelayo escribe que la información oficial que llega a los periodistas en Roma es más bien escasa  y disgregada. Estamos mal informados sobre lo que piensan y dicen los 37 jóvenes de todo el mundo que asisten con voz al Sínodo de los Obispos. Y algo mejor acerca de lo que dicen y piensan las siete religiosas, presentes también con voz en la asamblea. Una de ellas, la española María Luisa Berzosa, se desahoga diciendo que la Iglesia parece una tortuga patriarcal a la que le cuesta  moverse; habla de la asamblea sinodal como de un cúmulo de clericalismo, y confiesa que en su grupo de trabajo planteó la necesidad de sustituir la actual fórmula actual del Sínodo de Obipos por un Sínodo del Pueblo de Dios. Una compañera suya, norteamericana, abrió y continúa la audaz campaña de reclamar el voto de las mujeres asambleístas (jóvenes y religiosas): un 10% de los 300 participantes sinodales… Tendrán que dejarlo para otra ocasión.

Una de las esperanzas es que el papa Francisco asiste a todas las congregaciones generales, escucha, toma notas, interviene públicamente… Esperemos lo mejor dentro de lo que cabe.

Y este amargo y triste…

 

Y este amargo y triste
no poder
decir
las maravillas
de esta tarde melancólica de octubre;
este sol maduro del otoño,
que contagia los bosques de ternura,
los ríos de impaciencia,
los viñedos de gracia y esplendor.

Y tener que admirar en silencio
lo que nunca podremos
decirlo de otro modo…

 

Los enemigos del papa Francisco

 

       El ex nuncio pontificio en Washington y ex gobernaddor del Vaticano, el arzobispo italiano Carlo María Viganò, hijo de una alta burguesía lombarda -a quien dos de sus hermanos no le hablan por pretender administrar la cuantiosa herencia familiar en su provecho-, fue el primero que se atrevió a pedir públicamente la renuncia del papa actual, tras denunciar por todos los meddios a varias personalidades vaticanas y extravaticanas. Después ha quedado claro que durante su estancia en Estados Unidos de América, donde llegó a acompañar a Francisco en su viaje oficial, hizo buenas migas con el lobby antipapal norteamericano. En él están el cardenal DiNardo, arzobispo de Gaveston-Houston; el arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone (curiosamete, dos descendientes de italianos); los obispos de Phoenix, Madison, Tulsa, Tyler (entre los 300 obispos que hay en el país); las revistas National Catholic Register, Life site News, Church Militant…, respaldados y financiados los más por grupos de católicos poderosos de extrema derecha: EWTN, Napa Institute …

Está claro que los principales puntos de ataque, aparte pequeños o grandes rencores, odios y venganzas clericales por motivos de dinero, puestos, prerrogativas, ascensos, remociones…, son el texto magisterial pontificio Amoris laetitia (La alegría del amor), en el que se abre la puerta a que, en algunos casos, los divorciados vueltos a casar puedan ser readmitidos a los sacramentos. Unido a él, el motu proprio titulado  Mitis Judex Dominus Jesus (El benigno Juez Señor Jesús), con el que el papa simplificó los procesos de nulidad matrimonial, que fue calificado por los antipapistas como ley del divorcio católico. No dejemos de lado le encíclica Lodato  sí, que cometió el error de denunciar la compraventa de bonos de carbono, y las continuas invectivas del papa argentino al capitalismo financiero y salvaje. Otro caballo de batalla, tal vez el mayor, es la moderación y hasta la permisividad, reprochadas al papa, ante la homosexualidad –¿quién soy yo para juzgar a un gay?-, homosexualidad que, denuncian, se ha introducido hasta el fondo de la jerarquía y la relacionan con los abusos sexuales a menores. Si no hubiera estallado en todo este tiempo el múltiple escándalo de los abusos (Estados Unidos, Canadá, Chile, Alemania, Austria, Irlanda, Austraiia…, la campaña contra el papa Francico no hubiera sido ni de lejos tan agresiva e iracunda.

De todos modos, estamos ante el eterno y peor enemigo interno de la Iglesia en todos los tiempos, que lleva el común nombre de integrismo, unido siempre a poderes de este mundo. Desde Jesús de Nazaret hasta el papa Francisco todos los grandes líderes religiosos lo han padecido.

Estación megalítica de Agiña

 

      Cuando volvemos de las minas de Arditurri, media tarde calurosa de septiembre, nos detenemos en el punto más alto (618 m.) de la carretera, el Alto de Agiña (tejo, en vascuence-euskara), donde se abre una pista en dirección occidental.  Remontamos un pequeño repecho cubierto por el helechal y damos, sin buscarlo, con el indicador blanco de la Sociedad Gorosti, qe nos señala el lugar megalítico Agiña Norte 1, compuesto de una docena de pequeños crómlechs (corona de piedras, en bretón), según vamos numerando en un breve espacio de terreno, una especie de rasillo ascedente a orillas del hayedo. Es sólo la primera muestra de la llamada estación megalítica de Agiña, que abarca 50.000 m. cuadrados. Tomamos luego la pista y en otro  recodo, esta vez plano, de nombre Erdi, vemos otro indicador. Visible se no hace  aquí sólo un crómlech, tal vez hay más ocultos entre el helechal. Algo más adelante, vemos la parte alta de la capilla de la estación Agiña 2, sobre un montículo de 554 metros, que ya hemos visitado otras veces. La primera, hace muchos años, no sabíamos nada de ella, y escribí a ciegas, sin referencia alguna, algo que ni quiero recordar. Menos mal que tuve tiempo despues de reparar mi ignorancia.

Esta tarde, no hay nadie. La capilla del arquitecto Luis Vallet de Montano, amigo de Jorge Oteiza, en forma de dosel de hormigón, encarada hacia Oriente, con su cruz a la espalda y la mesa delantera del altar, está hoy limpia de alchirrias. Brillan al penúltimo sol de la tarde los varios colores del rosetoncillo que se abre en la parte posterior. Siempre me ha evocado esta breve capilla no sólo el ábside de muchos templos, sino la capucha capuchina del P. José Antonio de Donostia-San Sebastián (José Gonzalo Zulaica), 1886-1956. El mismo año de su muerte, la Junta del entonces Grupo Aranzadi de San Sebastián encargó al escultor y escritor Oteiza y al arquitecto Vallet este singular homenaje al músico y musicólogo donostiarra, renovador del cantoral vasco, que se llevó a cabo tres años más tarde. Los dos, según nos dicen en un libro conjunto, quisieron dedicar un recuerdo perenne al P. Donosti, como ellos le llamaban, y a quien tenían  como el más cercano y alto ejemplo (…) de valor estético y religioso de salvación. Eligieron para ese singular homenaje este lugar solitario, con perspectivas bellísimas, desde donde se divisan las colinas de la ciudad, y en el que pobladores primitivos -de los que no sabemos nada, dígase lo que se siga- celebraron con círculos de piedras clavadas -hoy hundidas- en la tierra el recuerdo de sus antepasados, no sé si sólo queriendo, como acabo de leer no sé dónde, que sus espíritus volvieran allá de donde salieron: la tierra misma, su paisaje (¡).

Lo cierto es que,  junto a la diminuta capilla, levantada sobre un crómlech, a sólo unos metros de otro, colocó Oteiza el círculo vaciado de su su estela-escultura, encarada hacia el Norte, con todo que esto significaba en aquel momento para él; piedra negra, cuadrangular, separada, flotante del suelo de crómlechs (…). El círculo vacío, ligeramente descentrado, lleva dos perforaciones por las que en determinados momentos, la mañana y la tarde, depositarán puñados de luz. (…)   como un ancla en rotación incesante del paisaje (…), que nos haga rezar y sentir lo poco que somos». Y en otro lugar del mentado libro: Regreso de la muerte. Lo que hemos querido enterrar aqui crece. Al dorso de la estela-escultura, escribe Oteiza: Txori kantazale ederra, nun ari ote aiz kantatzen? (Hermoso pájaro cantor, dónde estás cantando?. La salvaje agresión (1993) a la obra de arte es bien patente. El propósito, un día anunciado, de repararla ha debido de ceder al deseo de mostrar que lo que no han hecho los hombres en veintitantos siglos es capaz de hacerlo el hombre de nuestro siglo. Acabo de leer que el cantautor vasco Mikel Laboa pidió enterrar sus cenizas en este lugar (2008). Vemos que también alguien más y ostentosamente.

Volviendo a la pista y no pudiendo llegar ya al pequeño embalse Domico, que visitamos hace muchos años, nos detenemos todavía en otro raso levemente elevado junto a la pista, Soroa (el prado), con otros tres crómlechs, al menos, que podemos apreciar. Está visto que nos falta mucho todavía por ver. Pero la atardecida desciende ya, en picado, sobre el foso de Lesaka.

 

Las minas de Arditurri

 

         Vamos por la carretera que sale de Lesaka a Oiartzun, que es de por sí una bella excursión entre bosques, montes, collados y valles, que bien merece la pena. Pasando por el paisaje encantado del embalse de San Antón, junto a la ermita que le da el nombre, con culto dominical, que visitamos la vez anterior. Andando andando, ya frente al farallón granitico de las Peñas de Aya, el macizo más antiguo de Euskadi, en una hondonada occidental del Parque del mismo nombre –Haiako Harría-, nos desviamos por un camino, que bordea el riachuelo Arditurri y nos lleva hasta una pequeña explanada. Alli podemos ver los restos  de los viejos edificios centrales de la explotación, y  el trazado del viejo ferrocarril que transportaba el mineral hasta el no lejano puerto de Pasajes.  Un merendero y un espacio de juegos para niños. Desde el camino hemos ido viendo también en las  dos laderas del vallecico escombreras de estériles y minas a cielo abierto. En la reciente visita al Museo romano de Oiasso en Irún ya vimos cómo uno de los motivos para la fundación de la ciudad, pocos años antes de nuestra Era, fue la explotación rentable de las minas de Arditurri.

Esperamos un rato en el Centro de Interpretación, que es a la vez una exposición histórico-gráfica del sitio, donde vemos una proyección introductoria, y junto a una familia guipuzcoana, con dos niños, precedidos por una joven guia con una linterna en mano, penetramos por una cercana boca de mina, en forma de arco de medio punto, abierta en una pared funcional de grandes piedras, llamada Mina Grande o Arditurri 20 cerrada hasta entonces con una puerta de hierro, a la manera de un búnker. Nos ponemos en la cabeza unos cascos blancos de seguridad y comenzamos a recorrer la galería. Es una de las pocas minas en el mundo que han sido explotadas durante 2000 o más años de forma casi ininterrumpida. Probablemente los hombres de la la Edad del Hierro buscaron en ellas la galena para la obtención de la plata y del plomo, búsqueda que continuaron los romanos, En la Edad Media se añadió la extracción de hierro, que se generalizó en las numerosas ferrerías de todo el País. Tras un tiempo de inactividad, a finales del siglo XVIII, la familia Sein, de Oiartzun, puso de nuevo en explotación las minas de plata y plomo. En 1830, la Real Compañía Guipuzcoana de Minas comenzó a explotar Arditurri, ampliando las galedrías, lo que llevó a la destrucción de casi todos vestigios de las explotaciones anteriores. A comienzos del siglo XX la Compañía Chávarri Hermanos, propietaria de los Altos Hornos de Vizcaya, se hizo con la concesión de hierro y construyó el ferrocarril. añadiendo la explotación de la fluorita y la blenda. Tomó el relevo la Real Compañía Asturiana de Minas. Todo terminó en 1984, poco después de que comenzaran las prospecciones del Centro de Estudios e Investigaciones Arqueológicas Arkeolan, El ayuntamiento de Oiartzun compró a la Compañía Asturiana los terrenos y preparó la futura exhibición. En 2008 se abrió  al público la  vieja explotación. Hace sólo tres años se ha abierto a un público restringido la mina Santa Bárbara o Arditurri 3, mina que no ha sido explotada desde su abandono por los romanos.

Son 15 km. en total de galerías en todo el conjunto minero conservado, de la que que sólo se visita una galería de 800 metros, fácil de recorrer sobre pasarelas metálicas, a pesar de  la estrechez de la misma, en cuyo techo comienzan a colgarsse las estalactitas (goteantes, en griego). La guia nos va mostrando varios niveles o pisos de las minas, inundados los inferiores por el agua; algunos cargaderos de material; varios pozos de agua; vetas de mineral de diferentes colores, sobresaliendo el ferruginoso, y una serie de pequeños lagos, con aguas unas veces verdosas, otras azuladas, otras rojizas, por el óxido de hierro.La guía deriva la palabra Arditurri de Ardo, por el color de vino que tiene el agua. Pero yo -y asi se lo digo suavemene- no me lo creo. Fuente de las ovejas (Ardi-iturri), me parece mucho más verosímil. Oímos el rumor natural del goteo que traspira de las rocas y el sonido artificial del despendimiento del mineral, que nos evoca el rudo trabajo secular de la mina. Pero ee me hace difícil, la verdad, imaginarme una explotación  en estas cavidades, sin la luz que hoy nos alumbra, con una intensa humedad, el frío consecuente, la peligrosidad del terreno, y, más difícil todavía calibrar, el sufrimiento de los primeros esclavos y trabajadores de toda procedencia de los siglos posteriores. Así que salir de la Mina Grande es para mí, claustrófobo de grado medio, un alivio también grande.