Entre Puigdemont, Torra, Casado, Sánchez, Rivera, Tardá, Tezanos…, de los que hablan mañana, tarde y noche todos los medios informativos españoles, ¿a quién le importa el Sínodo de los Jóvenes, que en estas semanas se celebra en Roma? Pero lo peor es que incluso los que estamos interesados sabemos casi tan poco como ellos. El veterano vaticanista Antonio Pelayo escribe que la información oficial que llega a los periodistas en Roma es más bien escasa y disgregada. Estamos mal informados sobre lo que piensan y dicen los 37 jóvenes de todo el mundo que asisten con voz al Sínodo de los Obispos. Y algo mejor acerca de lo que dicen y piensan las siete religiosas, presentes también con voz en la asamblea. Una de ellas, la española María Luisa Berzosa, se desahoga diciendo que la Iglesia parece una tortuga patriarcal a la que le cuesta moverse; habla de la asamblea sinodal como de un cúmulo de clericalismo, y confiesa que en su grupo de trabajo planteó la necesidad de sustituir la actual fórmula actual del Sínodo de Obipos por un Sínodo del Pueblo de Dios. Una compañera suya, norteamericana, abrió y continúa la audaz campaña de reclamar el voto de las mujeres asambleístas (jóvenes y religiosas): un 10% de los 300 participantes sinodales… Tendrán que dejarlo para otra ocasión.
Una de las esperanzas es que el papa Francisco asiste a todas las congregaciones generales, escucha, toma notas, interviene públicamente… Esperemos lo mejor dentro de lo que cabe.