Decir una cosa y la contraria

 

     Fue propio de los sofistas griegos (falsos sabios) decir una cosa y la contraria, según conveniese. Y ese vicio, muy anterior a ellos, lo heredaron sofistas de todos los siglos. Estos días, los rastreadores de todos los colores se han puesto a mirar lo que decía el hoy presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no cuando el artículo 155, sino sólo hace cinco meses, sobre el concepto del delito de rebelión del independetismo catalán en octubre del año pasado, concepto que negó anteayer en el Congreso de los Diputados. Pues bien, el 16 de mayo de este mismo año, en el programa de Susana Griso, Espejo Público, de Antena 3, ponderó la conveniencia de poner al día el sentido de rebelión, porque no quedaba claro en el actual Código Penal, y merecía la pena aclararlo y acomodarlo a nuestro tiempo para no dejarlo sin castigo adecuado. Preguntado directamente el entonces secrtario general del PSOE por la presentadora si había habido en Cataluña rebelión, contestó, seguramente rotundo Yo creo lógicamente que sí. En el adverbio está la fuerza. Aun lo estoy oyendo.

No quiero tener como presidente de mi Gobierno de España un irresponsable sin escrúpulos, como le definió hace dos años, el séptimo editorial de El País de entonces, escrito sobre/contra él. Pero con cosas así, y nada menos que cuando se cumple exactamente el aniversario de la triste, dolorosa, odiosa, injusta sobre todo, rebelión independentista catalana, nada puede ya impedir que haya alguien que haga bueno tan brutal calificativo,